Casado fulmina a Alonso y recupera al «aznarista» Iturgaiz para el PP vasco

Crisis en el PP vasco por el pacto con Cs: Génova impone que Iturgaiz sea el candidato a «lendakari». El líder vasco había comunicado a su equipo su intención de aguantar: «Si quieren, que me echen». La crisis hace aflorar las dudas entre dirigentes territoriales sobre la estrategia nacional de coalición con Cs.

Pablo Casado intervino ayer en la crisis abierta entre la dirección nacional del PP y la dirección vasca por la negociación del acuerdo de coalición con Ciudadanos (Cs) con el cese del presidente de los populares, Alfonso Alonso, como candidato a «lendakari». Como adelantó este periódico al inicio de la negociación con la formación naranja, la cabeza de Alonso no era una línea roja en las conversaciones con Cs, y los hechos han confirmado la victoria de quienes entendían que era el momento de ejecutar el relevo de Alonso para situar a otra «cara» más próxima al equipo de Casado en lo político y en lo personal.

El elegido es Carlos Iturgaiz,un histórico, ex presidente del PP vasco y ligado al ala del partido más vinculada al «aznarismo». Está en la órbita del ex ministro Jaime Mayor Oreja o de María San Gil, también referentes de los populares vascos, pero que se quedaron a un lado en la evolución de la organización regional. y en los procesos de renovación. Alonso representaba al ala moderada o al partido de la etapa de Rajoy.

La crisis, que en lógica llevaría a una gestora, estalla en pleno proceso electoral, con el partido dividido, y con una mayoría hasta ahora del lado de Alonso. Su intención era aguantar, como trasladó hasta el último momento a su equipo. «Si quieren, que me echen». Hoy había convocado una Junta Directiva en la que su equipo confiaba en que Alonso obtendría el apoyo mayoritario desde la posición fijada ayer por su «número dos», Amaya Fernández, la de apelar a Génova a renegociar la alianza con Ciudadanos para «ajustarla a la realidad política de Euskadi». Tenía el aval de Álava y del grueso, más de la mitad, del partido en Vizcaya, salvo el de la presidenta, Raquel González. Guipúzcoa no es significativa en los equilibrios internos.

El pacto con Cs ha provocado una crisis sin precedentes entre Génova y la formación regional, mientras que ha dado oxígeno a la portavoz parlamentaria de Cs, Inés Arrimadas, en un contexto precongresual y con muy malas perspectivas para su formación para las elecciones del 5 de abril tanto en Galicia como en el País Vasco. En esta última comunidad autónoma Ciudadanos estaba condenado a certificar su desaparición, ya no tienen representación, pero el acuerdo les resucita y les facilita voz para los próximos años.

Las «formas» con las que se ha negociado la coalición con Cs en Madrid han sido la justificación de la negativa de Alonso a firmar el pacto, junto con el argumento de que en el preacuerdo sellado el pasado viernes se le concedía a Cs, según se ha quejado la dirección del PP vasco, una representación que no se corresponde con su posición en el territorio, que es «la nada» en cuanto a escaños o cargos públicos.

Al final los árboles no están dejando ver el bosque, y más allá de si son o no dos los puestos de salida de Cs en las listas vascas, el problema es mucho más de fondo y viene de lejos. Hay un distanciamiento crónico entre la dirección regional de Alonso y el equipo de Casado. Desde hace meses hay problemas de interlocución y movimientos en Madrid para intentar descabalgarle de la presidencia del partido.

Las «formas» con las que se ha negociado la coalición con Cs en Madrid han sido la justificación de la negativa de Alonso a firmar el pacto, junto con el argumento de que en el preacuerdo sellado el pasado viernes se le concedía a Cs, según se ha quejado la dirección del PP vasco, una representación que no se corresponde con su posición en el territorio, que es «la nada» en cuanto a escaños o cargos públicos.

