Ni 15 minutos por barba y con «más humo que plan»

Sánchez solventa la ronda autonómica con llamadas de cortesía y promesas. Actúa ya como nuevo presidente y hace creer que ERC ha firmado

Sánchez se compromete a intermediar para mantener Alcoa, según Feijóo
El presidente de la Xunta , Alberto Nuñez Feijoo, comparece ayer tras mantener una conversación telefónica con el presidente en funciones, Pedro SánchezXOÁN REYEFE

En cuarto de hora, arriba o abajo, el candidato socialista, Pedro Sánchez, asumió ante cada uno de los presidentes autonómicos de la oposición con los que ayer habló el compromiso de buscar soluciones para todos los problemas del modelo autonómico sobre los que no ha adoptado ninguna iniciativa desde que llegó a La Moncloa en junio de 2018. No más de quince minutos dedicó Sánchez a sus interlocutores en general, y, en concreto, a los «barones» del PP, con un mismo hilo conductor, generar «buen rollo» con quienes se han puesto ya en alerta por la asimetría que implica el pacto que ERC le exige firmar para sacar adelante su investidura. De repente el mismo Sánchez que durante 18 meses ha ignorado las llamadas, las peticiones de reunión y otras cuestiones territoriales, ahora se presenta como el presidente «multitarea», que dará solución a todos esos problemas enquistados en el Estado autonómico.

Los «barones» a los que dedicó esos escasos quince minutos se encontraron con un presidente en funciones y candidato a la investidura «obsequioso», «afable», abierto a atender sus demandas sobre la financiación autonómica, el Pacto del Agua..., habrá cumbres autonómicas, diálogo bilateral y todo lo que no ha habido desde la moción de censura. Pero el principal problema de Sánchez es el mismo que le afecta en otros tantos ámbitos por sus rectificaciones continuas, el de la falta de credibilidad. Ayer la sensación que quedó entre sus interlocutores es que a Sánchez le apremia buscar vías de distensión para apaciguar a los presidentes autonómicos que están excluidos de la mesa de tú a tú entre el Gobierno de la Nación y la Generalitat, de la que no se apea ERC para facilitar que Sánchez siga en La Moncloa. La impresión que dejó fue que en lo que promete hay «más humo que proyectos».

Esta ronda improvisada de consultas autonómicas se ha interpretado como un movimiento dirigido a buscar una coartada para contactar con el presidente de la Generalitat, Quim Torra, sin que éste haya cumplido ninguna de las exigencias que Sánchez le fijó en campaña como condiciones previas para mantener una conversación con él. Eran entonces los tiempos en los que el líder del PSOE justificaba su «no» al diálogo con Torra, entre otras razones, en su complicidad con la violencia que se estaba viendo en las calles catalanas tras la sentencia del «procés».

Cumbre anual y más reuniones bilaterales

Pedro Sánchez quiere recuperar la Conferencia anual de presidentes autonómicos durante toda la legislatura. Así debía ser, aunque estos cónclaves no se celebran desde 2017. Cuando han tenido lugar, tampoco es que hayan producido acuerdos significativos en el mapa territorial. Por cierto, la promesa de la convocatoria de esta cumbre ya la lanzó el Gobierno socialista en la campaña de las elecciones autonómicas y municipales de mayo. Y hasta hoy. Sánchez también anuncia más diálogo bilateral con las comunidades autónomas.

Pero en sus movimientos con los presidentes autonómicos Sánchez también confirma que, aunque sea por obligación impuesta por el nuevo contexto político en el que quiere sostener su investidura, en la nueva legislatura tendrá que compensar su acuerdo con ERC con más atención a los presidentes autonómicos y a las cuestiones territoriales. Aunque se quede en meros gestos.

Los presidentes autonómicos tienen necesidades urgentes y así se lo trasladaron en ese escaso cuarto de hora a Sánchez. Quieren contacto directo, que se aborden los problemas reales de sus territorios y que no se les utilice como mercadotecnia para «tapar las vergüenzas» de la negociación con los independentistas. Ayer, desde las «baronías» populares advirtieron a Sánchez de que si no actualiza las entregas a cuenta, todas las comunidades acabarán intervenidas en 2020.

El Estado, basándose en la previsión de recaudación de impuestos, hace un adelanto a los gobiernos autonómicos para que puedan afrontar servicios básicos como Sanidad o Educación en sus territorios. Estos adelantos a cuenta se hacen cada año en función de la previsión recaudatoria y luego se revisan cada dos, con el cierre real de los ejercicios. Si la previsión se quedó corta, el Estado ingresa la diferencia a la comunidad, y si fue al revés, las regiones devuelven el sobrante, casi siempre con tensiones. Las comunidades han dejado de recibir este año unos 5.000 millones de los adelantos a cuenta, según la previsión de recaudación que el Ejecutivo tenía en su proyecto presupuestario fallido. También un cambio en la normativa contable del IVA hace que se les adeuden hasta otros 2.500 millones.

Por cierto, Sánchez hizo entender a sus interlocutores que la investidura la tiene cerrada. Si es pose o no se verá en los próximos días, pero actúa ya como presidente del Gobierno, asumiendo compromisos, y sin perder un segundo en buscar complicidades con los barones del PP para el supuesto de que le fallara la carta de ERC. En ningún momento hizo movimiento de presión para instar al PP a que se abstenga, y cuando le plantearon el tema catalán y la investidura con el acuerdo independentista, buscó soslayarlo por la vía de aludir a otra cuestión. No entró en detalles en ningún caso, pero sí le escucharon decir de manera categórica que «no habrá terceras elecciones». Y también dejó claro que para ello sólo cuenta con Podemos y ERC.

Sánchez se comprometió con el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, en tomar las medidas necesarias para mantener la fábrica de Alcoa en Lugo porque «hay que evitar las consecuencias irreversibles» para el futuro industrial de esa provincia. Aquí el ejemplo de las promesas.

Con el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, intentó quitar trascendencia a la decisión de Hacienda de dejarles fuera de los mercados por los incumplimientos de déficit, deuda y regla de gasto en 2018, bajo Gobierno socialista. Aquí muy buenas palabras.

Mientras que la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, defendió que los problemas de la Comunidad de Madrid no se tratan por teléfono. Y le recordó sus siete agravios con los madrileños.