Páramo, el mensaje de un perdedor

El núcleo duro de Rivera dice adiós a Ciudadanos. Uno de los “arquitectos” del 155 como solución para el conflicto independentista abandona ahora el partido tras cinco años al frente del Comité Ejecutivo

Fernando de Páramo en una imagen de archivo
Fernando de Páramo en una imagen de archivo

Todos le señalan como el gran responsable del desastre electoral. Hace tiempo que Fernando de Páramo era muy cuestionado dentro de Ciudadanos y varios dirigentes no le soportaban. Como máximo dirigente de la comunicación e imagen del partido, muchos criticaban sus mensajes y relaciones con los periodistas. Era altanero y encajaba mal las críticas, por lo que no dudaba en llamar y quejarse de las noticias que no le gustaban. Olvidó que él también había ejercido en radio y televisión, participado en tertulias y hasta profesor de Comunicación y Marketing audiovisual en una escuela de Negocios de Barcelona. Pero el salto a la política le cambió el carácter y pasó de ser un compañero agradable a un dirigente altivo, a veces antipático, siempre adulador y lisonjero del líder, a quien veneraba.

Fernando Tomás de Páramo Gómez nació en Granada pero vivió desde los cuatro años en Barcelona. Allí estudió Derecho y Periodismo, para concluir con un Máster de Comunicación en la Universidad de Navarra. Sus tácticas estratégicas de imagen deslumbraron a Albert Rivera que le introdujo en el Comité Ejecutivo de Ciudadanos. Obsesionado con las campañas agresivas, rompedoras, muy a la americana, a él se le atribuyen las apariciones sonadas de Rivera, sus golpes de efecto y marketing, su dominio de las redes sociales. Ello funcionó bien al principio, pero después el fuelle fue cayendo y el éxito se desvaneció. Lo que antes vendía, era ya mercancía usada.

De Páramo ha sido un estrecho colaborador de Albert Rivera con quien escribió el libro “Juntos podemos”. Su rostro era habitual en los programas de televisión y ha sido también el azote contra el nacionalismo en el Parlament de Cataluña junto a Inés Arrimadas y Carlos Carrizosa. En las últimas elecciones salvó de milagro su escaño por Barcelona, pero su marcha estaba clara. Todas las críticas por el mal resultado arreciaban contra su persona, le acusaban de demasiado marketing y poca gestión, y de alguna extravagancia como la de querer cerrar una campaña a golpe de bicicleta. Hubo un tiempo en que su mensaje fue victorioso. Ahora, su marcha revela que es el de un perdedor.