Puigdemont intentó que Torra retrasase la ruptura con ERC

No se atrevió a expulsar a los miembros de Esquerra del Govern, pero les culpó de deslealtad y del fin de la unidad del independentismo

«¿Quién ha filtrado esto a LA RAZÓN?» Esta pregunta sobrevoló el martes por la noche en el Palau de la Generalitat. Al borde de la medianoche, los servicios de prensa de Joaquim Torra anunciaban un cambio de agenda del presidente catalán. A las 12 del mediodía iba a realizar una declaración institucional –ganará el premio Guiness en comparecencias a este paso– y retrasaba a primera hora de la tarde la reunión del Govern. En ese momento, los teléfonos ardían. Todo el mundo se preguntaba qué estaba pasando y cuáles eran los planes de Torra. Nadie lo sabía. Ni los consejeros de ERC ni los consejeros de Junts per Catalunya. La estrategia de Torra la había realizado con su núcleo duro. Ni siquiera Puigdemont, ni siquiera Laura Borràs, la líder del partido en el Congreso de los Diputados, conocían sus planes. Las claves sólo estaban en posesión de sus colaboradores más cercanos en el Palau de la Generalitat.

Por eso, la información de LA RAZÓN que decía que Torra valoraba la posibilidad de expulsar a los consejeros de Esquerra cobraba fuerza. Ni su vicepresidente conocía los planes de Torra, que mantuvo varias conversaciones con Puigdemont, que por su parte trataba de evitar una convocatoria electoral inmediata y una ruptura total con ERC. Y en la calle Calabria, la sede de los republicanos, no se descartaba que Torra expulsará a los republicanos del Gobierno. La tensión era tal que los pesos pesados de ERC se reunieron ayer por la mañana para valorar la situación y pensar en los diferentes escenarios, incluido el de ser apartados del Gobierno. El frenesí total. Laura Borràs en TVE afirmaba que cualquier escenario era posible, desde la convocatoria electoral hasta la expulsión de ERC del Govern.

Los dos partidos medían sus fuerzas y planificaban su estrategia ante el objetivo final: construir un relato en el que el adversario era el culpable de la caída del Gobierno y del adelanto electoral. A las 12 del mediodía, Torra compareció y fue claro «una vez que se hayan aprobado los presupuestos en el Parlament, anunciaré la fecha de las elecciones», porque «esta legislatura no tiene más recorrido político» y «ningún gobierno puede funcionar sin unidad, estrategia común y compartida en cuestiones fundamentales y sin lealtad entre sus socios». Es decir, el gobierno estaba roto por la actuación desleal de ERC que había roto la unidad independentista, había sido desleal con el presidente de la Generalitat y renunciado a los objetivos comunes que se fijaban en alcanzar la República Catalana».

Pero Torra, no se atrevió a romper con ERC. Les acusó de todos los males, pero mantuvo a sus consejeros con el objetivo de aprobar los presupuestos que, por cierto, han sido pactados con los republicanos y con los Comunes y que no cuentan con el entusiasta apoyo ni de Torra ni de Junts per Catalunya. ERC reaccionó de forma inmediata. Su permanente se volvió a reunir para valorar «la comparecencia del presidente Torra», como si una declaración a la prensa se tratara. Por su parte, este periódico ha tenido acceso al argumentario interno de Junts per Catalunya en el que se culpa de todos los males a Esquerra: «El presidente ha trabajado por la unidad estratégica. Ni el presidente ni el espacio político de Junts per Catalunya romperá la unidad del Gobierno porque es la única manera de ganar la libertad», para añadir «es imprescindible volver a dar la palabra a la ciudadanía para renovar el mandato político del 21 de diciembre de 2017. Los ciudadanos deben decidir las nuevas mayorías y confianzas que ahora ya no se tienen». De hecho, el argumentario afirma sin tapujos que JxC y Quim Torra no expulsan a ERC «si se van son ellos», comentó a LA RAZÓN un dirigente de esta formación.

Torra convocará las elecciones una vez sean aprobados los presupuestos, nunca antes de mediados de marzo, por lo que las elecciones serían en mayo e incluso en la primera quincena de junio, siempre y cuando la reunión de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo tome la decisión, antes de estas fechas, e inhabilite a Quim Torra como presidente de la Generalitat sin que se aprueben las grandes cuentas. Un escenario que no se puede descartar.

Al margen de esta decisión del Alto Tribunal, con los pasos de ayer, Torra evita la ruptura total y un adelanto inmediato electoral, como le pedía Puigdemont y su partido que está sin candidato. Opta por un adelanto en diferido, con las relaciones más que rotas con ERC, y señalando a los de Oriol Junqueras como los grandes culpables del fracaso independentista y, sobre todo, acusándoles de traición al president y a Cataluña, por frenar el proceso hacia la República Catalana. O sea, Torra dijo ayer quién era independentista y quién no, quién era patriota y quién no, y quién era traidor y quién no.

Los republicanos fueron a la reunión de Govern donde la tensión fue más que evidente, y Aragonés iniciará el trámite parlamentario que no estará exento de disgustos. Los socialistas piden elecciones, Ciudadanos y Partido Popular que Torra deje la Presidencia y los Comunes, único apoyo a los presupuestos quieren rapidez para aprobarlos.

Las próximas fechas políticas del calendario superponen pleno la próxima semana en el Parlament que aprobará iniciar el trámite parlamentario de los presupuestos con la cita de Torra con Sánchez. Una cita que el presidente catalán aprovechará para hacer un acto electoral. Según el argumentario de JxC, Torra exigirá «voluntad real de abordar el conflicto político» y, por responsabilidad, «comprobar si el gobierno español tiene voluntad de poner fin a la represión y de respetar los principios democráticos más elementales con garantías».