El gran Houdini

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, en el Congreso
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, en el CongresoEmilio NaranjoEFE

La función se está representando con puntualidad. Primero, Pablo Casado e Inés Arrimadas, que no se salieron del papel que les han asignado. El popular ha decidido jugar a que el PSOE se desgaste y le vaya mal y la victoria le venga regalada. No está dispuesto a arriesgar porque es jugador de chicas, ya veremos si se cumple el refrán.

El segundo acto tuvo como atracción estelar el encuentro con Bildu. Ha generado debate, le ha dado coartada a Vox para no reunirse con el presidente y Sánchez se reafirma en su mensaje de que a dialogar no hay quién le venza.

La imagen con los abertzales valía más que mil palabras: el fiel y doméstico Simancas y Adriana Lastra con cara de funeral frente a los tres diputados de Bildu, sonrientes hasta decir basta porque ahora son tan institucionales como el PNV, pero más independentistas.

Ya veremos si los de Ortuzar no les da por radicalizar su discurso para no perder parroquianos y todo esto acaba incendiando también Euskadi.

Pero ahí no termina el espectáculo, falta un tercer desfile que corre a cargo de Torra. No está muy claro si reunirse con él es el diálogo llevado al extremo o se trata de un tema de buen estómago. Lo que sí es meridiano es que el independentista va a disfrutar diciendo lo que le plazca a quien representa al Estado.

Y como era de esperar, en la cocina es donde se está cerrando con ERC la investidura de verdad. También allí hará falta un bote de omeprazol, porque compartir confidencias, estrategias, secretos a voces y risas con Rufián debe ser bastante duro.

El que ha insultado en varias ocasiones a la bancada socialista, que escupió a Borrell y que en los actos electorales de la campaña de abril, llamaba al PSOE “fascismo cool”.

Finalmente, todo apunta a que el día 30 de diciembre será el día grande de Sánchez, la fecha que él ha pedido y le han concedido, bajo mejor criterio del todopoderoso Junqueras que, como en las buenas películas de gánsteres, sigue dirigiéndolo todo desde la cárcel.

Hay otra estancia, la trastienda de la cocina, y allí ya está casi todo repartido, hasta la silla del Defensor del Pueblo, que le toca en la pedrea a Gabilondo, no al periodista, sino al hermano filósofo que, para el que ande despistado, sigue en política activa.

Es, sin duda alguna, un premio a su brillante trayectoria en el campo de la metafísica y a su trabajo como rector de la prestigiosa Universidad Autónoma de Madrid durante los primeros años del siglo.

También a haber tenido responsabilidades de primer nivel, como ministro de Educación o candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, como el gran Houdini, escapando sin haber emitido una sola opinión política en los temas relevantes de España. Ya veremos cómo escapa el país de tanta cocina, trastienda y tanto compromiso secreto, porque una cosa es no hablar y otra tener que actuar.