Los bloques se enquistan en Cataluña y persiste la fractura social

La sangría de Cs: Cede 237.000 votos al PP y 196.000 a Vox, mientras ERC arrebata un 12,8% de apoyos a JxCat, trasvasándole un 9% de respaldos

Gráfico con el trasvase de votos entre partidos
Gráfico con el trasvase de votos entre partidos

Han transcurrido 25 meses desde las elecciones autonómicas catalanas de 2017 y la correlación de fuerzas por bloques es muy similar a la de entonces. En los comicios de hace dos años los partidos separatistas consiguieron el 47,5 por ciento del voto, y hoy recibirían el 46,4%. Mientras que los contrarios a la independencia se alzaron con el 43,5%. Ahora obtendrían el 42,9 por ciento. Por lo que se asegura de nuevo el bloqueo y la división. Aunque la suma de todos los separatistas les otorgue una pequeña diferencia, tanto ahora como en el año 2017, no es suficiente para imponerse ni obtener una mayoría parlamentaria cualificada. La sociedad catalana sigue dividida. Al igual que no fue una solución las urnas de diciembre para superar al 155 de octubre, tampoco ahora una elecciones regionales resolverían el conflicto de convivencia y el declive general de Cataluña iniciado por los sediciosos. Recurrir a las elecciones para intentar superar situaciones políticamente complejas o problemáticas no es la solución. Cataluña ha sido llevada al caos por dirigentes políticos de los dos principales partidos políticos separatistas, los de Puigdemont y Junqueras, así como de sus mayores y emblemáticas organizaciones sociales, ANV y Òmnium, con «los Jordis» a la cabeza.

En el seno del independentismo se aprecia una moderada bajada de sus dos mayores exponentes; JxCat y ERC, que retroceden 2,2 y 0,4 puntos, respectivamente. Insuficiente para derimir cuál de las dos fuerzas se impondrá ahora a la otra, rompiendo el empate técnico de diciembre de 2017. En aquella ocasión ERC estuvo muy cerca de superar por primera vez desde las primeras elecciones autonómicas de 1980 a JxCat (heredera de CiU). Los resultados de la encuesta dan ahora una ligera ventaja a los de Junqueras sobre los del huido Puigdemont. Ambos conservan más del 70 por ciento de sus votantes de 2017: el 73.3% JxCat y el 74.6% ERC. Y en ambos casos es el partido rival en el seno del separatismo el que se lleva la mayor parte del voto tránsfuga; los de Puigdemont ceden el 12,8% de sus votantes a ERC y los de Junqueras trasvasan el 9,0% de sus electores a JxCat. La abstención es el segundo destino del voto que pierden ambas formaciones; el 8,1 por ciento y el 6,8%, de la base electoral de JxCat y ERC, respectivamente, elige la abstención.

El tercer socio independentista, la CUP, mejora en 1,4 puntos, pero no logra compensar la caída de los dos principales partidos separatistas. En el campo de los contrarios a la independencia encontramos un mayor movimiento de votantes dentro del mismo bloque, a pesar de que el retroceso de su conjunto es de 0,6 puntos, inferior a los 1,1 puntos del bando independentista.

El mapa electoral actual es muy distinto al de diciembre de 2017. Ciudadanos pasa del 25,4% al 10,3%. El PP sube del 4,2% al 8,9% y los socialistas, del 13,9% al 17,4%. Mientras que Vox irrumpe con el 6,3% de los votos. Aunque globalmente se pasa del 43,5% al 42,9% del voto, los cambios individuales son mucho más significativos, y todos se sustentan por la transferencia de votantes de Ciudadanos a los tres otros partidos.

La mayor remesa de voto de la formación naranja, concretamente 237.000 votantes, elige el Partido Popular. Otros 196.000 se van a Vox y el PSC es el destinatario de 125.000 votantes. La abstención es el refugio de otros 159.000 votantes de CS.

Esquemáticamente, 433.000 electores de los de Arrimadas se reparten de forma bastante equilibrada entre las dos opciones a su derecha, PP y Vox, y 125.000 marcha a su izquierda, al PSC. Simplificando, por cada uno que marcha a la izquierda, cuatro se unen a la derecha. Pero queda huérfana una importante bolsa de electores naranjas que no elegirían ninguno de estos tres partidos; 159.000 se abstendrían.

La derechización de CS, iniciada en 2017, a lo que se une el proyecto respaldado por el partido naranja de buscar una confluencia electoral con el PP en Cataluña, hace que una importante parte del electorado de CS no se identifique plenamente ni con Cataluña Suma, ni con un PSC acercándose a ERC.

Por lo que hay un espacio de centro/centro-izquierda, constitucional, que ninguno de los actuales partidos políticos catalanes ocupa. Habría que pensar que opciones como la liderada por Manuel Valls podrían perfectamente asentarse en este terreno político. Lo mismo sucede en el bando antes llamado nacionalista, concretamente el hueco que el separatismo deja al catalanismo de centro. Son 191.000 los ex votantes de JxCat y ERC que manifiestan que o bien no votarían en unos nuevos comicios o bien lo harían a otros partidos distintos de los que participaron en las últimas elecciones catalanas.