Al final los árboles no están dejando ver el bosque, y más allá de si son o no dos los puestos de salida de Cs en las listas vascas, el problema es mucho más de fondo y viene de lejos. Hay un distanciamiento crónico entre la dirección regional de Alonso y el equipo de Casado. Desde hace meses hay problemas de interlocución y movimientos en Madrid para intentar descabalgarle de la presidencia del partido.

Pero el País Vasco puede no tener fuerza representativa o arrastrar malos resultados electorales, pero sí tiene una fuerza simbólica reconocida mayoritariamente dentro de la organización popular.

Alonso fue el primer alcalde del PP en Vitoria, es un ex ministro y un ex portavoz parlamentario, más allá de venir del «marianismo» y del «sorayismo». Y entre el «aparato» que le apoya hay históricos que se han significado por estar en primera línea en la lucha contra el terrorismo y en los años más duros contra ETA.

El pulso se sustanciaba en si Alonso aguantaba o no aguantaba, pero el problema es más de fondo. Desde Génova le han señalado por no colaborar «en la coalición con Ciudadanos necesaria dentro de la operación de reagrupamiento del centro derecha». Han negado que se haya dejado fuera de la negociación al PP vasco e incluso han denunciado que Alonso «ha boicoteado» lo que no era sino un borrador de acuerdo, al que a última hora le invitaron a participar porque no estaba cerrado. Un juego de filtraciones y de versiones de parte que coloca al PP ante un modelo de partido al que no está acostumbrado y con el que en la mayoría de las organizaciones regionales no se identifican.

Desde la dirección nacional han hecho este fin de semana una ronda de contactos entre dirigentes territoriales de peso para medir las sensaciones, apoyos y la repercusión de la crisis. Y la realidad, más allá de estas llamadas, es que internamente, y esto debería ser motivo de debate, hay dudas sobre cómo se impulsa la coalición con Ciudadanos en la realidad política que dejaron las elecciones de noviembre. La gestión del acuerdo vasco preocupa y hasta asusta en otras provincias, donde temen que el coste de la operación de España Suma, para facilitar que Pablo Casado llegue a La Moncloa, sea también que se impongan posiciones y cuotas no ajustadas a la realidad territorial. Casado se ató a España Suma en las elecciones generales y en Génova están convencidos de que es la única manera de concretar una unión del centro derecha que abra la puerta a echar a Pedro Sánchez de Moncloa. Pero dentro del partido se preguntan en distintos niveles si tiene sentido dar oxígeno a Ciudadanos cuando está condenado a caer por su propio peso en los próximos años, y sin que esto arregle el problema que les sigue creciendo por la derecha, que es el de un Vox que continúa al alza.

Además, en el PP hay bastante acuerdo en que no se puede dejar fuera de una negociación al PP vasco porque allí, como en Galicia, hay una identidad propia. Y en la medida en que se vea que se está manejando todo desde Madrid, se acaba pagando en las urnas. Las decisiones se tienen que escenificar en el País Vasco, con una intervención mínima y discreta de Génova. De hecho, la coalición PP+Cs se enfrenta a un importante riesgo en estas elecciones porque puede no mejorar resultados y asumir como marca el coste de este fracaso. Los populares vascos temen que en estas elecciones puedan quedarse en cinco o seis escaños, cuando ahora tienen 9, y esto supondría inevitablemente un fracaso de la coalición en sí misma.

Las elecciones están sometidas a condicionamientos propios del terreno y el gran adversario de los populares es el PNV, por paradójico que pueda resultar, como tienen medido en el partido. En el País Vasco el PNV tiene una imagen de moderación que contrasta con la percepción a nivel nacional, y el PP combate con estas siglas más que con las del PSE o las de Cs, inexistentes hasta ahora. Por cierto, el fracaso de la coalición que intentó imponer Arrimadas en Galicia confirmará, previsiblemente, la extinción de la formación naranja en el feudo de Alberto Núñez Feijóo. El «barón» gallego fue uno de los primeros en significarse en público con un apoyo rotundo a Alfonso Alonso.