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Boeing llora, Airbus sonríe

  • Boeing llora, Airbus sonríe

Tiempo de lectura 8 min.

18 de marzo de 2019. 11:35h

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Óscar Reyes.  19/3/2019

Los accidentes de avión son catastróficos. No cabe duda, pero el sufrido el pasado domingo por el vuelo de Ethiopian Airlines en el que fallecieron 157 personas, ha supuesto una hecatombe aún mayor. La aeronave era un modelo 737 MAX de Boeing (que lleva surcando los cielos desde 2016), igual que el de Lion Air siniestrado el pasado octubre en Indonesia, dejando 189 víctimas. Cuando un avión se estrella normalmente es fruto de una serendipia malvada, pero que le ocurra a dos unidades del mismo modelo en tan poco tiempo no es casualidad. De hecho, ya se ha confirmado que podría tratarse de un fallo tecnológico en los 737 MAX de Boeing, un defecto que costará muy caro a la compañía y que ha convulsionado el sector aeronáutico.

Sector que, por cierto, está prácticamente dominado por un duopolio formado por la estadounidense Boeing y la europea Airbus, que llevan casi medio siglo de férrea competencia. La ganadora indiscutible de la carrera estaba siendo Boeing. Sólo hace falta echar un vistazo al número de aviones entregados (o vendidos) anualmente por cada una de las compañías en los últimos años.

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En 2014, se produjo una abultada diferencia. Mientras Airbus sólo entregó 554, Boeing llegó a los 723. El año siguiente la diferencia se redujo (635 contra 762), y en 2016 continuó esa tendencia (731/748). Sin embargo, en 2017 la brecha se volvió a abrir (de los 718 a Airbus a los 763 de Boeing), aunque en 2018 se produjo un hecho relevante, pues la distancia fue casi invisible, ya que la compañía estadounidense sólo vendió seis unidades más (806) que la europea (800).

Por lo tanto, 2019 comenzaba con la batalla del sector aeronáutico más reñida que nunca. Y los últimos acontecimientos preven que, al final de este año, Airbus tome la delantera. Uno de los modelos que Boeing más ha entregado en los últimos años, en total 376 unidades, y de los más rentables para la empresa, ha sido el nuevo 737 MAX como el que ha registrado dos accidentes en poco más de cinco meses. Además, el fabricante tenía 4.636 unidades que entregar en los próximos años, cada una valorada en unos 110 millones de euros.

Sin embargo, después de lo sucedido algunas aerolíneas se han planteado retrasar sus pedidos hasta que se aclare la situación o, incluso, cancelarlos, como es el caso de VietAir, que aún tiene que recibir 200 aviones de este tipo y ha anunciado que discutirá si romper el contrato con Boeing. Claro que las aerolíneas que rechacen el 737 MAX necesitarán cubrir esa demanda con otros aviones.

La gran beneficiada, obviamente, será Airbus, que también cuenta con otro nuevo modelo, el A320 Neo. Y no sólo ese avión será más demandado. Un buen ejemplo es que Lufthansa ha pedido recientemente 20 A350-900 a la compañía, valorados en más de 5,5 millones de euros cada uno. Así que el futuro de las investigaciones sobre el fallo en el modelo de Boeing determinará el volumen del trasvase de cliente puede darse desde la aeronáutica estadounidense a la europea.

Los beneficios que ha sacado Airbus de las circunstancias y las pérdidas de Boeing se han reflejado en la bolsa. Las acciones de la aeronáutica europea han pasado de valer 111 euros el viernes a 117 el jueves. Mientras, las de la estadounidense «han caído hasta un 15% en dos sesiones, el descenso más grave en la historia de la compañía», afirma el analista de XTB, Joaquín Robles. Y es que el viernes, las acciones de Boeing cotizaban a 422 dólares y el jueves a 373 dólares, pérdidas millonarias que se han traducido en ganancias, también millonarias, para Airbus.Robles considera que el impacto de la crisis del 737 MAX será «limitado» para Boeing en bolsa, y ese límite se conocerá cuando se concluya la investigación que se ha emprendido, algo «parecido al escándalo con las emisiones de los coches de Volkswagen», añade el analista.

