Un inquilino legítimo en la Casa Blanca

“Es probable la victoria de Trump y sólo significaría que la democracia ha hablado”

Joshua BoucherAP

La ventaja republicana en la mayoría de los estados clave, como Florida o Pensilvania, apuntan a la probable victoria del actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump. Nada es seguro porque falta el recuento de una parte de las papaletas recibidas por correo, pero, en cualquier caso, lo reñido del resultado, donde las encuestas, una vez más, han minusvalorado el voto oculto conservador, nos hablan de un país muy polarizado y enfrentado, con una parte de la sociedad, la que pierda, que tendrá muchas dificultades a la hora de aceptar la derrota. Mucho más, nos tememos, si es Joe Biden, apoyado no sólo por los votantes tradicionales demócratas, sino por una amalgama de la izquierda más radical, que han convertido la figura de Trump en el epígono de todas las maldades y que han hecho de su derrota cuestión incontestable. La imagen de la Casa Blanca blindada y la sobreactuación de la alcaldesa de Washington preguntándose por la oportunidad de declarar el toque de queda en la capital federal, como si de las urnas pudiera surgir otra cosa que un presidente de los Estados Unidos tan legítimo como cualquier otro, son muestras más que evidentes de hasta qué punto quienes más obligación tenían en la defensa del acto democrático por excelencia, como son unas elecciones libres y abiertas, han contribuido a sembrar la sospecha sobre su limpieza y a ensanchar la brecha abierta en su seno. Y no hay inocentes en el desencadenante de este proceso letal para la convivencia en cualquier país. Ahora toca reconstruir los puentes del entendimiento, porque nadie, ni Trump ni Biden, debería llegar a la presidencia de una nación que se reclama, y, por supuesto lo es, defensora de la democracia representativa y valladar de la libertad política, bajo la presión intolerante de quienes se nieguen a aceptar el resultado de las urnas y amenazen con desencadenar toda una batalla obstruccionista con la panoplia que proporcionan los instrumentos legales. Ahora, no es posible calcular ni el alcance ni la extensión en el tiempo de la agitación vivida por la población estadounidense, pero no puede haber dudas de que el sistema democrático y la fortaleza de sus instituciones se impondrán. Ni siquiera la malas perspectivas de la evolución de la pandemia, que amenaza con volver a desarticular la economía, puede cambiar esta realidad, no siempre bien contada por unos medios de comunicación internacionales que toman parte en el relato sin guardar la saludable distancia y que, una vez más, han creído que la caricatura de Trump, por ellos mismos dibujada, era el retrato que veían todos los estadounidenses. No. Es muy posible que Trump renueve su mandato. Sólo significará que la democracia ha hablado-