Así fue el “desacuerdo” entre el Rey y Sánchez

Felipe VI preside en el Palacio Real una tensa Pascua Militar que Pedro Sánchez ha hecho coincidir con una investidura apoyada por enemigos de la Constitución

El estruendo de los 21 preceptivos cañonazos rompió la gélida mañana de ayer en Madrid para recibir al Rey en la Plaza de la Armería del Palacio Real, lugar en el que presidió la que sin duda fue la más tensa de las seis Pascuas Militares que ha presidido Felipe VI desde que ascendió a la Jefatura del Estado. Es pertinente subrayar que fue Moncloa quien, de común acuerdo con la presidencia del Congreso de los Diputados, diseñó un calendario de investidura que condenaba a este acto -de gran simbolismo y relevancia para las Fuerzas Armadas y para el entramado institucional del Estado en general- a tener lugar entre las dos votaciones que decidirán el futuro político próximo de la nación. La pompa y circunstancia de la ceremonia, la solemnidad del escenario y la presencia de las principales personalidades del Estado estaban llamadas a blanquear un pacto de investidura con fuerzas políticas que se han declarado de manera inequívoca como enemigas del marco constitucional y de la unidad de España. O al menos esa era la intención inicial de los estrategas de Sánchez porque lo cierto es que en el Salón del Trono del Palacio Real el ambiente que se respiraba no se parecía en nada al de anteriores ocasiones.

Los actos comenzaron a las 12.00 horas con la llegada de los Reyes Don Felipe y Doña Letizia al patio de armas del Palacio Real, donde saludaron al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, a la ministra de Defensa, Margarita Robles, al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska y al resto de autoridades civiles y militares presentes. Con el brillo del sol reluciendo en las corazas de los oficiales a caballo de la Guardia Real se interpretó el himno de España y el Monarca pasó revista a las tropas acompañado del Jefe del Cuarto Militar de la casa de S. M. el Rey, almirante Juan Ruiz Casas y el coronel jefe de la Guardia Real. La cúpula militar estuvo encabezada por el Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), general Fernando Alejandre. Fue en el trayecto entre la Plaza de la Armería y el Zaguán de Embajadores (donde hubo un breve encuentro con personal de Patrimonio Nacional) cuando se pudo ver como el presidente Sánchez y Doña Letizia intercambiaron algunas palabras.

Tras saludar a representantes de los tres ejércitos y del Instituto Armado en la saleta Gasparini, Don Felipe y Doña Letizia se trasladaron al Salón del trono para imponer a 21 militares diferentes condecoraciones por la excelencia en los servicios prestados a lo largo de 2019. Pero justo antes tuvo lugar un detalle de protocolo especialmente significativo si se atiende al peculiar momento que vive el país y a la vaga tensión reinante ayer en el palacio. En anteriores ocasiones, cuando los representantes de las Fuerzas Armadas y de la Guadia Civil terminan de salir a los Reyes se produce unos minutos de charlas informales entre los miembros del Gobierno presentes, el Monarca y los responsables de las principales áreas de la Casa de S. M. el Rey como Jaime Alfonsín o el anteriormente citado almirante Ruiz Casas. Es un momento que los reporteros gráficos presentes en la Saleta Gasparini esperan con más intensidad porque suele ser escenario de los gestos que, el 7 de enero, coparan las portadas de los periódicos. Sin embargo este año el encargado de protocolo de la Casa del Rey atravesó la sala y dirigiéndose a Sánchez, Robles y Grande-Marlaska les a pasar inmediatamente al Salón del Trono y esperar allí a los Reyes.

Fue entonces cuando comenzaron los discursos, en primer lugar el de la ministra de Defensa Robles y, finalmente, el del Rey. Felipe VI remató sus palabras con el preceptivo ¡Viva España! uniendo a todos los presentes “en el espíritu de servicio y compromiso permanente con nuestra patria y apoyándolos en los valores constitucionales y en los valores morales y cívicos que emanan de nuestras Reales Ordenanzas”. Tanto el presidente en funciones como la ministra de Defensa se unieron al hurra de militares.

El origen de esta tradición, considerada la apertura del año militar, es la recuperación del Castillo de San Felipe en Menorca en 1782 por parte de las tropas españolas (y francesas) de Rey Carlos III. La isla había estado en manos de los ingleses desde 1713, cuando el Tratado de Utrech, les otorgó el mando de esta plaza (y, por cierto, de Gibraltar, que aun controlan).