La encuesta de cinco escaños que desató la caída de Alonso

Iturgaiz es una solución transitoria para silenciar a los pesos pesados. Busca blindar al líder del futuro ante unos malos resultados

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El PP vasco queda de manera transitoria en manos de la que hasta ayer era la «dos» del partido, Amaya Fernández, después de que Alfonso Alonso anunciara formalmente la renuncia al cargo por no tener la confianza de la dirección nacional. La dimisión fue la reacción a la decisión de Pablo Casado de ejecutar su cese como candidato a «lendakari» tras el choque por la negociación de la coalición con Ciudadanos, un movimiento que sirvió para cortocircuitar lo que iba a suceder ayer por la tarde en la Junta Directiva vasca y cambiar el signo de la misma.

En esta reunión de la dirección regional, hasta el mismo domingo Alonso tenía la intención de resistir y mantenerle el pulso a la cúpula nacional, con el respaldo del grueso del PP vasco.

La crisis por la alianza con Ciudadanos coloca al PP vasco ante un horizonte muy incierto en cuanto a estrategia y en cuanto a resultados electorales porque los datos que manejaban los populares antes del «incendio» ya apuntaban a los cinco/seis escaños. En las últimas elecciones de 2016 consiguieron nueve escaños, como marca en solitario.

Detrás de esta caída progresiva en apoyos electorales los populares vascos acumulan tropiezos en la búsqueda de su identidad para ajustarse a la nueva etapa que abrió la derrota de la banda terrorista ETA. Y vuelven a estar ante el mismo dilema.

El elegido como candidato a «lendakari», Carlos Iturgaiz, es un hombre de consenso, un referente vasco y una persona de partido, con una acreditada hoja de servicios prestados a las siglas del PP. No era la primera opción de Génova ni es la definitiva. Y, de hecho, ya fue relegado por la actual dirección en las últimas elecciones europeas, prueba de que no estaba en el equipo con el que contaba Casado para esta nueva etapa. Ayer Iturgaiz se desplazó a Madrid para entrevistarse con Casado en la sede nacional del partido y analizar la situación y la organización del arranque de la campaña.

Al margen de la intrahistoria de la negociación del acuerdo de coalición con Ciudadanos en el País Vasco, la relación de Génova con Alonso era insostenible y, como reconocen en el PP, «después de que todo saliera mal», Iturgaiz fue la solución improvisada para intentar echar agua al «incendio». Su perfil es, posiblemente, el único de consenso que puede silenciar el malestar de los «pesos pesados» del partido con la gestión de esta negociación, como así ha sido.

Ayer se vio como su nombre suscitó de inmediato el apoyo de los principales referentes territoriales, incluso el de quienes se han significado en las últimas horas por dar su apoyo a Alfonso Alonso, como hizo el presidente de la Xunta y candidato en las elecciones gallegas, Alberto Núñez Feijóo. Ayer Feijóo optó por colocarse al margen y valorar el perfil del nuevo candidato. «Iturgaiz ha aportado victorias importantes», resaltó.

Aunque el primer movimiento de Iturgaiz choque con el eje de su campaña. En Galicia marcan sonoras distancias con Vox, mientras que en el País Vasco el nuevo candidato se estrenó tendiendo la mano al partido de Santiago Abascal. La respuesta de Vox fue reivindicar su decisión de concurrir en solitario y frente a la coalición PP+Cs. «Vamos a por todas el 5-A».

En Génova toca ir «a lo que se pueda» y «desembarco nacional» en el País Vasco. Sin previsión de que vaya a convocarse un Congreso del PP vasco a corto plazo, como ya ha ocurrido en Asturias o en Cantabria, porque el «guión» de Génova pasa por esperar a que se calmen las aguas para que a medio plazo puedan abrir la vía para impulsar otro liderazgo regional más próximo a Casado y al nuevo PP. Ahora han preferido protegerlo del previsible mal resultado de estas elecciones del próximo 5 de abril.

Nombres

Beatriz Fanjul. Diputada por Vizcaya. La sitúan como la futura líder. En Génova la retiran de las quinielas. «Ya es de Madrid»
Amaya Fernandez. Es la «mano derecha» de Alonso y se queda al frente del partido para evitar la gestora.

Por cierto, dentro de la dirección del partido hay quienes retiran el nombre de Beatriz Fanjul de las «quinielas» para ese nuevo liderazgo. Fanjul está en la órbita del nuevo PP de Casado, fue cabeza de lista por Vizcaya en las últimas elecciones generales y es diputada. «Pero ya es de Madrid», explican quienes la descartan como futura presidenta de los populares vascos.

El primer desafío de Iturgaiz es mantener unida a su organización regional. El apoyo de los «pesos pesados» del PP calma la crisis nacional, pero también tienen que tapar los agujeros que se han acentuado en la estructura orgánica en un momento en el que todo el partido debería remar a una en la movilización de la militancia y del voto.

La campaña, en las circunstancias que dejaba el enfrentamiento de Alonso con la dirección nacional, era imposible. Pero tampoco les será fácil gestionarla con los daños colaterales que deja la caída de Alonso. Tenía el apoyo y el control de Álava y de buena parte de Vizcaya, no de la presidenta provincial. Entre algunos de sus apoyos orgánicos, históricos también del PP vasco, hay la sensación de que la crisis ha servido para hacer un «ajuste» de cuentas, sospechas con las que tendrá que lidiar Iturgaiz. Encendidos elogios como los que ayer recibió de la portavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, echan leña a esas «sospechas». Había criticado a Alonso por considerar que mantenía una «tibia» posición frente al nacionalismo vasco. Ayer recibió a Iturgaiz con aplausos por ser «un ejemplo de coraje, convicciones democráticas y capacidad de desafío frente al nacionalismo». Estas alabanzas contrastan con su enfrentamiento con Alonso, que provocó malestar incluso dentro de la organización vasca.