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El fin del diésel golpea a las fábricas

Las restricciones al gasóleo pueden perjudicar a las plantas españolas. Landaben ya ha anunciado paros en la producción y otras podrían sufrir ajustes próximamente.

  • El fin del diésel golpea a las fábricas

Tiempo de lectura 4 min.

01 de septiembre de 2018. 01:56h

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C. M..  1/9/2018

La caída de las ventas de los motores diésel, progresiva desde hace varios años, se ha agudizado en los últimos meses y está obligando a la industria nacional del motor a tomar medidas de producción que pueden afectar a algunas de las 17 factorías establecidas en nuestro país. Oficialmente, sólo la planta de Landaben, en Navarra, propiedad del grupo Volkswagen, ha anunciado paros para adaptar la producción a la demanda. Estas instalaciones están especializadas en la producción del modelo Polo, uno de los más vendidos en Europa. Otras instalaciones están asimismo readaptando su plan de trabajo con el objetivo de adecuarse a la demanda.

La situación de caída de ventas de los diésel, que en su momento representaron el 70% del total de las matriculaciones y han descendido paulatinamente, se vio últimamente agravada por las declaraciones de la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, que perjudicaron seriamente a la totalidad del sector del motor. Una industria nada despreciable, ya que genera más del 10% del PIB y mantiene un total de 543.500 puestos de trabajo directos, de los cuales 336.300 están en la distribución y reparación, 120.000 en la fabricación de componentes y 97.200 en la fabricación y montaje de vehículos, según los datos de la EPA del primer trimestre de este año. Por no hablar de los puestos de trabajo de servicios y lo que significa para la economía nacional la aportación de impuestos directos e indirectos que general el automóvil.

Cuando Ribera dijo textualmente que «los días de los diésel están contados» debía desconocer que en nuestro país se fabrican cada año 1,2 millones de vehículos con esta motorización y que este combustible es imprescindible en algunos sectores vitales para nuestra economía, como por ejemplo, el transporte o el reparto de mercancías, inviables con motores de gasolina. Las consecuencias de sus palabras no se han hecho esperar y, al anuncio de los paros de producción en la factoría de Landaben, podrían unirse otras en las próximas semanas. Esta misma situación podría plantearse en otras plantas de producción españolas.

El grupo PSA, el que cuenta con más factorías en nuestro país, con plantas en Vigo, Zaragoza y Madrid, parece tener resuelto el problema, ya que fueron los primeros en adaptar sus motores a la tecnología Euro6.1 en la totalidad de sus motores diésel. De esta forma, la aplicación de nuevas exigencias de normas de la Unión Europea no resulta un problema grave.

Otras marcas, sin embargo, pueden tener mayores dificultades, sobre todo por el brusco cambio de la demanda. En casi todos los casos se ha abordado un proceso de simplificación de las gamas de motores. De esta forma se producen diferentes modelos con carrocerías distintas, pero que mantienen plataformas y motores comunes. Se ahorran costes de desarrollo y las cadenas de montaje resultan más flexibles. En estos casos se encuentran Mercedes, de Vitoria; Ford, de Almusafes; Renault, de Valladolid y Palencia; y Nissan y Seat en Barcelona, aunque no se descarta que algunas de estas instalaciones tengan que realizar ajustes de producción y, quizas, detenciones temporales de su producción en las semanas que se aproximan.

Lo que han hecho las marcas en este tiempo es ajustar más los motores, de modo que se reduzcan las emisiones y, con ello, los resultados de consumos y emisiones tratan de igualarse a los que se obtenían por el método de medición antiguo. Varias son las soluciones que algunas marcas han ido aportando y todavía asistiremos a una bajada mayor, porque los desarrollos de los motores actuales, en particular los diésel, se están beneficiando de unos programas de investigación en los que se están invirtiendo sumas muy importante de dinero. Estamos viendo cómo, precisamente los motores diésel, han conseguido casi igualar a los de gasolina en emisiones de óxidos de nitrógeno y superarlos de forma muy significativa en la baja emisión de CO2 e, incluso, aún estamos asistiendo de forma continua, cada día, a ver cómo se consigue un mayor rendimiento de estos motores, con lo que se está todavía reduciendo más el consumo de combustible y por tanto el de CO2 y las emisiones de gases con efectos perjudiciales para la salud.

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