Agenda 2030

Juan Ramón Fuertes: "Nuestro modelo educativo funciona incluso sin conexión a internet"

Juan Ramón Fuertes es, desde hace un año, presidente de la Fundación ProFuturo, el programa de innovación educativa que proporciona una educación de calidad a niños y niñas en entornos vulnerables de Latinoamérica, el Caribe, África y Asia

Juan Ramón Fuertes, presidente de Fundación ProFuturo
Juan Ramón Fuertes, presidente de Fundación ProFuturoCedida

¿Qué balance personal hace de estos 9 años de ProFuturo?

Mi balance se resume en dos palabras: satisfacción y responsabilidad. Por un lado, satisfacción porque la visión de quienes impulsaron ProFuturo —Isidro Fainé y César Alierta— se ha hecho realidad. Desde el principio apostaron por la tecnología como motor para llevar educación de calidad a entornos vulnerables, y los resultados nos dan la razón. Estudios realizados en Chile (2018-2023) y Brasil (2017-2021) muestran mejoras significativas en Matemáticas y Lectoescritura entre los alumnos que han trabajado con nuestras herramientas. Por otro lado, siento una gran responsabilidad, porque sabemos que este proyecto puede transformar vidas. Abrir horizontes a tantos niños y niñas exige estar a la altura cada día.

¿Qué hitos destacaría desde el inicio en 2016?

Destacaría la presentación internacional de ProFuturo por parte de César Alierta en la Jornada de Oración por la Paz de Asís, en 2016, ante líderes religiosos de todo el mundo. En los primeros años, recorrimos el terreno para identificar escuelas y cerrar acuerdos con aliados locales y globales, como ministerios de educación, ONGs —World Vision, Save the Children, Entreculturas— y congregaciones religiosas. Llegamos a países con realidades muy distintas: Angola, Perú, Filipinas, Nigeria, Brasil, Líbano… hasta alcanzar presencia en 45 países. También ha sido clave nuestra colaboración con agencias de Naciones Unidas, la OEA, la OEI y empresas como American Tower. Destaco también el trabajo conjunto con ACNUR en contextos humanitarios, los reconocimientos recibidos —como el Premio WISE 2021 a la innovación educativa—, el lanzamiento del Observatorio ProFuturo como espacio de reflexión sobre los retos educativos actuales, y las nueve ediciones de la Carrera ProFuturo en Madrid. Paralelamente, hemos evolucionado nuestras plataformas digitales y recursos docentes, centrándonos ahora en ampliar la oferta sin conectividad y en desarrollar soluciones con inteligencia artificial.

¿Qué cifras del último año reflejan mejor el impacto del programa?

En 2024, llegamos a 941.000 niños y niñas y formamos a 262.980 docentes en 3.600 escuelas de 30 países, distribuidos entre África, Asia y América Latina. Más allá del número, lo relevante es el cambio que esto supone en miles de aulas y comunidades.

¿Qué papel juega la tecnología en el modelo pedagógico de ProFuturo?

Es fundamental. La tecnología, combinada con metodologías innovadoras, permite ofrecer una educación más inclusiva, personalizada y adaptada a las necesidades de cada alumno. En zonas vulnerables, puede marcar la diferencia entre acceder o no a una educación de calidad. Además, permite a los docentes adaptar su enseñanza, centrarse en quienes tienen un ritmo más lento y aprovechar mejor los recursos. Eso sí, siempre insistimos en que el uso de la tecnología debe ser pedagógico, guiado por el profesor y con objetivos claros. No se trata de usar tecnología por usarla, sino de ponerla al servicio del aprendizaje.

¿Cómo se garantiza la eficacia del programa en contextos sin internet?

Este es uno de los valores diferenciales de ProFuturo. Nuestra plataforma está diseñada para funcionar sin conectividad. En las escuelas sin acceso a internet ni equipamiento, proporcionamos maletas con aulas digitales móviles: tabletas, computadoras y servidores precargados que permiten trabajar completamente offline. Además, formamos a los docentes para que puedan adaptar los materiales al contexto local e incluso crear nuevos contenidos sin necesidad de conexión. Esto les da autonomía y les permite ofrecer una educación significativa pese a las limitaciones del entorno.

¿Cómo se imaginan el décimo aniversario del programa? ¿Qué objetivos tienen a corto plazo?

Queremos que el décimo aniversario sea una llamada a la acción colectiva. La educación sigue siendo la herramienta más poderosa para cambiar vidas y reducir desigualdades. Por eso queremos que más empresas, fundaciones y actores sociales se sumen a este esfuerzo. Invertir en educación es la mejor forma de ejercer la responsabilidad social. En un momento de tantas incertidumbres globales, ProFuturo ofrece una vía concreta y esperanzadora para contribuir al bien común. Nuestro objetivo es seguir ampliando el alcance del programa, consolidar nuestras metodologías y explorar nuevas herramientas basadas en IA y personalización del aprendizaje.

¿Qué ha aprendido personalmente liderando un proyecto de esta magnitud?

Que el verdadero motor del cambio son las personas. Nada de esto sería posible sin nuestros equipos en terreno —nuestros coaches— que conocen el día a día de las escuelas y las realidades locales. Su trabajo es clave para adaptar el programa y generar impacto real. También he aprendido el valor de la visión a largo plazo. Tener socios como la Fundación Telefónica y la Fundación “la Caixa” nos permite sostener y hacer crecer el proyecto con una perspectiva de continuidad. El cambio educativo no es inmediato; requiere constancia, tiempo y evidencia. Y ahora estamos empezando a ver esos frutos.