Un senador de Compromís pide que no haya sacerdotes en los hospitales

Carles Mulet quiere saber cuánto dinero público se ha gastado desde 1986. Asegura que la atención religiosa «no forma parte de la medicina»

El senador de Compromís Carles Mulet ha presentado dos preguntas escritas al Gobierno sobre la asistencia católica en los centros sanitarios en las que argumenta que su presencia va en contra de la «aconfesionalidad del Estado consagrada en la Constitución».

El valenciano quiere saber cuánto dinero público se ha gastado desde que en 1986 se firmó un acuerdo de asistencia religiosa con el Instituto Nacional de Salud y que ha permitido hasta ahora la atención a aquellos que profesan esta religión pero «no al resto de confesiones o sectas religiosas», e insiste en que «la asistencia religiosa no forma parte de ninguna rama de la medicina moderna».

Mulet incide en que la asistencia religiosa no es un «derecho reconocido a la salud», y añade: «Es más, ciertas posturas integristas religiosas en materias éticas o morales pueden ir contra los principios básicos de la ciencia o la medicina».

El senador aclara que su intención no es extender esta asistencia al resto de religiones, sino evitar «que cualquier religión se inmiscuya en los centros sanitarios».

Pero como el propio Mulet recuerda, a pesar de la desaparición del Insalud, el convenio que en su día se firmó para asegurar la asistencia religiosa en la sanidad pública fue «transferido» también en otros convenios como el que se suscribió en la Comunidad Valenciana con el Convenio de colaboración con las Diócesis de Valencia, Orihuela-Alicante, Segorbe-Castelló y Tortosa en materia de asistencia religiosa católica en centros de la red pública integrada y que está en vigor.

Según este convenio, «el servicio de asistencia religiosa católica (y solamente la religión católica) dispondrá de capilla para la oración de los fieles y la celebración del culto, el resto de religiones o sectas, no».

Perfil mediático

Carles Mulet es un senador valenciano que se ha caracterizado por sus preguntas al Gobierno, ya fueran críticas o, en algunas ocasiones, incluso absurdas. Él fue precisamente el protagonista de inquirir por los protocolos del Ejecutivo central «ante un apocalipsis zombie».

Menos mediática pero igual de sarcástica fue su pregunta cuando, tras la llegada de los barcos que trasladaron a los guardias civiles a Cataluña en el referéndum del 1 de octubre, preguntó si «habían pedido permiso para usar su imagen a Piolín, El Pato Lucas o El Coyote» o «si los policías habían comunicado al Gobierno que habían visto un lindo gatito por los pasillos».