Alerta en el PP porque no controlan la agenda

Los «barones» reclaman que se huya de las «trampas» de Vox. La presión por la derecha aviva las tensiones en el PP y el desconcierto

La presión de Vox vuelve a descoser al PP y enciende las alertas sobre la capacidad del partido de Santiago Abascal de marcarles la agenda y el discurso en cuestiones, además, en las que internamente asumen que no tienen nada que ganar. Está ocurriendo con el «pin parental», pero en el PP ya se malician, y preocupa notablemente, que ésta puede ser la tónica de la legislatura porque el Gobierno contribuirá a «enfangar» el terreno siguiéndole el juego a Vox, como está haciendo con la polémica sobre el control parental en el currículum educativo.

La situación tiene dos problemas para el PP. Por un lado, la estrategia de Vox reabre el debate entre moderados y duros. Y tensiona las relaciones de las direcciones territoriales con Génova y de una parte de Génova con la dirección del grupo parlamentario en el Congreso. La radicalidad ideológica frente al pragmatismo de la moderación, y en este dualismo Casado tiene bastante difícil escapar de la corriente de Vox. En el partido ya se empiezan a mover voces que reprochan que no se posicionen desde un primer momento enfrente y no como comparsas. «Un paso adelante y otro atrás, para que al final ganen los de Abascal porque en medio del ruido se impone su vocerío», se escucha dentro del Comité Ejecutivo.

Pero, asimismo, además de plantear un problema interno, el posicionamiento de Vox de tirar desde la derecha de la derecha tampoco les renta electoralmente. Sólo gana Vox, en esto sí que no hay dudas dentro del PP, y la controversia educativa ha puesto de manifiesto lo que muchos se temían en las filas populares, que les va a ser muy difícil escapar de la dinámica del discurso radical sin perder por el centro y sin que esto les sirva al mismo tiempo para consolidar voto más extremo por la derecha.

Desde la periferia se impone la tesis de que la estrategia debe dejar de competir con Vox, y «pasar palabra» de las «trampas» que les coloquen en el camino. La teoría suena bien, pero es más difícil llevarla a la práctica cuando por medio se cruza el «griterío» de la izquierda agrandando la manipulación de la realidad que presenta Vox para sostener sus propuestas ideológicas.

La evolución de la polémica sobre el «pin parental» ha retratado en este arranque de legislatura las debilidades de la posición del PP para imponer su guión como líder de la oposición. Vox jugará con la incorrección política, con el estatus de partido anti-todo y saltándose límites que un partido institucional y de gobierno no puede traspasar. «Estamos en clara desventaja porque Vox juega con la mentira y Moncloa va a validar cada una de sus mentiras porque les interesa utilizarlas para mantener la confrontación entre la izquierda progresista y esa derecha cavernícola en la que nos incluyen a todos por igual», se lamentan en la cúpula popular.

Génova necesita aglutinar a todo el centro derecha en esta Legislatura si quiere tener posibilidades reales de llegar a La Moncloa, y Abascal no va a facilitarles nada la consecución de este objetivo estratégico porque su posición es la misma que adoptó Rivera tras la moción de censura de Pedro Sánchez. Es decir, convertir al PP en su principal adversario, por encima del PSOE.

El escenario de que La Moncloa dependa de un hipotético pacto de gobierno entre el PP y Vox aterra en el partido de Casado. En los acuerdos alcanzados hasta ahora siempre se les ha dejado fuera del gobierno, en buena parte porque Vox tampoco ha querido entrar en ellos para seguir ejerciendo mejor de partido antisistema. El PP no puede presentarse a unas elecciones con la expectativa de un acuerdo de gobierno nacional con Vox porque esto destruiría los avances que ha conseguido en el voto del centro, y sin éste, no tienen ninguna posibilidad de aspirar a ser de nuevo partido de mayoría de gobierno. Ésta es la perversa dinámica en la que se mueve Casado y con la que juegan tanto Vox como el PSOE. Barones como Núñez Feijóo ya han comenzado a dirigirse a Vox como «extrema derecha», lenguaje que no entra en la respuesta de Génova frente a las zancadillas de Abascal.