El tirano Maduro se retrata en las urnas

La Unión Europea debe trasmitir a los venezolanos su compromiso con la libertad

Matias DelacroixAP

Si algo ha demostrado la última farsa electoral montada por la tiranía venezolana es el patente desfondamiento de la maquinaria del régimen, incapaz, si quiera, de movilizar a sus antiguos partidarios. Ni las amenazas ni las ofertas de bonos para adquirir comida ni las llamadas telefónicas o las visitas domiciliarias de última hora de los comités populares consiguieron arrastrar a las urnas a una población que, frente a unas dificultades imposibles, aún mantiene su dignidad. Así, las elecciones para renovar la Asamblea Nacional de Venezuela se saldaron con una abstención histórica del 70 por ciento del censo, según unos datos oficiales que la mayoría de los observadores ponen en duda, por considerar que fue mucho mayor. El espectáculo de los colegios vacíos, como también lo estaban los tenderetes del Gobierno «validando» los carnés de votación, imprescindibles para recibir las bolsas de alimentos, son la mejor demostración del deseo de libertad que embarga a la mayoría de los venezolanos.

No en vano, la última vez que la población pudo expresarse en unas elecciones relativamente limpias, las legislativas de 2015, no sólo se batió el récord de participación, que superó el 70 por ciento del censo, sino que los partidos de la oposición al régimen socialista bolivariano obtuvieron una mayoría absoluta cualificada, es decir, aplastante, en la Asamblea Nacional. Desde entonces, el Gobierno de Nicolás Maduro, con la cooptación de todas las instituciones del Estado, incluidos el Tribunal Supremo, la Comisión Nacional Electoral, la Fiscalía General y los medios de comunicación públicos, todos ellos dirigidos por estrechos partidarios del régimen, estranguló cualquier vía de participación de democrática en Venezuela, hasta llegar a reelegirse por medio de un fraude escandaloso.

Con la usurpación, ayer, de la Asamblea Nacional por el «Polo Patriótico», cuyo núcleo lo encarna el Partido Socialista Unido de Venezuela, el país caribeño pierde el último reducto de libertad. Ciertamente, poco podían hacer unos partidos opositores imposibilitados de desenvolverse institucionalmente, con la mayoría de su líderes en la cárcel o el exilio, cuando no directamente proscritos por los jueces chavistas. La llamada a la abstención, al desconocimiento de la legalidad que representa el régimen bolivariano era, pues, la única opción posible para la oposición democrática venezolana. Acudir a las urnas en las condiciones impuestas por Nicolás Maduro era tanto como legitimar la tiranía. Así lo ha entendido el mundo libre, con la Unión Europea y Estados Unidos a la cabeza, que, ahora, deberán intensificar su apoyo al presidente interino Juan Guaidó y trasmitir a los venezolanos el compromiso de las democracias con su libertad.