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Las aerolíneas se preparan para un verano de grandes retrasos

Refuerzan sus protocolos contra las demoras con más aviones, tripulaciones y atención al cliente. Eurocontrol estima que el retraso medio por vuelo se duplicará

  • Efe
    Efe /

    Un avión de Iberia estacionado en pista en el aeropuerto de Madrid-Barajas

Tiempo de lectura 4 min.

06 de junio de 2019. 18:39h

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Roberto L. Vargas 7/6/2019

Si 2018 fue uno de los peores años de la última década en lo que a retrasos en el transporte aéreo se refiere, este lo será todavía peor. Así lo cree Eurocontrol, que estima que la demora promedio se disparará desde los 1,73 minutos por vuelo que registró el pasado ejercicio –frente a los 0,88 minutos registrados en 2017- hasta los 4 minutos, muy por encima de los 0,5 minutos que se ha marcado como objetivo el gestor del espacio aéreo europeo.

Conscientes de la que se les viene encima en los próximos meses con la temporada estival, las aerolíneas, al menos las españolas, han intensificado los planes de contingencia con los que cuentan para afrontar estas situaciones. Según explican desde el sector, las compañías han aumentado los aviones y las tripulaciones que tienen en reserva para evitar que el retraso de un vuelo no desemboque en demoras secundarias. Es decir, en retrasos de los sucesivos vuelos que debe prestar a continuación ese mismo aparato. Además, las aerolíneas también han reforzado los servicios de atención al cliente para mantener a los pasajeros informados en todo momento de los posibles problemas.

Eurocontrol también ha tomado medidas para evitar la congestión en los cielos europeos. El proveedor de servicios aéreos europeos va a desviar del control aéreo de Francia y Alemania, los dos territorios más saturados, 1.000 vuelos, de los que 160 serán redirigidos a España. La situación en el cielo español tampoco es la ideal. A los problemas de conjunto que afronta Europa, España suma su particular problema con el control aéreo. Aunque el año pasado Enaire se comprometió a incrementar las plantillas de controladores en los próximos años, este ejercicio permanecerá casi inalterable. El propio colectivo lo tiene asumido porque reconoce que resulta imposible darle la formación general y la específica para una torre de control a un nuevo controlador en tan poco espacio de tiempo, por lo asumen que será un verano complicado.

El incremento en las demoras en el transporte aéreo europeo se ha convertido en un problema estructural. Entre 2014 y 2018 los retrasos se dispararon un 155%, frente al incremento del 13% del tráfico aéreo. Las aerolíneas consideran que detrás de este despegue hay un problema de falta de capacidad del espacio aéreo en Europa, al que, en los últimos años, se han sumado un incremento de las inclemencias meteorológicas, lo que ha agravado todavía más esa incapacidad.

Ante la falta de capacidad del espacio aéreo, los responsables del control del tráfico aéreo adoptan lo que se conoce como regulaciones, que no es otra cosa que restricciones a la circulación de aviones. Estas limitaciones acarrean retrasos y cancelaciones por encadenamiento de demoras. El año pasado, se registró una cifra récord de regulaciones, con días en los que llegaron a registrarse hasta 400, lo que provocó retrasos a 1,3 millones de vuelos. Estos retrasos se tradujeron en un coste de 16.700 millones de euros y afectaron a 334 millones de pasajeros.

A la hora de buscar explicaciones al problema de las ineficiencias, las líneas aéreas miran hacia la fragmentación del espacio aéreo europeo. Cada país tiene su propio proveedor de servicios aéreos, que determina sus propias rutas, lo que, en su opinión, genera trayectos más largos, costes adicionales y más retrasos. En su opinión, el Cielo Único Europeo sería la solución a estos problemas. En esencia, este proyecto lo que propone es reducir los bloques nacionales de espacio aéreo a nueve de carácter paneuropeo. Con ello, aseguran, la gestión sería mucho más eficiente. Según los estudios del Cielo Único, su implementación reduciría los centros de control de 62 a 40, ahorrando un 10% en costes de gestión del tráfico aéreo. Además, la misma cantidad de controladores podría controlar el doble de tráfico con la misma seguridad. Todo ello redundaría en mayor actividad y la creación de 300.000 empleos.

En la actualidad, funcionan dos de los bloques propuestos, el de Reino Unido-Irlanda y el de Suecia-Dinamarca. Sus resultados, según las aerolíneas, están siendo buenos. Sin embargo, el proyecto, en conjunto, se encuentra paralizado en la Unión Europea. Ante la falta de progresos, la IATA, la principal asociación mundial de aerolíneas, está impulsando acuerdos nacionales para modernizar el espacio aéreo. Ya ha rubricado pactos en Francia, Italia y Polonia y trabaja en el mismo en otros países como el Reino Unido.

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