Telefónica

El hombre que mejor ha vendido la Marca España

Perfil / Cesar Alierta. Ex presidente de Telefónica

Con el ex presidente Rodríguez Zapatero y Emilio Botín
Con el ex presidente Rodríguez Zapatero y Emilio Botínlarazon

Después de veinte años en las máximas responsabilidades ejecutivas de Tabacalera, primero, y Telefónica, después, César Alierta ha decidido ceder el testigo a una nueva generación de ejecutivos. Para el sector empresarial será siempre el mejor embajador de la marca España. Un valor intagible hoy y desconocido hace apenas una veintena de años fuera de nuestras fronteras. ¿Quién había oído hablar de multinacionales españolas antes del siglo XXI?

Licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza y Máster en Administración de Empresas por la Universidad de Columbia, Alierta es profundo conocedor de los mercados financieros. De ahí la importancia que le ha dado siempre a las comunicaciones con el mercado a través de las reuniones de analistas. Siempre ha querido que los inversores conozcan con antelación cuál va a ser su retribución en un horizonte lo más amplio posible. Suele ser su tradicional mensaje de presentación de resultados anuales, una de las pocas citas en las que se deja ver. En la que es su última rueda de prensa, la de presentación de los resultados correspondientes a 2015, Alierta se comprometió con los inversores a mantener al menos su retibución actual en los próximos cinco o diez años. Para quienes confían su dinero a los mercados regulados es toda una garantía.

No evita sus comparecencias públicas, pero las reduce a las estrictamente necesarias, lo que a veces le hace parecer más introvertido de lo que es en realidad. Entre la figura profesional y la persona hay un enorme abismo, aunque quienes le conocen más de cerca aseguran que en el cara a cara gana muchos enteros.

La decisión de ayer está muy meditada. Telefónica se está convirtiendo cada día más en una compañía digital que vende megabytes en lugar de ser una fábrica de minutos, como la definió hace apenas una mes el que será su sucesor, José María Álvarez-Pallete.

Alierta llegó a Telefónica en julio de 2000 cuando la operadora había iniciado con timidez su expansión internacional en el cono sur. Hoy la deja con más de 322 millones de clientes en todo el mundo y reclamando ante las autoridades de competencia de todo el mundo el reconocimiento del papel inversor que las compañías de telecomunicaciones tienen, del que se están aprovechando OTT («over the top»), siglas bajo las que se esconden gigantes como Google, Facebook o Twitter, que nutren sus multimillonarias cuentas de resultados sin apenas inversiones tangibles y sacando provecho de las redes que tienden las operadoras. En sus últimas comparecencias públicas, Alierta ha sacado su reivindicacion a relucir: la diferencia de trato de las autoridades de competencia de unas empresas y otras. Hasta el momento no ha tenido mucho éxito.

Por el camino, una docena de operaciones de compraventa que han cambiado de los pies a la cabeza el perfil de Telefónica. Las más importantes, a tenor del origen de los últimos beneficios, las realizadas en Brasil o Alemania, que junto con España proporcionan las dos terceras partes de los ingresos de la compañía.

Internacionalización

Llegó con la asignatura de la internacionalización de la empresa española muy bien aprendida. Antes de desembarcar en Telefónica, Alierta presidió Tabacalera, una compañía que, como en casi todos los países de Europa, regentaba el monopolio de la venta de tabaco. Primero fue la privatización y después su fusión con Seita, su homóloga francesa, en Altadis, empresa que copresidió hasta dar el salto a Telefónica en el verano de 2000.

Alierta seguirá siendo consejero de Telefónica y presidirá con carácter ejecutivo la Fundación Telefónica. Desde ésta quiere potencia el desarrollo de la educación digital en todos aquellos países en los que está presente. Las posibilidades son infinitas. Su despacho se trasladará del Distrito C otra vez a Gran Vía.

De momento continuará presidiendo el Consejo Empresarial para la Competitividad para el que fue elegido por unanimidad en 2011, año de su creación. No lo hará durante mucho tiempo, porque este «think tank» en el que se realizan propuesta para la mejora de la economía tiene en su constitución una obligación: su máximo responsable tiene que ser presidente de una compañía.

Desde el Consejo para la Competitividad, Alierta ha tratado de enviar siempre un mensaje de optimismo de la situación económica española en los peores momentos, como en 2012, cuando la crisis de la deuda soberana estuvo a punto de acabar en un multimillonario rescate. Desde su tribuna ha defendido el potencial de nuestro país hasta el extremo de asegurar que el paro podría reducirse por debajo del 8% en el horizonte de 2019.