El centro-derecha llega otra vez dividido y sin estrategia

Asume que la alianza Cataluña Suma no contendrá el «golpe». Ciudadanos llega en plena refundación y el PP sigue sin definir su papel en Cataluña

La convocatoria electoral en Cataluña pilla con el pie cambiado al bloque del centro-derecha. Ciudadanos, en horas bajas; con el discurso descolocado a la espera de ver qué pasa con las expectativas creadas por la mesa de negociación del Gobierno con ERC, que entrará previsiblemente en parálisis hasta que se resuelvan los comicios; y sin que tengan claro que la unidad de acción les suma o no a estas alturas, aunque la formación naranja rectifique y ahora sí se abra con mensajes contradictorios a aceptar la opción de Cataluña Suma, que ya propuso el PP en las anteriores convocatorias electorales.

El problema lo tienen en Vox, que no entrará en esa alianza, ésta ha sido su posición en el pasado y no se moverán ante las próximas elecciones autonómicas. El partido de Santiago Abascal irá por libre, en todo caso. Vox puede rentabilizar bien fuera de Cataluña el discurso de choque total con la política de negociación de Pedro Sánchez con ERC, pero no está tan claro que les vaya bien en Cataluña en el actual contexto, donde han cambiado las inercias y no manda el eje derecha-izquierda, y sí va a condicionar el debate el mantra “pro-diálogo”. En las últimas elecciones generales Vox consiguió un diputado, y el PP perdió cinco y vio reducirse también a un solo escaño su representación en Madrid por esta comunidad autónoma.

Ciudadanos dilapidó todo su capital en Cataluña y sacrificó su histórica victoria en unas elecciones autonómicas al servicio de la política de Albert Rivera para competir en Madrid con el PP. Ahora si se sientan en la mesa con los populares para sellar una alianza, el PP no pondrá el precio tan bajo. Aunque desde el partido de Casado señalan que “a priori” no marcan condiciones ni siquiera sobre quién debe liderar Cataluña Suma, y que habría que mirar nombres, la valoración de cada uno... Ciudadanos mantienen la confusión. Ayer Carlos Carrizosa dio a entender que apoyaban estudiar la opción de la alianza con el PP, que el lunes su partido, vía José Manuel Villegas, negaba. Inés Arrimadas surfea, más ocupada en el próximo Congreso del partido, en el que aspira a hacerse con el control de la “nave” naranja. Y mientras, el PP sigue a la espera. Pero el problema de fondo es que haya o no haya alianza, hasta del lado popular sus más firmes defensores son pesimistas sobre los resultados de esa nueva marca.

En Cataluña la política gira sobre referentes distintos a los nacionales. Igual que el PP pagó sus errores, ahora le toca costearlos a Ciudadanos, sin que esta resta sume por otro lado en el bloque de la derecha. Es decir, que en el PP no esperan beneficiarse de lo que pierda la formación naranja. En estas próximas elecciones catalanas la polarización derecha-izquierda que domina la política nacional no tendrá ningún efecto. Más que el enfrentamiento entre derecha e izquierda, lo que sí puede crecer, y así temen en el bloque del centro derecha, son las posturas pro-diálogo, el voto para PSC, Comunes y ERC, no por izquierdistas, sino por la promesa de solucionar el “conflicto”.

El bloque del centro-derecha, por tanto, tiene poco que ganar en estas nuevas elecciones anunciadas ayer por Quim Torra. Ciudadanos perderá su condición de fuerza más votada, y la campaña se planteará de inicio sobre la prueba de hasta dónde pueden contener esa caída. El reto para el PP, que se quedó sin grupo propio en 2017 y con cuatro diputados, está en limitar el “mordisco” que le pueda meter Vox en su electorado. Además, la fractura del bloque constitucionalista da aire al independentismo. Aunque desde el Gobierno se “caliente” la expectativa de que lo que saldrá de estas elecciones es una reedición del tripartito catalán, con ERC fuera de la alianza con JxCat, ese panorama tan “idílico”, según las conjeturas socialistas, tiene que superar obstáculos importantes. Está por ver que sume el tripartito. Y está también por ver si la suma del voto independentista se queda por encima o por debajo de la barrera psicológica de 50 por ciento del voto. Esto condicionará la Legislatura en clave nacional, el futuro de la estrategia de Sánchez para asegurar la estabilidad de su Gobierno y, al mismo tiempo, la política de oposición de la derecha.

El anuncio de elecciones de Torra reabre dentro del PP el debate sobre su estrategia y sobre el papel que tienen que tener en Cataluña sus dirigentes nacionales y, en especial, la portavoz parlamentaria, Cayetana Álvarez de Toledo. Su perfil “duro” fue la apuesta de Génova, de Pablo Casado, para combatir la crisis de su partido en Cataluña. Los resultados no acompañaron en las generales y desde la organización catalana ya han dejado advertencias sobre que no es la solución para recuperar posiciones.