Formarse para mantener el empleo

La cuarta revolución industrial obliga a una formación continua en conocimientos a lo largo de la vida

El cambiante mundo laboral obliga a un reciclaje continuo
El cambiante mundo laboral obliga a un reciclaje continuo FOTO: DREAMSTIME Dreamstime

Formarse a lo largo de la vida, dentro y fuera del sistema educativo, sirve para adquirir, ampliar y actualizar los conocimientos y capacidades en el entorno personal y profesional. Desarrollar nuevas competencias prepara al alumnado a adaptarse a los cambios de la globalización, mejorando la calidad de vida de las personas y la sociedad.

Existen multitud de opciones formativas, conocer los itinerarios resulta clave para la organización y la orientación de los estudiantes en la experiencia del aprendizaje.

La edad no es un impedimento para aprender, hacerlo a lo largo de la vida permite avanzar. El nivel de formación de la población adulta es un indicador relacionado con el desarrollo y los niveles de empleo de la sociedad. En el año 2020 un 9,9% de hombres y un 12% de mujeres con edades comprendidas entre 25 y 64 años han participado en alguna actividad de aprendizaje en España. La Agenda 2030 pone el énfasis en la educación con el objetivo de que jóvenes y adultos adquieran competencias necesarias para acceder al empleo y emprendimiento.

Mantenerse activo en el aprendizaje aporta beneficios. Profesionalmente, la formación se convierte en el preámbulo del mundo laboral, en los trabajos, cada vez más competitivos, los estudios son una fórmula para especializarse y ascender en el sector o cambiar hacia otro ámbito profesional. En lo personal, se enriquece la cultura, aumenta la interacción y la participación en la sociedad. Al aprender algo nuevo, el tamaño del cerebro aumenta, ayudando a resolver los problemas cotidianos con mayor facilidad al adquirir habilidades, conductas y valores. Para poder aprender es necesario tener voluntad y disciplina, además, estudiar de manera continua genera conductas positivas como la responsabilidad y la constancia. Los estudios aseguran que emocionalmente se desarrolla la creatividad, la resiliencia y aumenta la autoestima al enfrentarse a obstáculos, proponer soluciones y resolver problemas, potenciando una actitud optimista.

La sociedad evoluciona y las profesiones también. Pese a que los conocimientos adquiridos durante la formación sirven como base durante toda la vida, los estudiantes son conscientes de la necesidad de continuar aprendiendo para complementar y actualizar los conocimientos, adecuándolos a las herramientas del presente, ya que los avances y las tecnologías hacen que los recursos se queden obsoletos en un futuro cercano.

Asimismo, existe un factor que otorga a los individuos un modelo de formación más fuerte y sólido, y que a su vez también es demandado por las empresas, la experiencia. El contacto con el mundo laboral temprano ofrece unas cualidades de madurez que introduce al estudiante en su futuro proyecto laboral. Por ello, las universidades implantan en su plan de estudios la opción de realizar prácticas en empresas. De este modo, los estudiantes pueden perfeccionar su curriculum hacia nuevas oportunidades.

Actualmente, a pesar de tener muchos años de experiencia, si no se poseen conocimientos actualizados sobre las herramientas, se pierde gran parte de la sabiduría.