El divorcio de Sánchez

Sánchez e Iglesias firman el programa de su futuro gobierno de coalición
El candidato a la investidura, Pedro Sánchez (d), y el líder de Podemos, Pablo Iglesias (i), estrechan sus manos tras el acto de firma del acuerdoJuanJo MartínEFE

Desde que se formó el gobierno, Podemos y PSOE están en una especie de carrera por demostrar cuántas cosas se pueden hacer desde el poder. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han formado una pareja peculiar, han quedado atrás aquellos tiempos de desconfianza y de pelea, aunque aún siguen mirándose de reojo.

No lo hacen con malicia, sino sabedores de que su sociedad mercantil es muy frágil. Como dos buenos machos alfa compiten, eso sí, deportivamente y cada día pugnan por colocar a los medios de comunicación una nueva medida que han aprobado en tal o cual ministerio.

Han decidido transigirse cosas, como lo de Dolores Delgado y se permiten licencias que en otro tiempo hubiese dado lugar a un intercambio de palabras gruesas y de reproches mutuos. Incluso han llegado al grado de defenderse públicamente en aras del bienestar de su unión. Se podría decir que la parejita vive una luna de miel, se miran a los ojos y se entienden.

Sin embargo, no se debe olvidar que es un matrimonio de conveniencia y este tipo de enlaces pocas veces terminan generando amor verdadero, muy al contrario, suelen fracasar estrepitosamente más pronto que tarde.

Nadie les puede negar el esfuerzo que están haciendo ambos, pero dentro de poco se enfrentarán a la realidad de sus intereses opuestos, cada uno empezará a barrer para su casa, causar la cobertura mediática que les da la institución en contra del otro socio y en el momento en que menos lo esperemos, saldrá a borbotones por sus bocas todo un mundo de agravios y ofensas que han tenido que soportar mutuamente durante el mandato.

Tanto Sánchez como Iglesias han tenido otros divorcios, pero aquellas parejas eran fruto del amor, como Errejón, Bescansa, Sumelzo o Carcedo, nombres que ya solo figuran en las actas. En pocos años, si cualquiera de los dos líderes mira a su alrededor no ve a nadie de los que empezaron con él y es muy duro celebrar el cumpleaños cada año con amiguitos nuevos.

Esa experiencia en rupturas les ha llevado a celebrar esta vez un enlace de intereses. Donde no pudo el amor, podrán los intereses debieron pensar, aunque no han aprovechado su dilatada experiencia con otras parejas para dar con el secreto y la sabiduría de cómo mantener la estabilidad conyugal, sino que más bien se han doctorado en lo contrario, es decir, en cómo desembarazarse del otro sin apenas dolor.

Hace unos días nos recordaba un magnífico profesor que se emiten dos informativos al día, probablemente no habremos visto los próximos 700 cuando Sánchez e Iglesias se pidan el divorcio.

La separación será proporcional al amor de la luna de miel. Lo pedirán cuando el líder socialista decida convocar unas nuevas elecciones, porque así lo ordene Iván Redondo, o cuando el podemista crea que el presidente va a convocar y quiera anticiparse. Esta vez no es un divorcio por desamor, es decir, nada personal, solo poder.