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El miedo a una recesión hunde la venta de automóviles españoles en el exterior

El superávit comercial de la automoción se desploma un 58% en tres meses y mantiene su tendencia negativa.

  • El miedo a una recesión hunde la venta de automóviles españoles en el exterior

Tiempo de lectura 4 min.

23 de mayo de 2019. 02:16h

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Javier de Antonio 23/5/2019

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España es una potencia automovilística de primer orden, con una producción que en 2018 alcanzó los 2.819.565 vehículos fabricados en las 17 plantas operativas en todo el territorio nacional. Aunque la patronal Anfac no vio cumplidas sus expectativas –las que había diseñado con su Plan 3 Millones–, al menos mantuvieron una cifras aceptables. Sin embargo, el frenazo sufrido en el último trimestre del año pasado marcaba una peligrosa evolución negativa, que se ha confirmado en los primeros 90 días de 2019. En el mes de marzo, el último contabilizado, el automóvil nacional registró una bajada de las exportaciones del 15% respecto al mismo mes del año anterior, para alcanzar 4.079 millones de euros. Las importaciones se quedaron en 3.808 millones de euros, un 0,4% menos, lo que magnifica aún más los datos de la balanza comercial, que solo acumuló 270,8 millones de euros de superávit, un 72,3% menos, según datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo extraídos del Informe Mensual de Comercio Exterior.

Si las cifras se contabilizan sobre el primer trimestre del año, las exportaciones del sector mejoran ligeramente, situándose el volumen total en 11.466 millones de euros, lo que supone una disminución del 7,3%, frente a una subida del 0,8% de las importaciones, hasta 10.752 millones, aunque la tendencia sigue siendo a la baja. Para Anfac, estos datos resultan «preocupantes», aunque, de momento, mantienen la tranquilidad. «La coyuntura económica tiene una tendencia negativa por la debilidad del mercado europeo y porque las previsiones económicas no son buenas», explica Noemí Navas, portavoz de la asociación de fabricantes.

Tres posibles causas directas parecen haber provocado que se hayan encendido todas las señales de alarma de la automoción nacional: primera, el citado empeoramiento de las perspectivas económicas y el temor a una recesión; segunda, la poca concreción y la falta de claridad de las nuevas políticas y normativas de los países sobre la electrificación del parque automovilístico y, tercera, las sombras vertidas sobre los niveles contaminantes que han hecho recaer sobre los vehículos con motor diésel, además del impacto causado por el escándalo del «dieselgate». Los fabricantes plantean que los cambios estructurales del sector deben hacerse de forma ordenada, «no como se ha hecho hasta ahora, lanzando ideas a la ligera, que pueden provocar daños irreparables si no hay claridad legislativa. Los fabricantes debemos adaptarnos a la tendencia del mercado hacia el eléctrico, pero la transición debe ser ordenada, no forzada, porque los costes serían imposibles de asumir».

En términos globales, el sector del automóvil español –que en-globa a fabricantes de automóviles, motocicletas y componentes de automoción– contabilizó asimismo una fuerte caída de su superávit comercial respecto al primer trimestre del año anterior: 714,5 millones de euros, un preocupante 58,1% menos.

Si sumamos las cifras de los fabricantes de automóviles a los de motocicletas, la bajada se sitúa en el -28,6%, hasta alcanzar 2.467 millones de euros. En cuanto a los componentes de automoción, se anotaron un déficit de 1.753 millones de euros, un 0,1% más respecto a los números rojos del mismo período de 2018.

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