Bronca a Dolores Delgado: “Menuda torta política”

Sánchez la «fulmina». El núcleo del presidente culpa a la ministra de Justicia de haberles hecho creer que la sentencia del TJUE sería «ambigua»

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Gabinete de crisis y nervios en La Moncloa el pasado jueves. La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea cayó como una bomba y demoraron la respuesta siete horas a través de un comunicado incongruente. El presidente en funciones, Pedro Sánchez, y su núcleo duro culpan a la ministra de Justicia, Dolores Delgado, de no haberles informado al detalle. Según fuentes jurídicas, Lola Delgado había hecho llegar al presidente que el fallo sería «ambiguo», pero horas antes en Moncloa tenían indicios de que la resolución era favorable a Oriol Junqueras, aunque tampoco esperaban que fuera tan contundente. De inmediato, Sánchez reúne a Iván Redondo, Carmen Calvo, José Luis Ábalos y llama de urgencia a Adriana Lastra, que se encuentra en el Congreso reunida con el diputado de Teruel Existe, Tomás Guitarte. Esta abandona el encuentro y deja a Rafael Simancas con el diputado turolense. La inquietud se desata y en el Gobierno empieza a circular una frase: «Menuda torta política». Los puñales se dirigen a la titular de Justicia y a su íntimo amigo, Baltasar Garzón.

Según las mismas fuentes, Delgado, Garzón y otros jueces progresistas de su entorno presumían de tener buenos contactos en la justicia europea y con los abogados de Junqueras y Carles Puigdemont. En estos medios se esperaba una sentencia menos taxativa, si bien las alarmas empezaron a saltar ante los tres votos particulares del Tribunal Constitucional que apuntaban en otra dirección. Tres magistrados del TC estimaron que el Supremo no ponderó adecuadamente que la prisión preventiva de Junqueras lesionaba su derecho de participación política cuando se presentó a las elecciones catalanas en diciembre de 2017, y entonces el juez Pablo Llarena le impidió tomar posesión de su escaño en el Parlament. En Moncloa cundió el desánimo por la imagen de la justicia española y la reacción de ERC. «Esto es un soplo de aire al independentismo», admitían varios ministros y dirigentes socialistas.

Las críticas a la titular de Justicia en funciones arreciaban. En un acto posterior a conocerse la sentencia Lola Delgado coincide con la vicepresidenta Carmen Calvo y el rostro de ambas es todo un poema. El Gobierno intenta salvar la cara con un comunicado sin precedentes para comentar una sentencia. «¿Acaso hemos hecho lo mismo con los ERE?», se preguntan estupefactos algunos ministros y barones del PSOE. Lo cierto es que una vez más Carmen Calvo es la encargada de dar la cara y reafirmar la voluntad del Gobierno de seguir negociando con Esquerra. Pero el bombazo está servido, con el acicate de que Puigdemont ya puede sentarse en el Parlamento Europeo. El ex presidente fugitivo podrá moverse por toda Europa convertido en un héroe del «procés», como coreaban sus leales por las calles de Bruselas. En el Gobierno subyace un enorme malestar por cómo ha manejado el tema la ministra de Justicia en funciones y todos la amortizan. «Está fulminada», vaticinan ministros y diputados socialistas.

No es la primera vez que Dolores Delgado está en el centro de la polémica y muchos recuerdan ahora la difusión escandalosa del almuerzo mantenido entre ella misma, su gran amigo, el ex juez Baltasar Garzón, y el comisario José Manuel Villarejo, con otros altos cargos policiales. La noticia pilló al Gobierno con el pie totalmente cambiado, para colmo con el presidente fuera de España y un auténtico caos en la política de comunicación desde Moncloa. Aquel asunto fue un auténtico caos y Delgado estuvo a punto de ser cesada. A pesar de las presiones, Sánchez finalmente aguantó, pero la titular de Justicia siempre ha estado en baja ante los cuadros del PSOE por sus «amistades peligrosas» en el mundo de la Judicatura. Además, ha manejado torpemente a la Abogacía del Estado y aún resuena como fulminó a uno de sus titulares, Edmundo Bal, hoy en las filas de Ciudadanos. Este organismo es clave en la respuesta a la sentencia del TJUE y su incidencia en la posición de Esquerra Republicana.

El jueves los teléfonos echaban humo, entre los ministros del Gobierno cundía la idea de una absoluta descoordinación informativa desde Moncloa y una pésima imagen para la justicia española. Aunque la consigna es clara, seguir negociando, tal como ha pedido el propio Junqueras desde la cárcel, en el Gobierno y el PSOE son conscientes de que el asunto se complica. «La cúpula de ERC quiere negociar pero las bases se radicalizan», admiten los socialistas ante el Congreso de los republicanos este fin de semana. Desde Moncloa insisten en separar la vía política de la judicial y culpan al Gobierno anterior de Mariano Rajoy de esta «envenenada judicialización». Para colmo, la euforia del fugitivo Puigdemont, ya con su acta de eurodiputado, enreda todavía más el complicado escenario catalán. El equipo del ex presidente planea ahora cómo rentabilizar la situación con la vista puesta en unas próximas elecciones catalanas.

En el Gobierno ha sorprendido la velocidad del Parlamento Europeo para conceder sus actas a Puigdemont y Toni Comín, así como la contundencia del presidente de la Eurocámara, David Sassoli. Dado el carácter imprevisible de Carles Puigdemont nadie duda de que esconde algún as en la manga y habrá sorpresas. En su entorno habían diseñado varios escenarios ante la sentencia del TJUE y ahora lo tienen claro: una victoria por goleada.