Indigno espectáculo

Decididamente, la rauxa catalana ha contaminado a fondo la política nacional. Solo así puede entenderse –que no aceptar, ni justificar– que la sociedad española contemple sin reaccionar lo que está sucediendo ante nuestros ojos, viviéndolo como algo normal.

La política en Cataluña está instalada en el surrealismo desde hace ya demasiado tiempo, pero ahora el delirante modelo catalán se ha generalizado por medio de Sánchez e Iceta. Así, asistimos atónitos a la negociación para investir Presidente, con un partido que quiere destruir España, y que lo hará en coalición con quienes tienen como referentes a los que han llevado a Venezuela a su actual situación de ruina y miseria.

A cambio de un próximo tercer tripartito al frente de la Generalitat, con Iceta de primer bailarín repartiendo naciones, Sánchez gobernará los restos que queden de España. Comprobar con naturalidad que el precio a pagar para que Sánchez siga en el Falcon son beneficios para los presos de ETA; definir como «conflicto político» lo tipificado por el TS como delito de sedición; negociar sobre la «autodeterminación para las naciones del Estado», son indignidades sencillamente inaceptables.

Mientras, hoy tendremos un Barça-Madrid que televisará al mundo esta patética situación, al tiempo que «confiamos» en que la UE no deje en libertad a quienes van a regir los destinos de nuestro país. Hace meses se hizo célebre el artículo 155 CE, me temo que el siguiente sea otro. Lo dicho: artículo 102 CE.