«No hay un nacionalismo catalán moderado»

Libros Libres presenta «Dolça Cataluña», un libró donde el blog antinacionalista de referencia explican cómo superar la mayor amenaza que sufre España

El dramaturgo Pau Guix pone cara y voz a un colectivo que lleva poniendo en jaque al separatismo catalán desde que arrancó al procés.

¿Quien está detrás de los «dolços»?

Es extraño hablar de un libro del que no has escrito una línea, del que no has escrito el prólogo; un libro cuyo autor es un colectivo del cual no formas formas parte (ríe). Sin embargo «dolços» son todos los que hacen el blog, los que leen el blog y todos los catalanes que quieren acabar con el nacionalismos. Dolça Catalunya es una serie de gente que, como un pequeño acto de dignidad, decidió comenzar un blog en 2013 que está contribuyendo a acabar con el procés por la cantidad de información y de denuncia que han puesto al alcance del ciudadano. Han decidido permanecer anónimos, no por miedo a la «muerte civil», sino para mantener su independencia y estar a salvo de presiones partidistas de cualquier tipo.

Es el blog más visto de España y uno de los canales de YouTube más potentes. ¿Cómo se explica el éxito?

El canal de YouTube tiene más 100 millones de reproducciones con muy pocos vídeos. Pero claro el vídeo del insigne Cucurull... eso no tiene precio. El club de la comedia se queda corto. Lo que tienen tanto el libro como el blog es el humor. Los totalitarismos son todo menos graciosos. Los dolços han hecho una brecha divertida en el espacio monolítico del nacionalismo catalán riéndose de él. Son gente seria, preparada, pero al mismo tiempo muy divertida.

¿Cuál es tu historia personal con el nacionalismo?

Yo me considero «El hijo de la africana». El nacionalismo es supremacista, xenófobo y excluyente y he tenido oportunidad de comprobarlo en mí mismo. Mi origen es como el de muchos catalanes, es dual. Mi familia paterna era de Vich, eran solo catalanoparlantes. Mi padre decidió casarse con una señora que venía de Cartagena. En la época era típico que varios miembros de una familia compartieran edificio y a mi madre la llamaban «la africana» por ser de Cartagena. Ese es el nacionalismo. A los demás nos consideran «white trash», una raza inferior. Esto no es nuevo. Se remonta a los escritos de Prat de la Riba, Pompeu Gener o el propio Pompeu Fabra. Ahora esta xenofobia se ha incrementado porque ahora cuentan con la fuerza del espacio mediático catalán y la TV3.

¿Cuál es la receta para vencer el nacionalismo que defienden los «dolços»?

Entre las muchas soluciones hay una idea transversal: no podemos confiar en que la clase política solucione el nacionalismo. Tiene que ser algo que parta de la ciudadanía. Y no solo de los catalanes que sufren el yugo del nacionalismo día sí, día también; sino del conjunto de los españoles. Las soluciones pueden parecer pequeñas. Una de ellas es «amar al nacionalista». Nosotros no odiamos a las personas como ellos sí odian. Nosotros no consideramos a nadie inferior porque no piense como nosotros. Otra es exiliarse mediáticamente del régimen para acabar con el lavado de cerebro. Hay que estudiar el nacionalismo para reírse de él y poderlo superar. Los partidos políticos y Madrid no son la solución: la solución somos los ciudadanos. El nacionalismo no es un «souflé» que vaya a bajar dentro de poco, es algo resiliente porque hay una élite que lo controla, hay una élite que no va a permitir que desaparezca porque es su principal fuente de ingresos y su medio de vida. Estamos luchando no contra un movimiento político sino contra la imposición a la fuerza de un modelo de hegemonía social y la solución que resume todas las propuestas que da el libro es esta: dar la batalla cultural.

No es misión fácil...

La batalla cultural va a ser muy larga. El nacionalismo es una creencia que ha sustituido a Dios por la nación como ídolo. Además está alimentado por el monstruo del espacio mediático catalán y de la escuela catalana. Hay que romper esa hegemonía y tenemos que ser constantes. No ayuda el «mantra» que se ha comprado incluso aquí en Madrid por muchos periodistas sobre el «nacionalismo moderado», que nunca ha existido. Ningún nacionalismo es moderado. Su base es excluir al otro, no trabajar por lo propios sino excluir a los ajenos. Se identifica al catalanismo con el nacionalismo moderado y esto es falso.

En en libro hay una crítica expresa al abandono del Estado en Cataluña...

Ha habido un proceso de ingeniería social que impuso Puyol con su plan 2000 que se publicó en el año 90. La triste realidad de lo que ha pasado es que tanto PP como PSOE han caído con el nacionalismo en el «tu apoyame en Madrid y en Cataluña haz lo que quieras». Han cedido competencias incomprensibles para el ciudadano de a pié. Por ejemplo en materias tan sensibles como la educación y la labor policíal. Y la Generalitat ha utilizado a los mossos como policía política haciendo escuchas ilegales, etc. La desaparición incluso visual de las estructuras de Estado en Cataluña es tremenda. El ciudadanos no nacionalista se ve inmerso en una trama de instituciones controladas por el nacionalismo. Nos sentimos muy abandonados en el sentido de que no vemos que la legalidad impere en Cataluña. En la semana del odio amarillo vimos como había 1.000 agentes de la Guardia Civil que no fueron movilizados. El señor Marlaska y el señor Sánchez no los movilizaron. La única institución que vemos a diario es el buzón de correos... y por desgracia es amarillo.