Los Presupuestos, mejor sin Podemos

Si las futuras cuentas públicas van por la senda que marca la UE, con cambio del modelo fiscal y la profundización en la reforma laboral, conviene al Ejecutivo rodearse de los mayores apoyos posibles»

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David FernandezEFE

La derrota sufrida por el Ejecutivo en el Congreso, donde sólo salieron adelante los paquetes de medidas para la reconstrucción que se habían acordado con la oposición, señaladamente el Partido Popular, puede servir de punto de inflexión a la actual dinámica política, excesivamente declarativa y de trazos gruesos, que poco aporta al bienestar de los españoles. Nos referimos, claro está, a la necesaria aprobación de los Presupuestos Generales, asunto que no está en discusión, porque de las nuevas cuentas del Estado va a depender en gran manera el acceso a los fondos europeos y, en suma, el relanzamiento de la economía patria.

Por supuesto, y a fecha de hoy, nadie puede exigir a los distintos actores parlamentarios otra cosa que no sea la buena disposición al acuerdo, entre otras razones, porque ni siquiera ha puesto sobre la mesa el Ejecutivo que preside Pedro Sánchez un borrador de proyecto de PGE sobre el que pronunciarse, al tiempo que las líneas generales del programa de la actual coalición gobernante han perdido virtualidad, por escasa que fuera, a causa de la emergencia de la pandemia. Sólo desde esta perspectiva cabe entender el cambio de discurso que suponen las últimas intervenciones de las ministras de Defensa y Hacienda, Margarita Robles y María Jesús Montero, respectivamente, advirtiendo a sus socios de gobierno contra los vetos cruzados y apelando a la elaboración de unos presupuestos desde la unidad. En este sentido, la posición de los populares es conocida y, con toda probabilidad, se avendrían a pactar con el PSOE siempre y cuando, como ocurre en cualquier negociación, los socialistas no pretendan un cheque en blanco del principal partido de la oposición. En la misma dirección se encuentran el partido Ciudadanos y el PNV, del que hay que relativizar la «rabieta» del último pleno parlamentario.

Es más, si las futuras cuentas públicas han de ir por la senda que marcan nuestros socios europeos, con un sensible cambio del modelo fiscal y de pensiones, y la profundización en la reforma del mercado laboral, conviene al Ejecutivo rodearse de los mayores apoyos posibles, ante la previsible reacción de la izquierda más populista. Llegados a este punto, en el que debemos dar por periclitada la estrategia de la geometría variable seguida hasta ahora por el presidente Sánchez, ahí está el rechazo cobrado por su «paquete social», no es posible obviar la postura de uno de los actores notables sobre el escenario, Unidas Podemos, cuya primera reacción ha sido la de declararse incompatible con cualquier negociación que implique a Ciudadanos y, mucho menos, al Partido Popular. Se nos dirá, y es cierto, que una cuestión es acordar por razones de Estado unos Presupuestos que el país necesita con urgencia y otra muy distinta garantizar la legislatura de un Ejecutivo en minoría y sometido a la amenaza de una fractura interna.

Sin embargo, hay razones que nos llevan a considerar que Unidas Podemos no iría más allá de una escenografía del disgusto y la protesta airada, pero sin el menor ánimo de romper el Gobierno y, en consecuencia, provocar un adelanto electoral, aunque sólo sea porque los últimos resultados obtenidos por el partido que lidera Pablo Iglesias, que ya ha desaparecido de tres comunidades autónomas, aconsejarían mantenerse en el Ejecutivo el mayor tiempo posible, a la espera de un cambio favorable del viento político. Incluso, no hay que descartarlo, los propagandistas de la formación morada podrían hacer, como siempre, de la necesidad virtud. En cualquier caso, como venimos insistiendo desde el principio de la legislatura, la principal responsabilidad de sacar adelante los Presupuestos, que son la piedra angular de la acción de gobierno, corresponde a Pedro Sánchez y sólo a Pedro Sánchez.