PSOE y ERC mantienen vivo el diálogo pese a la ruptura pública

En Moncloa reconocen que “no hay plan B", siguen atados a los soberanistas y se aferran a la apelación de Junqueras a negociar para escenificar que nada se ha roto tras la sentencia del TJUE

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Públicamente, el diálogo se ha interrumpido. En privado, las conversaciones no cesan. En el juego de apariencias en el que se ha instalado la negociación entre PSOE y ERC nada es lo que parece. Quienes verdaderamente están implicados en ella y conocen los pormenores, intentan preservarla de todo agente externo e interferencia que dificulte la resolución del acuerdo. La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre la inmunidad de Oriol Junqueras y su efecto directo en Carles Puigdemont se anticipaba el escollo mayor, pero superado el «Rubicón» de la negociación, no habrá vuelta atrás.

La voluntad de acuerdo existe por ambas partes y en Moncloa se encomiendan a un ejercicio de contorsionismo por parte de los republicanos, que les permita en el último momento pasar del «no» a la abstención. Éste cambio solo se producirá, no obstante, si la Abogacía del Estado media y «ayuda» –en palabras de la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo– a que el Tribunal Supremo dé cumplimiento a la sentencia del TJUE, avalando las tesis del soberanismo. Un gesto que permita a los republicanos vestir el pacto y vender ante los suyos la buena disposición del Gobierno con el que negocian.

En Moncloa reconocen abiertamente que «no hay un plan B» y habiendo atado su destino al de ERC, apelan continuamente a separar la esfera política de la judicial. Allanan, de algún modo, el terreno ante otro posible revés que, esta vez, venga del Tribunal Supremo. Conscientes de que la sentencia del TJUE ha supuesto un «obstáculo», la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, hizo ayer un llamamiento desde la mesa del Consejo de Ministros, para que no lo sea. «Desde luego que para el PSOE no lo es. Seguimos con el objetivo de continuar con las conversaciones», destacó. Para los socialistas fue providencial la entrevista publicada por Catalunya Ràdio en la que Oriol Junqueras aseguraba que «la negociación no se debe paralizar en ningún caso». A pesar de que estas declaraciones se hicieron antes de que ERC anunciara que congelaba el diálogo con el PSOE, en Moncloa se aferran insistentemente a este pronunciamiento previo para «que lo jurídico no se plantee como un obstáculo político».

Y para visualizar esta suerte de normalidad, ayer Celaá volvió a recuperar la actitud más optimista del Gobierno, asegurando que «no renuncian» a conseguir la investidura antes de fin de año. «Mejor la próxima semana que la siguiente», aseguró. Un convencimiento que, desde luego, no se extiende por todo el Gabinete, pues no está en sus manos y consideran que, si bien antes el margen era «ajustado», ahora es ciertamente «inexistente» para que ERC vire hacia la abstención. Por momentos, la portavoz se vio traicionada y aseguró que «nada me gustaría más que decir que será cuanto antes, pero no puedo», en referencia a la eventualidad de ver a Pedro Sánchez investido presidente el próximo 30 de diciembre.

Moncloa también hace suya la resolución del Tribunal de Justicia de la Unión Europea –«la resolución del TJUE es nuestra resolución– e intenta dotar de cierta autonomía a la Abogacía del Estado, a pesar de recordar que no forma parte del Poder Judicial. No obstante, cabe recordar que este órgano dependiente del Ministerio de Justicia ha obrado en lo relativo al juicio del «procés» en consonancia con el criterio del Ejecutivo: se rebajó la calificación del delito de rebelión a sedición y se mostró favorable a que Junqueras saliera de la cárcel para asumir la condición de eurodiputado, como finalmente también ha apreciado Luxemburgo. «El Gobierno no da instrucciones ‘‘ad hoc’’ a la Abogacía, que se rige por principios de legalidad», quiso puntualizar Celaá, a colación de la petición de ERC de un pronunciamiento de este órgano, favorable a los intereses del independentismo para volver a la mesa de negociación. Distinta es la actitud respecto a Carles Puigdemont, de quien se recordó que todavía «tiene cuentas pendientes con la Justicia que tendrá que sustanciar».

Congreso hoy de ERC

En el apretado calendario hacia la investidura de Sánchez hoy se produce otro de los «hitos» considerados «principales» por el PSOE. El 28º Congreso de ERC no tenía entidad por sí mismo, era más bien un horizonte temporal que el soberanismo debía respetar y sobrepasar antes de mostrar su disposición al acuerdo. Ahora que el clima se ha enrarecido, la cita interna de los republicanos sí servirá como un buen termómetro para testar cuán distantes se antojan las posiciones, aunque ni siquiera esto tendrá visos de realidad, pues la encendida retórica pública de ERC hace tiempo que no casa con los movimientos que se hacen a baja intensidad para forjar un acercamiento con los socialistas para formar gobierno.