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Closca, la marca del «Concious living» que se dirige a la clase «creadora»

La firma valenciana de cascos plegables y botellas ha logrado situarse en el MOMA de Nueva York.

  • El casco plegable está pensado para que más gente vaya en bicicleta. Tras el artilugio se esconde la idea de un mundo más sostenible y consciente
    El casco plegable está pensado para que más gente vaya en bicicleta. Tras el artilugio se esconde la idea de un mundo más sostenible y consciente

Tiempo de lectura 4 min.

14 de octubre de 2018. 00:13h

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A. G..  14/10/2018

- La tienda del MOMA de Nueva York, la del Centro Pompidou de París, o The Conran Shop, en Manhattan, son sólo algunos de los prestigiosos enclaves en los que la marca valenciana Closca ha logrado situar y distribuir su casco plegable para bicicleta y su botella de vidrio de diseño. Pero estos productos no son sólo unos artilugios estilosos para ir en bicicleta –que también– sino que son mucho más. Detrás del casco (closca, en valenciano, de ahí el nombre de la compañía) y de la botella, se esconde una idea, un sueño, el de un mundo más limpio y más sostenible. De ahí que Carlos Ferrando, el fundador de la empresa, asegure que quiere ser la marca del «Concious living», es decir, de una vida más consciente.

La idea de Carlos surge hace unos años, tras un periodo de búsqueda personal, cuando durante una comida con ex compañeros de Universidad expone su idea, su reflexión. Ahí encontró su primer inversor, un amigo que decidió creer en él. A partir de ahí nació Closca, un poco «a trompicones», en palabras de Ferrando, porque ser emprendedor no resulta fácil. Al menos en España. «En EE UU en una tarde tienes montada la SL y puedes empezar a vender 'on-line'». La desventaja, necesitas inversión privada. Carlos se ha servido de manera muy inteligente de la parte positiva del mercado estadounidense, donde realizó una campaña de «crowfounding», y de las ventajas que existen en España y en la Comunitat Valenciana, que son las ayudas públicas. «Sobre todo al principio nos sirvieron de mucho». En la actualidad, Closca está formada por un equipo de jóvenes creadores instalados en la Universitat Politécnica de Valencia (UPV) junto a más «start-ups», aunque cuentan ya con una persona en China (donde se realiza la producción) y otra en Nueva York. En ambos países esperan ir ampliando el equipo.

Los objetivos de Carlos son más que ambiciosos. Espera que la compañía cuente con cinco productos nuevos dentro de dos años y facturar más de 25 millones de euros (en la actualidad factura dos). «He visto cómo lo hacían otras empresas. Hay muchas start-ups valencianas que tendrían que estar en las marquesinas de los autobuses». Las amplias expectativas del fundador de la firma están basadas en hechos. De momento está negociando 10.000 unidades del casco para la empresa de patinetes eléctricos Lime en California y en el último año han vendido entre 20 y 25.000 unidades. En Valencia intentó convenir el uso de los cascos para el servicio de bicicletas Valenbici, aunque ni siquiera pudo iniciar las conversaciones. «El 85% de lo que vendemos se hace fuera de España», comenta Carlos. Por lo que respecta a la botella, asegura que «está funcionando muy bien» sobre todo en la venta on-line. Tanto es así que la marca Moleskine distribuye, por primera vez en su historia, un producto que no es suyo con su firma en la funda de la botella. Pero esto no queda ahí. El recipiente lleva incorporada una «app» en la que, por ahora, se indican todas las fuentes públicas disponibles (más de 70.000 puntos en todo el mundo), aunque la idea es implicar a empresas y organismos públicos en la iniciativa.

El perfil de comprador del casco y de la botella es el de una persona con profesión creativa (arquitecto, diseñador, publicista, emprendedor), mujer y urbanita. «Nosotros les llamamos la clase creadora, son personas promotoras».

Ferrando lamenta la falta de apoyo a los emprendedores que existe en Valencia. «Es una locura lo que está pasando en la Marina, que no nos estén ayudando a desarrollar algo bonito, sólo encontramos barreras legales; hemos conseguido financiación propia, pero ahora ya no es suficiente. Falta mucha cultura emprendedora».

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