La nueva jefa del CNI, una mujer discreta y prudente para dirigir a los espías españoles

En 1983 se presentó a unas “durísimas” pruebas para lo que pensaba era una plaza para un Ministerio, las superó y solo entonces comprendió que había accedido al epicentro de la inteligencia de España

Paz Esteban será la nueva directora del CNI
Fotografía de la actual directora en funciones del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Paz Esteban López, que será nombrada por el Gobierno nueva jefa de los servicios secretos españoles el próximo martes. FOTO: Chema Moya EFE

Paz Esteban es, como se exige a un miembro del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), discreta y prudente. A pesar de llevar 37 años en la Casa, lo que se conoce de ella es menos de lo que se ignora. Cuenta poco y quienes la tratan a diario no añaden mucho más de lo poco que ya saben, quizás por esa discreción que han de guardar... Es tal el secretismo que reina en el «cuartel general» de la carretera de la Coruña en Madrid que ni siquiera van a decirte la cifra exacta de trabajadores que tienen. Así es, en líneas generales, Paz Esteban López, la primera mujer que alcanza ese puesto tras el cese del general Félix Sanz Roldán. De ser su número dos desde 2017 a dirigir un organismo en el que lleva más de la mitad de su vida, desde antes incluso de que se denominase así.

Porque Esteban (1958) entró en ese mundo de «espías» allá por el año 1983, cuando apenas tenía 25 años. Fue en lo que entonces se denominaba Centro Superior de Información de la Defensa (CESID). Pero cuando se preparaba para entrar no sabía dónde se estaba metiendo. Las pocas anécdotas de la nueva directora las ha desgranado Pilar Cernuda en su libro «No sabes nada de mí: Quiénes son las espías españolas». Y su llegada es una de ellas.

En 1983 se presentó a unas pruebas para lo que pensaba era una plaza para un Ministerio. Superó unas pruebas que tachó de «durísimas» y finalmente comprendió que había accedido al epicentro de la inteligencia de España.

Era la época en la que se abrió las puertas a la entrada de mujeres en el centro y en este aspecto no fue una pionera. Era una más en un mundo, eso sí, dominado por los hombres pero en el que la visión, la personalidad y el carácter femenino eran cada vez más necesarios.

Y desde ese momento no ha dejado de ascender. Hasta 2004 estuvo en puestos dedicados a la inteligencia exterior, con trabajos tanto dentro como fuera de España, con destinos y operaciones en diferentes países. Mucha calle, mucha diplomacia, mucho tacto y mucho conocimiento para conseguir ese dato con el que completar un informe clave para el Gobierno. Y la historia le acompañó –o marcó- su trabajo: los últimos coletazos de la Guerra Fría, la Caída del Muro de Berlín, el fin de la Unión Soviética... No estaba sola y contaba con el apoyo de esa especie de empleados fantasma que el CNI tiene repartidos por 70 países, además de con los medios tecnológicos. Pero, eso sí, Esteban fue ganándose paso a paso el respeto y la admiración de los suyos y los de fuera. De hecho, sus relaciones con los «espías» de otros servicios secretos son más que fuertes. De ella dicen que es una auténtica experta en eso de «trabajar en la sombra» y que sabe «moverse muy bien».

Así estuvo hasta 2004 (dos años antes el CESID se transformó en lo que ya es hoy el CNI). Desde ese año pasó a desarrollar funciones de planeamiento y estrategia en órganos de dirección, estando en contacto con prácticamente la totalidad de operaciones que desarrollan los servicios secretos en el exterior. Ya se movía menos fuera de nuestras fronteras y los mandos veían que apuntaba maneras. Tanto, que un año después de que el general Sanz Roldán llegase al Centro (en 2009), quiso que fuera ella la que desde 2010 asumiera la dirección de su Gabinete Técnico. Su trayectoria no tenía tachones y sólo éxitos, por lo que optó por tenerla a su lado.

Y lo debió hacer bien, porque siete años después, en 2017, se convirtió en la número dos del Centro tras la marcha de Beatriz Méndez de Vigo a Japón. Era la secretaria general de los espías españoles, la que comenzaría a descubrir la parte que le faltaba del Centro: el mando y la organización de un Ejército de más de 3.000 hombres y mujeres al servicio de la seguridad de un país.

Se convirtió en una especie de sombra de Sanz Roldán durante los nueve años que ejerció como su mano derecha y en numerosas ocasiones tuvo que sustituirle.