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Debacle «susanista»

Díaz anota para su partido el peor resultado de la historia autonómica dejando en el aire dudas sobre el final de su carrera política y críticas por una campaña «personalista».

  • Susana Díaz saluda a unos vecinos, ayer tras votar en Sevilla
    Susana Díaz saluda a unos vecinos, ayer tras votar en Sevilla

Tiempo de lectura 4 min.

04 de diciembre de 2018. 10:31h

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N. Acedo.  3/12/2018

Susana Díaz ha ganado las elecciones porque el PSOE-A ha sido el partido más votado en la comunidad, pero la victoria se tornó en la píldora amarga que jamás hubiera querido tragar. El desencanto se coló por las grietas de hotel sevillano donde los socialistas seguían los resultados electorales al ritmo que llegaban noticias de las mesas que apuntaban a dos opciones que se hicieron realidad: Vox, el partido al que dieron alas publicitarias al tiempo que se erigían en muro para contenerlo, desembarcaba en el Parlamento autonómico; y sus caladeros de votantes no lo eran tanto.

Díaz ya cargaba sobre sus hombros el hecho de haber cosechado como candidata el peor porcentaje de apoyo al PSOE en unas elecciones autonómicas, que fue el 35,44 que los socialistas obtuvieron en 2015, después de correr el riesgo político de adelantar los comicios, tras dar por finiquitado el Gobierno de coalición que conformaron junto a IULV-CA. Con todo, los sufragios que arañaron les permitieron mantener los 47 escaños que consiguió en 2012 la candidatura encabezada por José Antonio Griñán, tras la sacudida que provocó el etiquetado como «caso ERE», en el que el mencionado ex presidente de la Junta acabaría siendo investigado por los presuntos delitos de prevaricación y malversación. Con todo, pese a que perdieron casi 120.000 votos, aquel resultado les permitió hablar de un cierto éxito electoral, dado que por entonces el fantasma del fin del bipartidismo, la alternancia PSOE-PP, se agitaba con intensidad y habían irrumpido en la escena política nacional dos partidos nuevos: Podemos y Ciudadanos (Cs), que recolectaron votos hasta sumar 15 y nueve diputados, respectivamente. Luego, la décima legislatura andaluza tuvo dificultades para echar a andar, con «80 días de bloqueo», como ha repetido desde entonces Díaz en infinitas ocasiones. Si bien, Cs optó por convertirse en un aliado fiel hasta semanas antes de que la presidenta volviera a precipitar las elecciones por segunda vez. Con esos antecedentes, ayer los nervios en el PSOE comenzaron a incrementarse a medida que se confirmaba la baja participación con respecto a las últimas citas con las urnas. De hecho, mensajes del tipo «¡vamos a dar el último repaso, las últimas llamadas y el último achuchón por favor! Vamos», corrieron como la pólvora entre teléfonos a través de la red social Whatsapp. Quienes en campaña sostenían que menos de 40 parlamentarios sería haberse dado un «tortazo» o, sin paliativos, un «mal resultado», pulían argumentos para sacar pecho por que el PSOE volvía a ser la opción elegida de forma mayoritaria en la comunidad, pese a las más de tres décadas encaramados al poder en una región que no había conocido la alternancia política. Todo hasta que los números se impusieron: el PSOE-A se derrumbó hasta los 33 diputados, superando su suelo.

En el aire electoral se instaló la crítica a la campaña desplegada por los socialistas, de perfil bajo de arranque, pero centrada en despertar el miedo a la extrema derecha y en llamar expresamente a la participación en la recta final. Hay quien consideraba que los resultados podían haber sido «mejores», mas allá del «lógico desgaste» que provocan tantos años de gobierno. Díaz ha «pagado», apuntaron, «la mitad de la legislatura que gastó en su pugna contra Pedro Sánchez –en las primarias que perdió–». Otras fuentes afinaron algo más al referirse a esa batalla interna para anotar que se han repetido «equipo y formas» con las que fue derrotada entonces. «Las campañas personalistas ya no valen», lanzaron, máxime cuando, como añadieron otras fuentes, «la marca PSOE a nivel nacional estaba más fuerte o más pujante».

En el escenario que arrojaron las urnas, al PSOE ya no le valía con mirar a su izquierda, donde Adelante se había prestado a llegar a acuerdos. Los electores marcaron que la identificación del PSOE con Andalucía ya no lo es tanto y un interrogante planeaba de madrugada entre fuentes de la formación: «¿Se habrá acabado la carrera política de Díaz?». Ella admitió que era una noche «triste» y llamó a las fuerzas constitucionalistas a frenar a Vox. Los 40 años en el poder al menos sí se diluyeron.

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