Opinión

Casado no debe fiarlo todo a la economía

Editorial La Razón

En el seno de los dos grandes partidos españoles, PSOE y PP, hay coincidencia en el análisis–como hoy publica LA RAZÓN– de que la legislatura comienza verdaderamente ahora, a medida que la crisis de la pandemia, como prevén los expertos, vaya difuminándose en el horizonte. Coinciden, también, en que el resultado de las próximas elecciones dependerá en gran medida de la evolución que experimente la economía española, donde sitúan el talón de Aquiles del Gobierno de coalición, dando por descontado que, dentro de dos años, la buena o mala gestión de la pandemia habrá desaparecido de las preocupaciones del electorado, al que se presume de memoria corta.

En este sentido, se especula con que las próximas convocatorias autonómicas en Castilla y León y Andalucía, donde las encuestas priman a los populares, podrían resultar menos determinantes para las posibilidades de victoria de Pablo Casado que el éxito o el fracaso del proceso de recuperación. Es cierto, al menos así lo afirman los sondeos, que la opinión pública está más preocupada por el paro y la economía que por la amenaza del coronavirus, lo que confirmaría el análisis inicial, pero, a nuestro juicio, existen otros factores en la conformación del voto, ideológicos, sin los que no es posible explicar, por ejemplo, que el partido de Santiago Abascal mantenga o, incluso, mejore sus expectativas o que desde notables sectores del socialismo se siga con indisimulada aprensión los movimientos de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en su proyecto de refundación de la izquierda comunista.

Por supuesto, no es cuestión de negar que una buena actuación gubernamental de la salida de la crisis, apoyada en una correcta gestión de los fondos europeos, algo por lo que deberíamos felicitarnos, reforzaría las probabilidades de reelección del presidente del Gobierno, pero para que se confirmara ese afortunado presupuesto tendría que darse un cambio en la estrategia política de La Moncloa que, sin querer pecar de agoreros, no parece probable. Si ya son muchos los factores externos que hacen insegura la recuperación, el principal condicionante sigue siendo de carácter doméstico, con un Gobierno de mayoría socialista que depende de unos socios parlamentarios y unos compañeros de coalición anclados a las viejas recetas populistas, ineficaces, y con agendas propias.

Haría bien Pablo Casado en no fiarlo todo a la economía, desde el convencimiento general de que los populares siempre se han desenvuelto en este campo con mayor eficiencia que las izquierdas, porque una parte de los problemas que afectan al futuro de la nación y que inquietan profundamente a amplios sectores de la opinión pública, capaces de decantar el voto, tienen mucho que ver con las políticas divisivas de un Gobierno demasiado condicionado por los nacionalistas.