Demasiada presión política sobre Madrid

Cabe preguntarse si han operado factores externos a la propia protección sanitaria

Siempre desde la cautela que impone una epidemia como la del Covid-19, que pese al ya largo tiempo transcurrido y a la inédita transferencia mundial de conocimientos clínicos y científicos, presenta una etiología difusa que se resiste a cualquier pronóstico, lo cierto es que las medidas de contingencia que había adoptado la Comunidad de Madrid para enfrentar la segunda oleada de la pandemia parecían, con los datos en la mano, que empezaban a dar buenos resultados. De hecho, como ha venido reseñando puntualmente LA RAZÓN, en 29 de las 45 zonas básicas de salud, donde se habían aplicado, entre las críticas acerbas de la izquierda, restricciones a la movilidad de los ciudadanos comenzaba a reducirse la incidencia acumulada de contagios, lo que se trasladaba a una menor presión del sistema sanitario, hasta el punto de que en varios centros hospitalarios se había retomado parte de la actividad quirúrgica normal.

No es, desde luego, un caso extraño, puesto que en otras regiones, como Cataluña, con medidas de control similares, también se había conseguido reducir las tasas de infección. De ahí que sea lícito preguntarse si han operado factores externos a los propios de la protección de la salud pública en la actual peripecia madrileña y si el lógico peso político de la Comunidad que alberga la capital de España, la más rica, la que menos presión fiscal sufre y la que más solidaridad interterritorial practica, no ha jugado en su contra. Porque, sin pretender entrar en juicios de intenciones, los vaivenes de las autoridades gubernamentales, encabezadas por el ministro de Sanidad, Salvador Illa, pero en los que ha tenido una innegable participación el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no tienen una explicación fácil.

El resultado, al final, es la confusión que viven los ciudadanos, el temor fundado de los empresarios de la hostelería, un sector fundamental para la economía madrileña que arrastra graves pérdidas desde la pasada primavera, y la sensación instalada en buena parte de la opinión pública de que detrás de todo este enfrentamiento existen razones partidistas injustificables. Lo cierto es que hay demasiada presión política, en varios sentidos, sobre la comunidad de Madrid y su gobierno autonómico. Una presión que, al parecer, hace imposible llevara a cabo una actuación serena y, fundamentalmente, coordinada frente a los estragos de la pandemia. Madrid, hemos insistido en ello muchas veces, presenta los mismos condicionantes epidemiológicos que el resto de las grandes áreas metropolitanas como Nueva York, París, Londres o Milán, que son nudos de comunicación y tienen altas tasas de movilidad. A lo mejor, los baremos comúnes dictados por Sanidad hubieran merecido una mayor reflexión.