Villegas, el hombre fuerte del “riverismo”

Fiel escudero de Albert Rivera, da un paso atrás asumiendo también la responsabilidad del batacazo electoral. Negociador clave para la formación de Ejecutivos autonómicos, acusa el mando de decisiones erróneas como la de aupar a Silvia Clemente

CIUDADANOS
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera junto a su secretario general, José Manuel Villegas, el pasado 11 de noviembre, tras la dimisión del presidente naranjaMariscalEFE | EFE

Soy un “Riverista” puro. Así se definía siempre José Manuel Villegas Pérez, el hombre que ha estado junto a Albert Rivera desde los inicios de Ciudadanos. Su auténtica mano derecha, muñidor del aparato del partido y quién más “marrones” se tragaba en momentos complicados. Su salida estaba cantada desde la misma noche del domingo electoral, cuando puso su cargo a disposición. En estos años de intensa política, Villegas cambió de casa, de ciudad y de pareja. Ahora también da un vuelco a su vida y deja la política. Será recordado como un personaje peculiar, introvertido, con su voz retraída y gesto algo adusto tras una mirada escrutadora. A simple vista parecía arisco, pero luego era afable en el trato, aunque muy tímido y receloso.

De padre almeriense y madre soriana, nació en el barrio obrero Nou Barris, Barcelona, y en su juventud coqueteó con los socialistas. Estudió Derecho y se especializó en administración concursal con despacho fiscal propio. Pero un día conoció a Francesc de Carreras y su joven protegido, un tal Albert, que le enganchó. Villegas ha estado en la formación naranja desde su fundación en el año 2006 y ha sido su gran “apparatchik”, entregado a tiempo completo al partido. Mano a mano con Rivera dirigió todas las campañas electorales, fue diputado por Barcelona y Almería, hasta que perdió este escaño el 10-N. El batacazo electoral estaba claro y Villegas no dudó un segundo en seguir los pasos de su jefe y amigo. No estaba dispuesto a pivotar una travesía del desierto y ahora afronta otra vida personal con su nueva pareja y distintos horizontes.

Quiso ser amable, educado y vender un cambio tranquilo, pero los votantes le dieron la espalda. Tras un auge inusitado, las encuestas empezaron a cambiar, tal vez por los bandazos de un partido y un líder que funcionaban como veletas. Dicen que nunca le llevaba la contraria a Albert, aunque hace tiempo que veía venir la tormenta. Caminaba por los pasillos del Congreso con gesto taciturno, si bien estaba ilusionado en su vida privada. Hasta en esto ha seguido la senda de Albert Rivera

Con él se va un hombre serio, que al menos, según confiesa, intentó hacer un hueco a su ideología liberal. No quiere medias tintas, se va del todo y piensa volver a su profesión de consultor fiscal. El último eslabón de la era Rivera es ya historia.