José Manuel García-Margallo: “Soraya no sumó a Rajoy, trajo la desunión al Consejo de Ministros”

El eurodiputado popular reconoce en una entrevista con LA RAZÓN las discrepancias internas que mantuvo con el último gobierno del PP: Cataluña, Gibraltar y la reforma de las instituciones. Publica su libro “Memorias heterodoxas” en el que desvela el gran poder que tenía la vicepresidenta en el Gobierno de Rajoy, Su relación con el ex presidente se deterioró después de que el ex ministro de Exteriores apoyara a Casado y no a Sáenz de Santamaría en las primarias.

El eurodiputado y ex ministro de Exteriores popular José Manuel García-Margallo se define a sí mismo como «de extremo centro», ha dedicado una vida entera al servicio público a través de la política. Bajo el título de «Memorias heterodoxas» (Península) hace un repaso de los acontecimientos políticos de la historia reciente de España que ha vivido de primera mano. Desvela las principales discrepancias internas en los gobiernos populares de los que formó parte a causa de la gestión de la crisis económica y del conflicto separatista. Reconoce el poder total que tenía Soraya Sáenz de Santamaría, y que la vicepresidenta «quería su cabeza»·

–¿Escribe «Memorias heterodoxas» por estar desacuerdo con el PP de su tiempo?

–La heterodoxia es lo contrario de ortodoxo. Yo he manifestado siempre mis posiciones sobre los temas de los que tenía capacidad para opinar, coincidiese o no con la línea oficial. En los partidos es muy tradicional que nadie se manifieste hasta conocer la opinión del que manda, y una vez ocurre, todo el mundo acata sin rechistar. Yo no he hecho ni una cosa ni lo otro. He discutido decisiones si no estaba de acuerdo, aunque luego lo he acatado salvo aquellas cosas en las que yo creía que había que manifestarse de forma clara. La primera vez que tomó una decisión que se separa de la línea del partido es con UCD, yo consideraba que había que incluir en el artículo segundo que habla de la indisoluble unidad de la nación española, el adjetivo indivisible. Se lo presente al presidente Suárez y me dijo que el grupo como tal no lo podía asumir pues ya había costado mucho la palabra indisoluble como para echar leña al fuego. Yo lo presenté como enmienda individual. A partir de ahí cada vez que he creído que tenía que manifestarme lo he hecho. En mi etapa dentro del gobierno de Rajoy, expongo tres grandes cuestiones que aún están abiertas: Cataluña, Gibraltar y la reforma de las instituciones. Si quiere, ahora que vivimos en una hegemonía cultural de la izquierda, soy un menchevique frente a la mayoría bolchevique.

–¿Cree que Rajoy debió ser más contundente tras el 1-O con el independentismo?

–No es un tema que empezara ayer. Mi discrepancia viene de cuando Maragall presenta el estatuto de autonomía, mi tesis era que teníamos que presentar un texto alternativo en el que se plasmara nuestra idea de Cataluña dentro de España. La siguiente discrepancia es tras la Diada de 2012. Hago una declaración diciendo que ha sido un éxito que rebela que el problema es muy serio y lo que no podemos es ocultarlo. La discrepancia importante es cuando quiero debatir con Junqueras, un terreno que no me era favorable, y en el que expliqué que para ser independiente no basta con quererlo, sino que la comunidad internacional te reconozca. La Asamblea de la ONU aprobó una resolución en la UE exhortando a los 193 Estados a no reconocer nunca las unidades estatales que sean fruto de decisiones unilaterales. Esa fue mi gran discrepancia y luego la más grave, con la consulta del 9-N de 2014, yo dije que había que evitar que se produjese, había que instar a la Generalitat a destruir las urnas y papeletas y en el supuesto de que desoyesen el requerimiento haber aplicado un 155 de 24 horas, poniendo los Mossos a las órdenes de Interior. Se debería haber abierto una negociación con Artur Mas sobre los temas que sí había solución; las inversiones en infraestructuras en siete años debían tener el mismo peso que la riqueza catalana tenía respecto a la riqueza nacional. Ley de lenguas. Por último, la financiación autonómica estableciendo la corresponsabilidad. Eso era un debate catalán y las tres patas que se tendrían que haber afrontado.

–¿Por qué cree le desoyeron Rajoy y Sáenz de Santamaría?

–Tenían un planteamiento distinto al mío, mantenían que se arreglaba aplicando las leyes por los jueces; la judicialización del proceso. Yo optaba por la no judicialización pues heredaba la internacionalización del conflicto. Ahora vemos que la judicialización ha desembocado en la internacionalización del conflicto con las euroórdenes, en el Tribunal de Justicia de la UE y muy pronto en el Tribunal de Derechos Humanos de la UE y en el Parlamento Europeo. Si lo que se intentaba era evitar la internacionalización, la judicialización era la vía más segura para llegar a la internacionalización.

–Junqueras reincidió ayer en la autodeterminación. ¿Puede Sánchez seguir con su mesa de diálogo?

–Volverán a hacerlo. La diferencia entre JxCAT y ERC es que Junts quiere la ruptura ahora y los republicanos hablan muy claro; hoy paciencia, mañana independencia. Pero ambos aspiran a lo mismo. La obsesión de Sánchez es perpetrarse en el gobierno. Él llega a la conclusión de que a ello se puede llegar con el PSOE vasco o catalán apoyando a los nacionalistas para que ocupen las instituciones autonómicas. Es verdad que el PSOE es una muleta para que gobiernen los nacionalistas. Es una cesión de parte del territorio a cambio de asegurarse gobierno. Eso le va bien a ERC y JxCAT, pues saben que no va a tener un gobierno tan débil y capaz de ceder tanto como el de Sánchez.

