La composición de la mesa hace estallar la brecha interna en JxCat

Foto fija de la desunión del independentismo: Los partidos secesionsitas ponen de manifiesto sus tensiones internas en la recta final previa a la reunión con Sánchez en Moncloa: «Los puentes entre Torra y Puigdemont no están en su mejor momento».

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se reunió el pasado 7 de febrero con los empresarios catalanes en Barcelona
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se reunió el pasado 7 de febrero con los empresarios catalanes en BarcelonaQuique GarciaEFE

Joaquim Torra reaccionó airado a la cita que le propuso Pedro Sánchez el 24 en el Palacio de la Moncloa. El movimiento del Gobierno descolocaba su estrategia de retrasar la primera reunión de la Mesa de Diálogo. Reaccionó con celeridad. Los «mosquetorras», como se conoce en el independentismo, con un cierto tono despectivo, al círculo de asesores más cercanos del presidente catalán, Anna Figuera, Pere Cardús y Joan Ramón Canals, se pone en marcha cuestionando de inmediato la cita por problemas de agenda, acusando al Gobierno de actuar con deslealtad al imponerla sin negociarla porque el aviso se produjo con sólo 10 minutos de antelación sin posibilidad de negociar. Otras fuentes del Govern aseguran, por el contrario, que Torra conoció las intenciones de Sánchez de convocar la reunión al menos un día antes. La consellera de Presidencia, Meritxell Budó lo niega y Moncloa evita la polémica.

Con este argumentario y sin consultar con ERC, ni tan siquiera con los consellers de Junts per Catalunya, Torra envía una carta a Moncloa. En ella, se proponen nuevos días y se plantean exigencias de máximos, tensionando el encuentro. El objetivo que el Gobierno en respuesta no convocara la Mesa. Así Torra lograba volverla a retrasar, al menos hasta después de la celebración del acto de Puigdemont el día 29 en Perpiñán. A tan solo 25 kilómetros de la frontera, Carles Puigdemont, quiere darse un baño de masas para marcar la hoja de ruta de JxC ante las próximas elecciones para erigirse de nuevo en líder incuestionable del independentismo. Al acto acudirán representantes de todos los grupos independentistas, incluida ERC que acepta el «tragalá» enviando una representación de su ejecutiva, aunque sin la presencia de Pere Aragonés.

Sin embargo, las expectativas de Torra no se cumplieron. Menos de dos horas tardó Moncloa en contestar la carta de Torra aceptando una nueva reunión el día 26. Desde la Generalitat se vendió el cambio de fecha como una victoria de Torra sobre Sánchez, sin embargo, la proximidad de la cita volvió a desatar las hostilidades entre ERC y Torra, algo habitual y poco disimulado y, sobre todo, entre Torra, Puigdemont, los diferentes aspirantes a candidatos y los sectores más desencantados de JxC, refugiados –todavía– en el PDeCAT, abriendo una auténtica guerra civil en el seno del espacio neoconvergente.

Joaquim Torra se reunió el 6 de febrero con Sánchez. Tuvo que aceptar a regañadientes que Sánchez realizara una rueda de prensa en el Palau. 24 horas después el discurso cambió. La estrategia de Torra pasaba por erigirse en el duro de la negociación manteniendo desde el minuto una las reivindicaciones del independentismo: fin de la represión, amnistía, reconocimiento del derecho de autodeterminación, reparación a presos y exiliados y mediación internacional, y, sobre todo, en apropiarse de la Mesa de Diálogo de la que renegaba por inoperante. La Mesa ya no era de ERC, era la Mesa de Torra. Por eso, la Mesa de Diálogo pasa a denominarse Mesa de Negociación, plantea los postulados más maximalistas del independentismo para «forzar la situación buscando la confrontación» y propone la entrada de las entidades soberanista en la delegación catalana, para minimizar a ERC y limitar el papel del líder republicano y vicepresidente Pere Aragonés. Con estos postulados Torra convoca una cumbre independentista el Día de los Enamorados.

