Junqueras sin careta

La entrevista que realizó La Razón a Oriol Junqueras no deja dudas, los independentistas no se han movido ni un ápice. El resumen es que se reafirman en la autodeterminación y aprovechan la negociación con el PSOE para avanzar en su empeño y, deja claro, que el pacto con el PSOE no es sobre la investidura sino acerca del futuro de Cataluña.

Siempre han querido la independencia y, como en una carrera de fondo, han aprovechado el Estado de las Autonomías arañando dinero de cada Presupuesto, de cada proceso de transferencia de competencias y en cada negociación con PP y PSOE.

Seguramente al acuerdo entre los republicanos catalanes y los socialistas solo le queda el hacerlo público en el momento oportuno, pero las cosas no se hacen así porque el futuro de Cataluña se debe decidir en las Cortes y con un gobierno ya constituido, no puede ser la condición para formarlo.

La política se ha convertido en una suerte de local comercial en el que se diferencia entre el escaparate y la trastienda. Los próximos días serán de despiste, pasarán por ese escaparate todo tipo de imágenes que monopolizarán la atención: reuniones con Pablo Casado e Inés arrimadas, llamadas y encuentros con los presidentes autonómicos, incluido Torra.

El escaparate lucirá más que nunca, generará polémica y se cuidarán mucho las imágenes que abrirán los informativos, pero, no se dejen engañar, cuanto más absorbidos estén por la actualidad informativa, mayor será la actividad en la trastienda.

Con tanta iluminación fuera, nadie tendrá la tentación de mirar qué pasa puerta adentro, que es, por cierto, dónde se prepara el género que se va a vender realmente.

Habrá polémica, pero al final todos terminarán haciendo el papel que se les ha asignado, como si fuera una representación teatral, aunque no sepan quién es el guionista ni quién la dirige, lo asumirán.

Que los independentistas sean determinantes es responsabilidad de muchos. Sin duda Pedro Sánchez debería haber negociado con otros, porque una España moderna es incompatible con la extrema derecha y con los separatistas.

Pero también tiene mucha responsabilidad Pablo Casado, que en el fondo está deseando el acuerdo de socialistas con los independentistas porque cree que de esa manera el PSOE se va a desgastar y él podría ganar las próximas elecciones.

De hecho, si quisiese, todavía estaría a tiempo. Si realmente cree que depender de ERC es malo para España, la semana que viene, en la entrevista con el presidente en funciones, debería ofrecerle la abstención de los populares en la investidura a cambio de un gobierno en solitario, Sánchez tendría muy difícil rechazarlo.

Pero los líderes adolecen de miopía y les ciega la ambición personal. Otros se obsesionan por dotar de racionalidad a lo que no lo es y terminan como el pobre Miquel Iceta con el síndrome de Estocolmo. Solo se le pide que sea igual de respetuoso con sus compañeros de partido como lo está siendo con los independentistas que aborrecen a las instituciones del Estado.