El plan Junqueras: Sánchez presidente y referéndum de autodeterminación

Esquerra exhibe una actitud posibilista de cara a hacer presidente a Sánchez y fija un calendario. En Moncloa aseguran que «no hay nada cerrado» y avalan que sea «cuanto antes»

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ERC y PSOE han conseguido superar una semana de alto voltaje político y bordean ya el acuerdo para la investidura de Pedro Sánchez. Esquerra despejó ayer todas las dudas, alimentadas por el impacto de la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre la inmunidad de Oriol Junqueras del jueves, y, ante sus militantes, proyectó meridianamente su voluntad por alcanzar una entente con los socialistas. El entendimiento está cada vez más cerca, parece inminente. Los republicanos, que han marcado los tiempos de la negociación desde el inicio, se aventuraron ayer por primera vez a fijar un futuro calendario y se abrieron a una investidura entre el 27 de diciembre y el 4 de enero. Como todo en esta negociación está condicionado y lo está a que se produzca un gesto del Gobierno, a través de la Abogacía del Estado para que avale las tesis del soberanismo, y la configuración de la mesa de diálogo entre gobiernos que está prácticamente cerrada.

Ambas condiciones, en todo caso, no aparentan albergar muchos obstáculos. La Abogacía del Estado ya se posicionó a favor de que Junqueras saliera de la cárcel en junio para que recogiera el acta de eurodiputado y el Gobierno y ERC han acercado sus posturas con respecto al impuso de la mesa de negociación. Esquerra necesita «gestos» para tratar de justificar ante el soberanismo su acuerdo con el PSOE y mitigar al máximo el desgaste político que supondrá, teniendo en cuenta la campaña de descrédito que viene sufriendo ya desde hace meses por parte de algunos sectores del independentismo más irredento tras su giro moderado.

Desde Moncloa mantienen su hoja de ruta de promover una investidura «cuanto antes». El varapalo del TJUE hizo que la apuesta más optimista –la de ver a Sánchez investido el 30 de diciembre decayera– por la necesidad de dotar a los republicanos de un mayor margen de maniobra para virar del «no» a la abstención. Aunque en pronunciamientos públicos posteriores, el Ejecutivo siga defendiendo que «no renuncia» a una investidura antes de final de año, lo cierto es que esta semana ya constataron que sería en enero. El «cuanto antes» podría hacer que el debate se iniciara tras el festivo de Año Nuevo, pero las fuentes consultadas aseguran que «no hay nada cerrado». No quieren aventurar calendarios que acaben quedando superados por los acontecimientos, como ocurrió con el 30 de diciembre tras la sentencia sobre Junqueras. Expresan, asimismo, que hasta que no haya un acuerdo firmado con ERC y éste sea refrendado por su Consell Nacional, todo «sigue en el aire». La pelota está en el tejado de Esquerra y en Moncloa son conscientes de que los soberanistas tendrán que vestir su ejercicio de contorsionismo.

Los republicanos son plenamente conscientes del coste y los «riesgos» que conlleva facilitar la investidura de Sánchez, y el coordinador del partido y vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, así lo reflejó en su discurso durante la celebración del 28º Congreso, en el Auditori del Fórum de Barcelona. Aragonès, que se refirió en todo momento de manera velada tanto a Sánchez como al acuerdo con el PSOE, hizo esfuerzos por dar a entender a los militantes del partido de que el camino del acuerdo y el diálogo es adecuado. El vicepresidente de la Generalitat aseguró que, tras la victoria en las elecciones generales del 10 de noviembre, Esquerra debe ejercer el «liderazgo» para «abrir camino» y erigió a su partido en el «rompehielos de los muros del bloqueo», en alusión a la voluntad por tender la mano en un contexto todavía delicado y salpicado de episodios de tensión política a cuenta del «procés». Ello, admitió, implica «tomar decisiones complejas», aseguró, en referencia a ese hipotético acuerdo con el PSOE.

«La nueva etapa política solo se puede abrir si la política desplaza la represión, ¿se entiende?», planteó en su intervención, usando incluso el castellano. Y es que Esquerra, que trazó en el Congreso su nueva hoja de ruta hacia la independencia –en la Ponencia Política que se votó–, plasmó su giro pragmático con el objetivo de ampliar la base independentista y en ese esfuerzo por sentar en la mesa de negociación al Gobierno, trata de proyectarse como la vía útil del independentismo frente a otros sectores más radicales.