
Ahorro
El truco de la abuela para ahorrar dinero es real y es una auténtica maravilla
Frente a un país donde uno de cada cuatro españoles no logra ahorrar, resurge el truco de la abuela: un sencillo sistema de sobres con dinero en efectivo que permite guardar hasta el 40% de los ingresos mensuales

En un país donde uno de cada cuatro españoles no consigue ahorrar ni un euro al mes, según datos del propio Banco de España, encontrar fórmulas para estirar los ingresos se convierte en una cuestión de primera necesidad. En este panorama, resurge con fuerza un método tan antiguo como eficaz: el sistema de los sobres. Se trata de una técnica de gestión doméstica que, lejos de estar obsoleta, permite a quienes la aplican con rigor guardar hasta el 40% de su sueldo cada mes.
En esencia, su funcionamiento es de una sencillez aplastante, aunque exige una notable constancia. A principios de mes, la persona retira del banco la cantidad total que ha presupuestado para los gastos variables y la distribuye en distintos sobres de papel, cada uno con una etiqueta clara: «comida», «transporte», «ocio» o cualquier otra categoría relevante para la economía familiar. La norma es inquebrantable: una vez que el dinero de un sobre se agota, el gasto en esa categoría se detiene en seco hasta el mes siguiente, sin excepciones ni transferencias entre partidas.
De hecho, gran parte de su éxito reside en el potente factor psicológico que implica manejar dinero físico. Pagar con billetes y monedas, observar cómo el efectivo disminuye visiblemente con cada compra, genera una conciencia sobre el gasto que las transacciones digitales, rápidas e intangibles, han diluido por completo. Este contacto directo con el dinero actúa como un freno natural, ayudando a diferenciar con claridad los deseos de las verdaderas necesidades.
Una disciplina financiera a prueba de impulsos
Asimismo, este sistema invierte la lógica habitual del ahorro. En lugar de guardar lo que sobra a final de mes —si es que llega a sobrar algo—, obliga a priorizar el ahorro desde el primer día, al separar una cantidad fija antes incluso de empezar a gastar. Sus defensores aseguran que fomenta una disciplina financiera férrea, reduce drásticamente las compras por impulso y, sobre todo, evita el temido gasto excesivo que puede desbaratar cualquier presupuesto familiar.
No obstante, este método no está exento de inconvenientes en el mundo actual. La dependencia del efectivo puede dificultar las compras por internet o el pago de servicios que exigen domiciliación bancaria o tarjeta. Para muchas personas, habituadas a la inmediatez de la tecnología sin contacto, la principal barrera es la comodidad y la percepción de que llevar grandes cantidades de dinero encima es menos seguro.
En definitiva, en una era dominada por el pago con móvil y las tarjetas virtuales, esta estrategia manual se postula como una herramienta de control poderosa y tangible. Supone una vuelta a las soluciones más sencillas, una demostración de que, en ocasiones, las viejas costumbres son las más efectivas para poner freno a las fugas silenciosas de nuestra economía doméstica y recuperar el control sobre nuestras finanzas.
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