Sánchez rehabilita a Torra para cerrar la investidura

El líder socialista hará una ronda de contacto con los presidentes autonómicos como coartada

Pedro Sánchez recibió por tercera vez en su carrera política el encargo del Rey de formar gobierno. Un mandato que le otorga oficialmente el rol de candidato, papel que ha estado desempeñando oficiosamente hasta ahora, y que pone en marcha la maquinaria hacia una investidura, que no tiene –ni mucho menos– asegurada. Al líder socialista se le resiste este formato, las dos ocasiones en las que se ha sometido al debate ha fracasado y se mantiene en funciones desde la noche del 28 de abril gracias a la moción de censura con la que llegó al poder en junio de 2018. Sánchez conserva, un mes después de las elecciones generales, la misma dependencia de los partidos independentistas, sin haber sido capaz todavía de materializarla en apoyos. A pesar de ello, el ya candidato aceptó esta condición, con «honor, responsabilidad y gratitud» a aquellos españoles de cuyo «mandato en las urnas» nace el encargo. El líder socialista defendió el gobierno de coalición con Podemos, que gobernará desde «valores progresistas» pero con la convicción de «construir grandes consensos dialogando con todas las fuerzas políticas dentro del marco de la Constitución».

Ronda de consultas

Con ese espíritu, Sánchez iniciará el próximo lunes una ronda de contactos con los líderes de PP y Ciudadanos y anunció que ya ha citado a Pablo Casado e Inés Arrimadas en el Congreso el día 16. En el PSOE no esperan nada del PP de cara a la investidura y les acusan de ubicarse junto a la «ultraderecha» en el «bloqueo». «Tendrán que explicar si quieren terceras elecciones», les retó. El contacto busca sentar las bases para, una vez puesta en marcha la legislatura, contar con la principal fuerza de la oposición para grandes consensos. Con distinto tono se encara la interlocución con Inés Arrimadas. Desde Moncloa se emplaza a Ciudadanos a asumir el papel decisivo que les otorgarían sus diez diputados para desencallar la gobernabilidad y dotar de estabilidad a la legislatura. Con la calculadora en la mano, y a pesar de la debacle, el diezmado grupo parlamentario naranja tendría en su mano –votando a favor de Sánchez– que España no dependiera de ERC. Sin embargo, en Cs no quieren ni oír hablar de una vía que suponga dar soporte a «los comunistas» de Podemos en el Gobierno y solo se muestran dispuestos a explorar la variable que incluya a los populares en la ecuación.

En paralelo a sendas reuniones en el Congreso, Adriana Lastra sondeará al resto de partidos y el propio Sánchez descolgará el teléfono para ponerse en contacto con todos los presidentes autonómicos y el presidente de la Federación de Municipios y Provincias para dulcificar el pacto con ERC que desde estos sectores no ven con bueno ojos, porque pueda llegar a generar algún tipo de asimetría. A sus futuros socios republicanos dedicó el candidato un guiño, alabando su «actitud» y asegurando que «estamos avanzando».

Sin embargo, Sánchez fue incapaz de concretar esos avances y evitó fijar cualquier plazo para someterse a la investidura. «Importa el qué, no el cuándo», dijo. No es la primera vez que el líder socialista acepta el encargo de formar Gobierno, sin fijar fecha de investidura. Ya ocurrió este mismo año, cuando recibió el mandato del Rey el 6 de junio y el debate no se produjo hasta un mes y medio después (23 y 25 de julio). Ahora, el calendario está en manos de ERC, como reconocen abiertamente en el PSOE. En Ferraz aseguran que la negociación está «encarrilada», pero los republicanos les piden tiempo para gestionar su propio horizonte judicial –con la inmunidad de Oriol Junqueras el próximo 19 de diciembre– y político –con el congreso de la formación dentro de diez días–. Los socialistas no cejan en su empeño de resolver la investidura antes de final de año, aunque los más realistas ya miran a enero con el riesgo que esto supone: «Cuanto más tiempo pase, más obstáculos pueden surgir en el camino». Sin embargo, el hecho de que no se haya agendado públicamente una próxima reunión con ERC quita presión a las negociaciones de cara al independentismo y a la opinión pública.

Tras dos intentos fallidos, Sánchez no está dispuesto a someterse a una investidura antes de Navidad, los días 17 y 19 de diciembre, sin tener asegurados los apoyos, porque esto fijaría automáticamente la fecha de terceras elecciones en Semana Santa. No obstante, en caso de que las negociaciones con los republicanos encallen, la vía de la investidura fallida podría suponer un mecanismo de presión para que tomen posición por un lado y, por otro, la coartada perfecta para romper la alianza con Podemos y abrirse a explorar la de la abstención de la derecha.