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La ofensiva de Pedro Sánchez contra el ahorro de los españoles

  • El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante una intervención en la sede madrileña de Ferraz
    El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante una intervención en la sede madrileña de Ferraz

Tiempo de lectura 4 min.

15 de abril de 2018. 00:28h

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Juan Ramón Rallo.  15/4/2018

El secretario general de los socialistas, Pedro Sánchez, ha presentado esta semana unos presupuestos alternativos a los del Gobierno de Mariano Rajoy en los que se contempla un incremento del gasto público de 8.000 millones de euros: 2.400 millones de euros dirigidos a establecer un ingreso mínimo vital para 700.000 familias y 5.600 millones orientados a aumentar el gasto en I+D+i, en educación y en políticas activas de empleo.

Dado que Bruselas no autorizaría un adicional incremento del endeudamiento, ¿cómo gastar más sin poder emitir más pasivos? Pues sólo de un modo: recaudando más. En este sentido, el plan de Sánchez pasa por subir el IRPF a las rentas más altas y equiparar la tributación de las rentas del trabajo con las del capital (1.900 millones de euros); por establecer un tipo mínimo del 15% en el Impuesto sobre Sociedades (4.000 millones de euros) y por reforzar la llamada fiscalidad medioambiental (600 millones de euros). En total, 6.420 millones de euros que serán complementados con un ahorro del gasto de 1.600 millones hasta alcanzar la cifra mágica de 8.000 millones.

En otras palabras, el PSOE, fiel a su ideología socialista, busca incrementar el tamaño del Estado a costa de la sociedad civil. Pretende hacerlo, además, atacando fiscalmente el ahorro de las familias y empresas españolas, lo que supone socavar su capacidad de inversión y, en última instancia, las bases mismas de la prosperidad. Así las cosas, prácticamente todo el paquete tributario del PSOE constituye una ofensiva contra el ahorro: aumentar hasta el 52% el tipo marginal del IRPF a los trabajadores con ingresos superiores a 150.000 euros anuales implica parasitar no sólo a aquella parte de la población más cualificada sino también a la que más tiende a ahorrar. A su vez, equiparar la tributación de las rentas salariales a las del capital implica rejonear con incluso mucha más saña que la actual a los rendimientos del ahorro (especialmente en su dimensión financiera: intereses, dividendos y plusvalías), lo cual desincentivará a los españoles a esforzarse por restringir su consumo para ir construyendo un cierto patrimonio personal. Y, por último, aumentar todavía más la fiscalidad sobre los beneficios empresariales –en un contexto internacional en el que, para más inri, se vive una cierta tendencia global a su progresiva minoración– representa una forma de devorar la materia prima con la que cuentan nuestras compañías para incrementar su equipo de capital y, con él, la productividad y los salarios de los españoles.

En suma, el PSOE no quiere avanzar hacia menos sino hacia mucho más Estado y, además, pretende hacerlo vampirizando la frugalidad de los ciudadanos españoles. Tan es así que, de acuerdo con el propio secretario general de los socialistas, este sablazo fiscal de 6.420 millones de euros constituye apenas un primer paso hacia su auténtico propósito final: disparar la presión fiscal de la ciudadanía en el equivalente a cuatro puntos del PIB (desde el 38% al 42%), esto es, castigar al conjunto de la población con una losa de 45.000 millones de euros en forma de mayor carga confiscatoria anual.

Al final, pues, parece que Pedro Sánchez sí ha optado por disputarle a Podemos los votantes de extrema izquierda aun cuando, con ello, sólo consiga esclerotizar nuestra economía y atracar a los españoles. París bien vale una misa o, en este caso, La Moncloa bien vale un ataque sin cuartel contra la prosperidad nacional.

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