Opinión

Los costes y los precios de los alimentos en origen siguen imparables

Los precios altos de muchos alimentos se van a mantener porque en origen también son elevados

Explotación láctea de Villacorona en la localidad de Sangrañén, en Huesca
Explotación láctea de Villacorona en la localidad de Sangrañén, en HuescaToni GalánAgencia EFE

Ha sido uno de los asuntos estrella de 2022 y continuará siéndolo en 2023. A la espera de las decisiones que adopte el Gobierno esta semana, entre las que no se debe descartar alguna «ocurrencia» de última hora, cabe decir que el precio de los alimentos será uno de los principales quebraderos de cabeza para el Ejecutivo, los consumidores y toda la cadena agroalimentaria –incluida la distribución–, por lo menos durante el primer semestre de este año.

Es importante no perder de vista que cualquier medida económica e impositiva que afecte a la distribución va a terminar repercutiendo sobre toda la cadena y especialmente sobre el eslabón más débil, que no es otro que el de los productores primarios como los agricultores y ganaderos. Los precios altos de muchos alimentos se van a mantener porque en origen también son elevados.

Es el caso del aceite de oliva, de la mayor parte de las carnes y de la leche y los productos lácteos. No sucede lo mismo con los principales cereales para alimentación humana y animal, que se han orientado a la baja en los dos últimos meses y se aproximan ya a los niveles que tenían hace un año, antes del comienzo de la guerra en Ucrania; en el caso del trigo duro incluso son más bajos que en diciembre de hace un año. Ya veremos si estos recortes se trasladan a los consumidores.

Los agricultores y ganaderos están pendientes por otro lado de la subida de los costes de producción. Todo apunta a que los precios de los fertilizantes, de los combustibles, de la energía y de los productos fitosanitarios van a continuar siendo elevados.

En el caso de los piensos compuestos habrá que esperar a ver lo que sucede con las cotizaciones de los cereales, aunque de momento deberían bajar. El gran temor que tiene la gente del campo es que los precios en origen de sus productos tengan recortes, mientras que sus costes de producción sigan siendo elevados. Si se llegase a esa situación, nos encontraríamos ante la tormenta perfecta. Es uno de los asuntos a seguir en los primeros meses del nuevo año.