Sánchez rompe la tradición y no hará balance de fin de año

«No hay nada que valorar». Sienta precedente y, tras evitar también la tradicional copa de Navidad, no comparecerá después del Consejo de Ministros, algo habitual desde Zapatero

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La excepcionalidad lleva tiempo instalada en La Moncloa. Pedro Sánchez no ha logrado en su año y medio de mandato superar un debate de investidura. Se mantiene en el poder desde junio de 2018 gracias a una moción de censura, basada en el rechazo a lo que significaba la figura de Mariano Rajoy, en lugar del aval a su propio proyecto socialista. A esto se suma, además, que el presidente del Gobierno lo es en funciones desde hace prácticamente ocho meses, en los cuales las tradiciones más arraigadas del Ejecutivo se han ido volatilizando, bajo la premisa de que todos los esfuerzos y el «impulso político» están enfocados en lograr «una investidura cuanto antes». En este estado de frustración e interinidad lleva sumido el Ejecutivo de Sánchez desde que se escrutaran los votos el 28 de abril. Entonces, la estrategia negociadora se postergó hasta que –después de las municipales y autonómicas del 26 de mayo se despejara el mapa del poder y los pactos a nivel territorial– ahora, el avance de las conversaciones dependen de ERC y de un informe de la Abogacía General del Estado que se está dilatando más de lo esperado.

Entre estos dos momentos de bloqueo y para evitar trasladar una imagen de parálisis, el Gabinete de Sánchez ha renunciado a las vacaciones estivales y a las de Navidad –poniendo incluso en solfa las de todos los diputados y el personal del Congreso–. El propio jefe del Ejecutivo ha rechazado también someterse a las tradicionales ruedas de prensa de balance de ciclo político que se celebraban a inicios de agosto y a finales de diciembre. No la hubo en verano y no la habrá tampoco hoy, según reconocen a LA RAZÓN fuentes gubernamentales. «No hay nada que valorar», aseguran, al tiempo que apuntan que más de la mitad del año, el Gobierno no ha estado en plenitud de funciones. «El presidente está centrado en la investidura, lo ‘‘tradicional’’ ha pasado a un segundo plano», reconocen en Moncloa para argumentar que no comparezca hoy tras la reunión del Consejo de Ministros, como es habitual. La reunión de esta jornada tendrá rango ordinario y se espera que sea la portavoz, Isabel Celaá, la que dé la cara ante la prensa. «Para eso se está trabajando». El propio Sánchez se ha mostrado especialmente esquivo desde que se iniciaran las negociaciones para su investidura, tras los comicios del 10-N, y en el Palacio de la Moncloa tampoco se celebró este año la tradicional copa de Navidad con la prensa.

La relación de Sánchez con los periodistas no pasa por su mejor estado de forma. En parte, porque después de la excesiva sobreexposición mediática a la que se sometió durante la campaña –en su condición de candidato socialista–, el presidente en funciones se sumió en el mutismo más absoluto para no entorpecer las negociaciones de cara a la investidura. Sánchez ha comparecido ante la prensa en España solo en tres ocasiones en el mes y medio que ha trascurrido desde los comicios: durante la visita del nuevo presidente del Consejo Europeo, Charles Michel; en el marco de la Cumbre Climática en Madrid (COP 25) y tras recibir el encargo de formar Gobierno por parte del Rey. En todas ellas, el acceso informativo a Sánchez se vio mermado en forma de limitación de preguntas. Un movimiento que en Moncloa reconocen que viene marcado por el propio jefe del Ejecutivo y que ha generado una cascada de quejas por parte de asociaciones de periodistas, como la de Periodistas Parlamentarios (APP) o la de la Prensa de Madrid (APM), que se llegaron incluso a reunirse con el Secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver, para atajar este tipo de prácticas. Éste representante institucional, lejos de aplacar las críticas provocó un conato de incendio al descalificar la labor de los redactores que cubren la información gubernamental, criticando que son «insaciables» por su «tendencia enfermiza» a hacer preguntas o calificándolos de «activistas» y «tertulianos» por el enfoque con el que formulan sus cuestiones en las comparecencias públicas.

«Todo abierto»

Las fuentes consultadas sí reconocen que la interinidad ha pasado factura al Gobierno y se parapetan a que «con todo abierto» no es momento para que Sánchez haga balance. La comparecencia del presidente del Gobierno tras el último Consejo de Ministros del año es algo habitual desde la época de José Luis Rodríguez Zapatero, una «tradición» que se ha mantenido desde entonces, a excepción de 2011, porque Mariano Rajoy acababa de ser investido presidente hacía escasos días –el 20 de diciembre–. Sí lo hizo, sin embargo, cuando estaba en funciones en 2015, tras las elecciones de ese año, argumento al que ahora se aferran en Moncloa para negar la eventualidad de que lo haga Sánchez.

En Moncloa esperan cerrar «cuanto antes» la etapa de provisionalidad en la que viven inmersos desde hace 243 días. El pacto con ERC está prácticamente cerrado, pero sigue en vilo, mientras no se pronuncie la Abogacía General del Estado avalando las tesis soberanistas respecto a la inmunidad de Junqueras. Un «gesto» que esperan los republicanos para desencallar públicamente el acuerdo. Cómo se desarrollen estos acontecimientos está todavía por dilucidar, pues si bien la Abogacía podría apurar los plazos hasta el día 2 de enero, posteriormente ERC debería convocar su Consell Nacional para dar plácet al pacto y el PSOE amarrar el resto de apoyos que necesita hasta llegar a los 169 votos. Superado hoy el primer calendario en el que se preveía que empezara el debate de investidura, las previsiones más optimistas miran ahora al Día de Reyes para en un día excepcional poner fin a la excepcionalidad.