Economía

La economía también sufre los rigores del verano

La España económica no ha permanecido quieta en absoluto en agosto, alterada por la política arancelaria de vaivenes procedente de Estados Unidos y por una inusual tendencia al alza del Ibex

Palacio de la Bolsa, de Madrid
Palacio de la Bolsa, de MadridEduardo ParraEuropa Press

Transcurridas una buena parte de las jornadas vacacionales para aquellos que tienen la dicha de permitírselo, toca empezar a pensar en ponerse el mono de trabajo y planificar el próximo otoño que, según todos los indicios, se va a cocinar a elevada temperatura en los ámbitos político, social y económico de nuestro país.

Mientras la España terrenal arde como nunca, la España económica no ha permanecido quieta en absoluto, alterada por la ya acostumbrada política arancelaria de vaivenes procedente de Estados Unidos y sorprendida por una inusual tendencia al alza del Ibex que, en lo que llevamos de mes de agosto, se está comportando como nunca desde 2013 con un alza del 6% y superando los 15.300 puntos. ¡Milagro! Recordemos que agosto es mes bajista por excelencia, y no solo en España, sino también en los mercados de nuestros vecinos europeos.

¿Qué está pasando para que se produzca este fenómeno, propio del verano de 2025? Como argumentamos siempre los economistas, no habrá una única explicación, aunque analistas e inversores están mirando a Estados Unidos para justificar la situación del presente y anticiparse al devenir del futuro más inmediato. En primer lugar, se masca en el ambiente una más que posible flexibilización de la política monetaria a partir de septiembre, y que ha defendido con uñas y dientes el presidente de la Fed. Un Jerome Powell al que le ha costado más de un disgusto y con seguridad, su puesto de trabajo, la aplicación rigurosa de la lógica económica y a cuyo último acto estelar hemos asistido estos días en la cumbre de banqueros centrales celebrada en Wyoming. Claro que esa flexibilización esperada se sostiene según Powell en dos elementos fundamentales, una importante debilidad del mercado laboral, con una importante caída en los procesos de contratación y en un escenario inestable de riesgos económicos globales. En todo caso la decisión final de septiembre tendrá que estar relacionada con el impacto del vaivén arancelario en la economía norteamericana, donde ya han aparecido voces como la de la agencia de calificación crediticia S&P Global Ratings confirmando la nota de solvencia 'AA+' para la deuda soberana norteamericana a largo plazo con una perspectiva estable. Su argumento, que los ingresos arancelarios compensarán el mayor déficit generado por los recientes ajustes de la política fiscal de Donald Trump. Es decir, impacto (casi) nulo.

Y en segundo lugar, pero no menos importante, analistas e inversores perciben, tras la reunión del lunes pasado en Washington, un eventual escenario positivo al ofrecer Trump garantías de seguridad para Ucrania…que puede suponer, sin leer la letra pequeña que surja de un hipotético y no tan cercano acuerdo, reforzar la posición norteamericana a nivel internacional no solo como garante del orden mundial, sino también a generar una mayor dependencia energética en detrimento de Rusia y un paso más sólido en la justificación (exigencia) de un mayor gasto en defensa para nuestra debilitada UE; es decir geopolítica, estrategia y economía jugando juntos a favor del "make America great again".

No quiero terminar sin volver a nuestro país, para hacer una breve mención a la otra España, la España empresarial, en concreto a esa que mantiene la economía del país, con casi 3 millones de empresas que aportan dos tercios de nuestro PIB y tres cuartas partes del empleo. Esa España empresarial que sigue soportando un incremento de sus costes superior al 25% tras la época postpandemia (recordemos que solo las cotizaciones sociales drenan recursos a las empresas a un ritmo del 7% interanual) y que es líder (en negativo) con la tasa de paro más alta de Europa, con incremento del absentismo y el consecuente efecto directo sobre la disminución de la productividad, con incremento de la burocracia, sin diálogo social y sin atisbos de apoyo gubernamental en la reducción de la fiscalidad. Una combinación perfecta para que los pequeños y medianos empresarios y autónomos sigan padeciendo, más allá del verano, los rigores del calor y los sudores fríos que generan al seguir manteniendo viva su actividad. Así que, visto lo visto, a seguir disfrutando del verano y a ver si es posible que lo que queda de año sea más propicio para todas nuestras Españas…

Jaime Romano, profesor de EAE Business School