Usted llegó a tener una relación estrecha con Rajoy, que se enfrío después, tras la moción. Ahora que él es ex presidente, ¿ha tratado de restablecer la comunicación?

–Estas discrepancias empezaron a abrir diferencias, luego hubo una intoxicación interesada de que yo intentaba sustituirle, que era absurdo.

–¿De dónde venía esa intoxicación?

–Hubo reunión empresarial en las que se habló de la conveniencia de que Rajoy dejara la presidencia en favor de una persona de su estricta confianza, se manejaron el nombre de Ana Pastor y el mío. Luego he leído en el libro de Rajoy que había otros dos; Soraya Sáenz de Santamaría y Luis de Guindos. Yo no le di la mayor trascendencia, le dije que mis posibilidades e intención de sustituirle era ninguna. El tercer acontecimiento es cuando yo apoyé a Casado y no a Soraya, entonces la relación se deterioró.

–Usted desvela que Sáenz de Santamaría impuso la vicepresidencia única, eso demuestra el gran poder que ejercía sobre Rajoy. ¿Ella sumó o restó al ex presidente?

–Soraya no sumó a Rajoy. Es significativo que cuando se producen las primarias había seis candidatos, cinco éramos contrarios a Soraya. Hay una comida en la que todos los de Rajoy se alinean con Casado, es obvio que Soraya no trajo la unión al Consejo de Ministros sino la desunión. Soraya tenía poderes omnímodos: el CNI, la reunión de subsecretarios que daba el visto bueno o no a las propuestas legislativas, controlaba los créditos presupuestarios a través de Montoro... Controlando ella todos los medios de comunicación que perdiese contra Casado, indica que su popularidad no era excesiva.

–¿Trató Sáenz de Santamaría suceder a Rajoy sin primarias en la moción de censura?

–Sin dudas. Estamos hablando de una sucesión a la presidencia del Gobierno. Soraya, según me cuentan, decía que tenía los votos del PNV y que por tanto era la sucesora natural.

–¿Cómo gestionó Rajoy la moción?

–No se gestionó. Lo que se produce es una enorme sorpresa en el grupo parlamentario pues todos creíamos que cuando se acordaron los presupuestos se garantizaba la legislatura hasta el final. Nos sorprende que Rajoy no estuviese en la segunda parte de la moción y llegan noticias confusas de lo que ocurría en el restaurante en el que pasó la tarde, supimos que Soraya quería que dimitiese Rajoy y que se abortara la moción y que ella fuese candidata.

–¿Habría sido mejor su dimisión?

–Fui partidario de ello y de buscar un candidato de consenso aceptado por Cs y el PNV. Siempre creí que darle las llaves de la Moncloa a Sánchez era una maniobra sin marcha atrás. A Sánchez va a ser muy difícil sacarle de la Moncloa porque no hay moción de censura alternativa y tampoco si consolida esta maniobra de fragmentación de España a cambio de conseguir perpetuarse en el Gobierno.

–Y a usted, ¿quién quería verle fuera del Gobierno?

–Soraya, todas las noticias que tengo me indican esto. Era evidente que se declaró incompatible conmigo y exigió mi cabeza.

–¿Cómo valora el liderazgo de Casado?

–Hay que dejarle tiempo. Hereda un partido que se encuentra en una situación sin precedentes en la historia. El PP agrupaba todo lo que estaba a la derecha del PSOE. A partir de la irrupción de Podemos y Cs, resulta que tenemos en la frontera derecha a Vox, y en la izquierda a Cs y ello exige una navegación cuidadosa. Hay que dejarle tiempo para estructurar un programa que nos permita reconocernos a nosotros mismos y ser reconocidos por los demás como un gran partido de centro único. Soy partidario de la refundación con Cs y anclado en el centro, con nuestras propias propuestas y no solo reaccionando a las propuestas que vengan de la derecha o izquierda.

–¿Debe Casado confrontar con Vox?

–Debemos vender nuestro proyecto pues es francamente vendible. No solo es moderación y tener una voz más tenue, sino tener unos principios básicos como la unidad de España; la libertad e igualdad de españoles en derechos y obligaciones; el compromiso ineludible con derechos y libertades, incluida la igualdad de género; la separación de poderes; el respeto a la ley e instituciones internacionales...

–Sánchez quiere una legislatura de 1.400 días. ¿Cómo valora el gobierno PSOE-Podemos?

–Ha sido muy modesto, yo creía que iba a decir 1.400 años. No hay afrodisíaco más poderoso que el poder y ahora no van a hacer mala letra los separatistas que saben que no van a tener un gobierno más bizcochable que el de Sánchez.

–¿Le faltó tiempo para hacer Gibraltar Español?

–Sí. Hubiese insistido mucho y ahora es la gran ocasión. Con la negociación del Brexit. Tenemos la sartén por el mango. Hay que preocuparse mucho por los españoles que trabajan en el campo de Gibraltar, cuyo poder adquisitivo depende de Gibraltar y no es tolerable que en un Estado moderno la diferencia de renta entre el peñón y el territorio adyacente al peñón sea de uno a seis. Sus ingresos vienen del juego, del contrabando, de un régimen fiscal que no graba los beneficios que obtengan las entidades en Gibraltar, es un paraíso fiscal. No entiendo como la izquierda lo tolera, pues protesta de Panamá, pero es incapaz de acabar con una situación injusta.