Desgaste de un Gobierno sin recorrido

«Estos siete días de octubre son el retrato de un proyecto cuya meta es preservar el poder»

La semana que concluye no caerá con facilidad en el olvido del Gobierno. Desde su arranque hasta el ocaso ha sido un rosario de episodios adversos que han acarreado un serio desgaste imposible de maquillar incluso para la poderosa maquinaria propagandista de la Moncloa. Desde el ámbito de la economía al de la Justicia pasando por la salud, la vulnerabilidad y las contradicciones que jalonan a la coalición se convirtieron en acelerantes de la peligrosa deriva para los intereses de una alianza bajo sospecha. El escenario macroeconómico puesto en valor por Nadia Calviño y María Jesús Montero admitió, incluso con su rebozado de hiperoptimismo, que el PIB se desplomará hasta el entorno del 11%, en contraste con las previsiones de prácticamente todas las organizaciones internacionales y los servicios de estudios más prestigiosos que ensombrecen el ya de por sí dramático porvenir. El Gobierno vende una «recuperación» fantasmal que la calle ni percibe ni espera, mientras que su única receta para doblegar la depresión es un colosal endeudamiento con un techo de gasto récord superior en un 53% a la espera de un maná europeo con el que alienta castillos en el aire o cuentos de la lechera. Como en tantas otras cosas, echamos en falta rigor y seriedad en un discurso que de nuevo se mueve entre los acordes de los brotes verdes. Si las perspectiva del tejido productivo y sus estragos en el social debieran turbar el sueño del gabinete, qué decir sobre las desventuras judiciales del vicepresidente. Que Pablo Iglesias esté más cerca de ser imputado por serios delitos en el caso Dina en el Tribunal Supremo no es algo baladí ni tampoco creíble que Pedro Sánchez reafirme su confianza y apoyo en su aliado investigado por actividades que avergonzarían a cualquiera, no digamos ya a un servidor público. La erosión del líder de Unidas Podemos es creciente y un lastre que Moncloa acepta porque su estabilidad parlamentaria y, por tanto, su futuro depende de los diputados morados, sin medir ni contemplar el perjuicio para el interés general en un instante crítico. En este sentido, que la parte del gobierno podemita se revuelva de forma furibunda contra los jueces denota, además de un cariz de honda pobreza democrática, debilidad y ausencia de defensa solvente. La recta final de la semana delató el tono autoritario de Sánchez, y la impostura de un gabinete que respondió a un hecho natural en un estado de derecho, como es que un tribuna dé o quite razón (TSJM en el cierre de Madrid), con un acto arbitrario y soberbio contra el gobierno de la Comunidad de Madrid y los ciudadanos. Se impuso un Estado de Alarma en una sobreactuación desproporcionada e injusta. Sánchez ambiciona acabar la legislatura, pero sus posibilidades menguan ante la envergadura de la crisis y el pulso perdido de un proyecto agotado, sin recorrido, pero peligroso, cuya meta sólo es conservar el poder.