La demagogia recorre las calles de Madrid como una bomba vírica

La agitación y la propaganda no son antídotos contra el contagio, sino vectores de transmisión

La izquierda política y sindical no movió un dedo cuando los españoles morían por miles en los hospitales, las residencias o en sus casas en los trágicos meses de marzo y abril durante el mandato único de Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y sus portavoces Salvador Illa y Fernando Simón. Guardaron un atronador silencio cómplice con el desgobierno y la desatención que caracterizó la gestión socialcomunista de aquellas infaustas semanas. Tras la espantada del Gobierno, más allá del gesto del presidente en su encuentro con Ayuso, que esperemos que inaugure una nueva etapa de al menos respeto institucional, los pirómanos de la calle han vuelto a su medio natural para inflamar el clima social contra Isabel Díaz Ayuso en plena emergencia sanitaria, con zonas de salud en registros de infección alarmantes. Unidas Podemos activó este fin de semana el griterío populachero no por el bienestar de la gente, que le ha importado menos que nada durante los meses más crudos del ataque del virus, sino cuando olió la hemorragia política de un gobierno en dificultades como el madrileño. Después de las concentraciones del domingo en los barrios afectados por las restricciones, las organizaciones habituales de la izquierda, incluidos los sindicatos, se han citado el 27 de septiembre contra una administración regional “errática, temeraria, insensible e incapaz de adoptar las decisiones adecuadas”. La agitación y la propaganda no son antídotos contra el contagio, sino vectores de transmisión, como ya lo fue el 8-M, en el que todos los actores ahora sensibilizados participaron con entusiasmo. La demagogia es una bomba vírica, de la que hay que cuidarse para proteger a los ciudadanos.