Así no, Pedro

Pedro Sánchez recibió a Quim Torra en Moncloa en diciembre
Pedro Sánchez recibió a Quim Torra en Moncloa en diciembreAP Photo/Andrea Comas

La investidura de Pedro Sánchez ha terminado convirtiéndose en algo asombroso, un mano a mano con los independentistas en el que se están poniendo de acuerdo en todas las cuestiones de mayor concreción aunque en las de calado sus objetivos e intereses son bien diferentes.

Para ERC el éxito consiste en liberar a los condenados en el juicio del “procés” y avanzar en el camino hacia la independencia, mientras que para Pedro Sánchez todo se resume a su propia investidura.

Los separatistas han entendido perfectamente el poder que tienen y lo usan, son conscientes de que solo hay algo mejor que un ejecutivo débil: un gobierno que dependa de ellos.

Han asegurado al PSOE que terminarán apoyando la investidura y eso les ha permitido doblegar la soberbia de Sánchez en detalles como la fecha, los comunicados de prensa o la elección de los lugares en los que reunirse.

Para ellos, esta parte no deja de ser un juego, aunque sea lo que más irrite al líder socialista. Sin embargo, las cuestiones de fondo son las preocupantes.

En primer lugar, todo está en un extremo que roza lo surrealista. ERC exige un informe de la Abogacía del Estado sobre la situación en que queda Junqueras después de la sentencia del TJUE. Es previsible que dicho informe sea favorable a que el líder independentista pueda salir de prisión a recoger su acta en la JEC y acudir a algún pleno a Bruselas y que, por tanto, vaya en sentido diferente al criterio de la Fiscalía.

El gobierno, por su parte, no está dispuesto a que tal informe vea la luz en tanto ERC no cierre todos los demás puntos pendientes del acuerdo, de manera que queden despejadas todas las dudas.

Los independentistas saben negociar y, a pesar de tener a sus dirigentes en prisión, en este proceso se han mostrado más fuertes que Pedro Sánchez, que pasó de no querer dialogar con nadie, pensando que una repetición electoral le beneficiaría, a un momento en que ha puesto los muebles del PSOE a precio de saldo y lo único que le importa es que la venta del mobiliario sea suficiente para comprar un billete a la Moncloa.

Pero el asunto de calado es que toda esta negociación no podría hacerse si Sánchez no fuese el presidente en funciones, porque no podría pedir informes ad hoc. Lo que está ocurriendo es que esta usando los resortes del Estado para una negociación partidista.

La Abogacía del Estado es el órgano que presta asesoramiento al Estado y a las instituciones públicas y su objetivo se enmarca, por tanto, en la defensa de los intereses generales y no los del presidente del gobierno de turno.

El mayor error de Sánchez es transmitir la idea de que los resortes del Estado están a su servicio y no al del país. Se equivocó en plena campaña cuando aseguró que la Fiscalía depende del gobierno y lo hace ahora usando el informe de la Abogacía para negociar su propia investidura.

A veces Sánchez antepone conseguir el fin a consta de ser laxo en los medios, como en aquel Comité Federal, que hasta Josep Borrell tuvo que decirle: “Así no, Pedro”.