Nuevos “ojos” y “oídos” para los guardianes del espacio aéreo español

El Ministerio de Defensa instalará nuevos radares en cinco de los trece escuadrones de vigilancia aérea del Ejército del Aire

España cuenta con una amplia red de radares que vigilan día y noche su espacio aéreo. Estos equipos operan desde los bautizados como Escuadrones de Vigilancia Aérea (EVA) del Ejército del Aire, ubicados en hasta 13 puntos estratégicos de la geografía de la península Ibérica, y también de Canarias y Baleares, que permiten la detección e identificación inmediata de cualquier posible amenaza a la seguridad que proceda del aire.

El Ministerio de Defensa acaba de lanzar un programa para la modernización de estas unidades, los “ojos” y “oídos” del sistema de defensa aérea español, que implicará la instalación de nuevos radares en cinco de los emplazamientos durante los dos próximos años. Estos sistemas, con tecnología de última generación, mejorarán los tiempos de detección y la capacidad para procesar y transmitir datos.

La vigilancia del espacio aéreo, misión de la que es responsable el Ejército del Aire, está articulada en torno al Sistema de Mando y Control Aéreo (Simca), con centros de operaciones en las bases de Torrejón de Ardoz (Madrid), Zaragoza y Gando (Canarias).

Estos centros se nutren de la información que captan los trece escuadrones: EVA 1 de El Frasno (Zaragoza); EVA 2 de Villatobas (Toledo); EVA 3 de Constantina (Sevilla); EVA 4 de Rosas (Gerona); EVA 5 de Aitana (Alicante); EVA 7 de Puig Mayor (Mallorca); EVA 9 de Motril (Granada); EVA 10 de Noya (La Coruña), EVA 11 de Álcala de los Gazules (Cádiz); EVA 12 de Espinosa de los Monteros (Burgos); EVA 13 de Sierra Espuña (Murcia); EVA 21 de Pozo de las Nieves (Gran Canaria) y EVA 22 de Peñas del Charche (Lanzarote). Las instalaciones crean una especie de malla invisible que cubre todo el espacio aéreo. Son los responsables de la alerta temprana. Ninguna aeronave entra en España sin que ellos la detecten.

El elemento más característico de estas unidades es su radomo, una cúpula de 17 metros de diámetro en la mayoría de los casos blanca o grisácea, visible en los días claros desde decenas de kilómetros, que protege las antenas de los radares de las inclemencias meteorológicas. Todos están ubicados sobre elevaciones del terreno, en algunos casos, sobre cimas, como el pico de Aitana de 1.558 metros, el pico de las Nieves de 1.956 metros o el Puig Mayor de 1.445 metros, techos de las provincias de Alicante, Las Palmas y Baleares, respectivamente. Desde sus privilegiadas posiciones vigilan el aire sin descanso: 24 horas al día, los siete días de la semana.

En cada uno trabaja un destacamento de en torno a medio centenar de militares del Ejército del Aire, responsable del funcionamiento del radar y de garantizar la seguridad en las instalaciones. La principal infraestructura es un edificio con características similares a un búnker donde está el radar, los sistemas que dan servicio a éste, los sistemas de comunicaciones y las instalaciones donde hacen el día a día los militares. La comodidad es fundamental en estas bases, puesto que en los inviernos más duros algunas unidades pueden pasar aisladas más de una semana. En el EVA de Espinosa de los Monteros (Burgos), por ejemplo, situado a 1.659 metros de altura en el Picón del Fraile, conocen de sobra los efectos de los temporales de nieve frecuentes en el periodo estival.

El inicio de estos destacamentos se remonta a los años 60 del siglo pasado. Los primeros fueron instalados en colaboración con la Fuerza Aérea estadounidense (Usaf), después de los Pactos de Madrid entre EEUU y la dictadura franquista. España en las décadas siguientes completó la actual red de escuadrones, que cuenta con 13 bases desde el año 2002.

Nuevos radares “Lanza”

Casi 20 años después, el objetivo ahora es continuar a la vanguardia tecnológica, por lo que es necesario reemplazar los radares más antiguos RAT-31 SL/T de Alenia operativos todavía en los EVA de Villatobas, Aitana, Motril, Espinosa de los Monteros y Peñas del Charche, por radares “Lanza" de la empresa española Indra, que ya están en servicio en los ocho escuadrones restantes. El Ministerio de Defensa señala que “uno de los riesgos más importantes a los que se enfrenta el Simca es la obsolescencia de los sistemas radar y determinadas carencias técnicas que afectan tanto a la disponibilidad, como a la operatividad de los equipos”.

También hay una razón técnica para este cambio de radar. España ha puesto en marcha un plan nacional en el que están involucrados varios ministerios para implantar la tecnología 5G, hasta diez veces más rápida que el 4G, que revolucionará las comunicaciones. Dentro de este proceso, resultará necesario la sustitución de los radares del Ministerio de Defensa que operan en la banda 5G, como es el caso del RAT-31, por otros radares que trabajan en otras bandas de frecuencia.

Su sustituto, el radar de largo alcance “Lanza”, tiene la capacidad de controlar un mayor número de aeronaves a una distancia máxima de hasta 470 kilómetros y 30 kilómetros de altura. Se trata de un sistema 3D, que proporciona cobertura en las tres dimensiones, de la empresa española Indra, desarrollado a partir de la segunda mitad de los años 80 del siglo pasado. El primero de este tipo fue instalado en 2001 en el EVA de Sierra Espuña.

Con precio por unidad que ronda los 25 millones de euros, puede ser configurado como sistema radar de largo alcance extendido, en emplazamiento fijo o móvil; sistema de medio alcance; o sistema de uso dual civil-militar. El programa de modernización de Defensa implica también el apoyo logístico, es decir, los repuestos y equipos de apoyo para la operación, y la instrucción en el empleo y mantenimiento de los nuevos radares. De esta forma, todos los EVA pasarán a contar con el mismo tipo de radar, lo que supone un ahorro en los costes de operación y mantenimiento, además de la ya mencionada mejora de la capacidad de detección.

Ejercicio “Eagle Eye”

El funcionamiento de los escuadrones, junto con el resto del sistema de defensa aérea, es puesto a prueba de tres a cuatro veces al año por el Estado Mayor de la Defensa (Emad) en el ejercicio “Eagle Eye”.

El último de este tipo tuvo lugar a principios de este mes de febrero en la provincia de Málaga, con la participación de los EVA más próximos, ubicados en Motril y Alcalá de los Gazules, junto con otras unidades responsables de la defensa aérea como los cazas F-18, las fragatas F-110 o los sistemas de misiles Nasams, Hawk y Mistral del Ejército de Tierra.