Al cónclave acudieron todos los partidos y Òmnium Cultural y la ANC. Torra planteó una propuesta unitaria del independentismo en la delegación catalana y la respuesta fue un fracaso anunciado. La ANC de Elisenda Paluzie rechazó el diálogo en sí mismo porque «el soberanismo pierde fuerza con la negociación» y Òmnium no aceptó participar en la Mesa porque «era de gobiernos», y las entidades civiles «no son electas». La CUP se puso de lado, y ERC se mantuvo inflexible en su posición favorable al diálogo porque «se ha forzado al Gobierno a negociar», y puso énfasis en que la delegación catalana debía estar solo formada por el Govern. Por si fuera poco, ERC y Òmnium expresaron su oposición a presentar batalla por la figura del mediador porque consideraron como verbalizó Carme Forcadell, la ex presidenta del Parlament, «solo es necesario –el mediador– si las partes no quieren negociar». Y Junts per Catalunya mantuvo la prudencia y se distanció de Torra, incluso en este delicado tema de el mediador.

Junts per Catalunya vive su propia crisis. Su estrategia no es exactamente la misma que la de Puigdemont, que trata de mover sus peones para controlar a JxC y, por ende, las listas electorales. Por eso, todos los movimientos tienen importancia. Puigdemont ahora da todos los parabienes a Jordi Puigneró, conseller de innovación, que se ha convertido en un contrapoder a Torra y lidera al sector más contrario al president, lo que indica que «los puentes entre Puigdemont y Torra no están en su mejor momento», afirman fuentes nacionalistas. Enfrente de Puigneró se sitúan como aspirantes del trono neoconvergente Damià Calvet (Territorio) y Àngels Chacón (Empresa, y candidata genuina del PDeCAT) también aspiran a tener su papel en estos meses, y evidentemente en la Mesa de Diálogo- dónde no se puede olvidar a Meritxell Budó (Presidencia). Además, no todos los sectores quieren que Torra tenga, además del botón electoral, el botón rojo de destruir la Mesa de Diálogo. La propia Budó insiste en estos días que «el Govern no se levantará de la Mesa de Negociación», intentando frenar las posibles intenciones de Torra de hacer saltar todo por los aires a la primera de cambio.

ERC se mantiene firme en la composición de la Mesa. Aragonés, Esther Capella (Justicia) y Alfred Bosch (Exteriores), y no se cierra a la posibilidad de incluir a miembros de partidos. Elsa Artadi podría incorporarse a la Mesa lo que sería compensado con Marta Vilalta o Josep María Jové, si el Gobierno de España acepta esta propuesta. Aragonés y Torra mantienen unas relaciones amables dentro de la discrepancia. El jueves por la mañana se reunieron en Palau y en esa reunión conocieron la aceptación de Sánchez a la fecha del 26. Finalizó el encuentro sin ningún tipo de aproximación. ERC sabe que el miércoles no surgirá ningún acuerdo, pero para los republicanos «la foto ya es un éxito», y tratarán de aprovecharlo.

Por eso, el Govern estudiará el martes las 44 propuestas, a la espera de los informes de las consellerias que van con retraso, que Sánchez realizó. Todos están de acuerdo que estos temas no deben tratarse en la Mesa de Diálogo, que se centrará en los temas más políticos, sino en la Comisión Bilateral, que no está tan siquiera convocada. Torra irá al frente de la delegación catalana en la que al menos habrá tres posiciones. La de ERC, la de JxC y la de Torra, también una foto fija de la desunión en el independentismo que piensa más en las elecciones -los partidos saben que mientras esté Torra no cabe esperar demasiado-, y en la desunión de JxC en la que diferentes sectores tratan de imponer su modelo. Un modelo que es rechazado por sectores del PDeCAT liderados por Marta Pascal. Algunas fuentes la situaron en Bruselas en una reunión con Puigdemont. Poco se sabe del contenido del encuentro, pero parece que Pascal anunció a Puigdemont a formar una candidatura independentista moderada en las próximas elecciones auspiciada por el «grupo de Poblet» donde se sitúan destacadas figuras del partido, cargos municipales y parte de la militancia del PDeCAT. A estos grupos podrían unirse Units per Avançar, la antigua Unió Democràtica, ahora coaligada con el PSC. Ramón Espadaler se muestra abierto a explorar la posibilidad y el PSC asegura que no pondrá palos en las ruedas, e incluso la formación que nace de la fusión de Lliures y Lliga Democràtica que celebra el mes que viene su congreso.