Fábricas

La debacle de Boeing, a Airbus le pilla en un buen momento. La aeronáutica europea anunció hace menos de un mes que dejaría de fabricar el modelo A380, un avión grandes dimensiones (con capacidad para 600 pasajeros) que no ha funcionado en el mercado. La aerolínea Emirates fue la que certificó del todo el fin del A380 al reducir el pedido de 53 unidades de este modelo a sólo 14, a recibir hasta el año 2021.

Sin embargo, Airbus no dejará de fabricar de golpe estos aviones, también ha puesto como fecha final 2021, pero ya ha empezado ha reducir su producción progresivamente desde que hace un par de años las ventas de los A380 comenzaron a decaer. El problema es que un buen número de los empleados de la compañía en Europa se dedican a este modelo.

De ese modo, Airbus ha calculado que perderían entre 3.000 y 4.000 empleos en sus fábricas. En España, en concreto, se verían afectadas unas 500 personas. No obstante, la compañía deseaba reubicarlos y ahora tiene una gran oportunidad, ya que el trasvase de clientes desde Boeing puede llevar a que otros modelos aumenten su demanda y, por lo tanto, estos empleados se recolocarían en la fabricación de estos aviones.

Boeing y Airbus no son las únicas empresas implicadas en el revuelo que ha surgido tras el accidente del 737 MAX en Etiopía. Evidentemente, las aerolíneas que viajan con este modelo también han sufrido fuertes incidencias. La más perjudicada ha sido Norwegian, que contaba con 18 aviones de este tipo en su flota y que, tras el cierre del espacio aéreo europeo a este modelo, han tenido que quedarse en tierra.

El grupo de servicios financieros noruego DNB ha calculado que las pérdidas para la compañía podrían alcanzar los 1,54 millones al día. Y para Norwegian el coste puede ser mayor porque el 737 MAX era el avión que más protagonismo iba a tener en la renovación de su flota y aún le queda por recibir 92 unidades. Para esta aerolínea «low cost», los problemas de Boeing no podían llegar en peor momento, pues en 2018 registró 150 millones de pérdidas y, desde abril del año pasado, su cotización en bolsa ha descendido por encima de un 60%. La consecuencia ha sido rebajar la frecuencia de sus vuelos y anunciar el cierre de bases, como las de los archipiélagos españoles.

La mala salud de Norwegian sólo es un ejemplo de la crisis que atraviesa el «low cost» aéreo. La alemana Germania se declaró insolvente el pasado 4 de febrero y Air France decidió a principios de año cerrar su filial Joon. Por su parte, otro gigante del bajo coste, Ryanair registró pérdidas de casi 20 millones de euros en el último trimestre de 2018 y ha llevado a cabo un «profit warning» para advertir a sus inversores de que en 2019 sólo espera ganar entre 1.000 y 1.100 millones de euros, menos de lo estimado en un principio.

La aerolínea irlandesa está pendiente de recibir 135 unidades del Boeing 737 MAX, un modelo que tendrá un fuerte protagonismo en el aumento de rutas que prevé la compañía y en la renovación de su flota. Pero un desenlace desfavorable de las investigaciones y la posible desconfianza que se extienda por los consumidores puede ser la puntilla para las aerolíneas «low cost», que tanto han confiado en el Boeing 737 MAX por ser un modelo rentable por cuestiones de tamaño y de ahorro de combustible.

El desastre del 737 MAX es sólo un capítulo más de la batalla que se vive hace medio siglo entre Boeing y Airbus. Un duopolio que podría romperse en un futuro cercano. Y es que la aeronáutica china COMAC, que cuenta con un novedoso modelo C919, está dispuesta a aprovechar la crisis de Boeing para aumentar su cartera de clientes y, de esa manera, competir con Estados Unidos y Europa por la propiedad de los cielos.

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