El Papa pone en guardia a Sánchez

No hay sintonía con la Iglesia ante leyes como la eutanasia, el aborto o la enseñanza

POOL MONCLOA/FERNANDO CALVO POOL MONCLOA/FERNANDO CALVO

Tras la audiencia concedida, ayer, al presidente del Gobierno de España, el Papa Francisco hizo una admonición pública ante la delegación que le acompañaba a la recepción vaticana que, por lo inusual del caso, no debería pasar inadvertida al conjunto de la opinión pública y, en especial, a los dirigentes de los dos partidos que sostienen al Ejecutivo. Vaya por delante que la diplomacia de la Iglesia nunca actúa desde la improvisación y que sus gestos suelen estar medidos cuidadosamente. Es decir, que si Su Santidad reclamó de Pedro Sánchez, como máximo responsable de la acción de gobierno, la defensa de la primacía de la «patria fuerte» sobre los localismos y la obligación de los representantes de la soberanía nacional de impedir que las ideologías se apoderen «de la interpretación de una nación, de un país» y desfiguren la patria, algo, en las propias palabras del Papa, «que hemos recibido de nuestros mayores y que tenemos que dar a nuestros hijos», es, sin duda, porque la actual crispación política que vive España preocupa sobremanera al Vaticano.

De ahí que nos produzca cierta perplejidad la interpretación gubernamental dada al encuentro, cuyos portavoces sólo parecen ver en las palabras y en el gesto de Francisco una supuesta cercanía, incluso, «sintonía», con Pedro Sánchez. En realidad, nos hallamos ante un equívoco clásico de la izquierda española que sólo toma de la doctrina de la Iglesia la parte que le conviene, en este caso, el acento social de un Papa muy sensibilizado por las desigualdades que ha vivido en primera persona a lo largo de su larga trayectoria pastoral, pero que obvia las, por así decirlo, incómodas verdades que esa misma Iglesia defiende por encima de cualquier coyuntura temporal. No parece, sinceramente, que los proyectos de Ley sobre el aborto y la eutanasia, que la intención declarada por el actual Gobierno social comunista de eliminar la enseñanza religiosas en el sistema educativo y que las restricciones que se pretenden imponer a los colegios católicos estén, precisamente, en sintonía con el Papa Francisco. Es más, son todas ellas acciones políticas sustentadas desde una ideologías excluyente, que provocan la división de la sociedad y dañan la construcción de una patria fuerte. Exactamente, lo que denunció Su Santidad.

Por otra parte, pero no menos importante, el Gobierno de Pedro Sánchez, con su ley de «memoria democrática», está empeñado en desacralizar la basílica del Valle de los Caídos, cuestión que puede llevarle a un enfrentamiento directo con la Iglesia, que es la propietaria legítima del recinto y que está amparada por el acuerdo firmado con el Vaticano, con rango de Tratado Internacional. Una vez más, parece que estamos ante mera propaganda gubernamental.