Iturgaiz contará con Aznar, San Gil y Mayor Oreja para su campaña

De cara a la cita del 5-A, Génova dirige su estrategia a frenar que Vox confirme su empuje y entre también en el Parlamento vasco

Vox es el gran «elefante blanco» al que tiene que enfrentarse el PP en las próximas citas electorales. La comparación con los resultados que este partido consiguió en las anteriores autonómicas vascas, gallegas o hasta catalanas no es significativa porque el partido de Santiago Abascal consiguió su irrupción significativa en el panorama político a partir de las elecciones autonómicas y municipales de 2019. Por eso en Génova se miran en los resultados de las elecciones generales de noviembre, como última referencia, y en este caso en el País Vasco, por ejemplo, Vox alcanzó el 2,43 por ciento de los votos y 28.659 papeletas, con un ligero crecimiento con respecto a los comicios de abril. En Galicia llegaron al 7,8 por ciento, y 114.000 votos. Las dinámicas de las elecciones generales no son iguales a las de unas autonómicas ni funciona igual la movilización del voto.

Con la crisis con el PP vasco aún sin apagar, Génova toma el control de la campaña vasca con una obsesión principal, frenar a Vox para evitar que irrumpa en el Parlamento regional. La suma con Ciudadanos tiene sus riesgos porque puede dejar espacio libre por la derecha y que Vox gane terreno, que, por pequeño que sea, siempre será a costa de las expectativas de Pablo Casado. En Galicia el PP que preside Alberto Núñez Feijóo también trabaja para contener la irrupción de Vox y dar la estocada final a Ciudadanos sin tener que mezclar sus siglas con las naranjas, pero su táctica para conseguir sus objetivos difiere notablemente del contenido y las formas de Génova. La realidad vasca y la gallega no son la misma, y en esto explican en Génova que tengan que mover las cartas de manera distinta.

De momento, el candidato a «lendakari», Carlos Iturgaiz, cuenta en su campaña con históricos referentes del PP vasco que habían quedado apartados durante el liderazgo de Alfonso Alonso, e incluso desde antes, desde que comenzó la etapa de Mariano Rajoy con el Congreso de 2008. Iturgaiz cuenta en su campaña con el ex ministro Jaime Mayor Oreja y con la ex presidenta del PP vasco María San Gil, además, por supuesto, de con el ex presidente del Gobierno José María Aznar. Acaba de aterrizar y aún no ha hablado con nadie, pero su intención es dejar espacio, si ellos quieren, a estos referentes de aquel PP que alcanzó sus mejores resultados históricos. Mayor Oreja y San Gil son los «padres» políticos de Santiago Abascal, crecido en las Nuevas Generaciones de los populares vascos.

«Quien quiera sacarme de la Xunta, que vote a Vox»
El candidato del PP gallego, Alberto Núñez Feijóo, lamentó ayer que Vox no conozca bien Galicia y se mostró convencido de que no vaya a tener representación: «Si quieren que Feijóo se vaya de la Xunta, voten a esa formación política». Feijóo saludó como positivo el acercamiento a Cs aunque afeó a los naranjas sus continuos vaivenes.

El perfil de Mayor Oreja y de San Gil es el perfil de Abascal, estuvieron juntos en la misma etapa en el partido y entonces representaron lo mismo. Sus mensajes siguen siendo, por tanto, muy coincidentes dentro de este debate ya casi eterno en el que se mueve el PP prácticamente desde que Aznar abandonó el liderazgo de su formación. Todos ellos son «ala dura» frente al «ala moderada» que representaba Alonso y con la que se sigue identificando a la mayoría de la estructura regional. El PP vasco lleva años intentado buscar su identidad tras el fin de ETA y ajustarse a la nueva realidad, con caídas repetidas de liderazgos por no acompañar los resultados. Ya Antonio Basagoiti representó esta apuesta por la «moderación», que en la clave vasca no implica, siempre han subrayado en el partido, renunciar a las esencias de la doctrina del PP en el posicionamiento contra el nacionalismo y contra el terrorismo.

Ayer el presidente de la Xunta y candidato a las elecciones de abril siguió marcando su propia hoja de ruta y en un desayuno informativo en Madrid, en el Fórum Europa, insistió en marcar distancias con las siglas de Abascal. Él levanta un muro a Vox frente al intento de abrazo con el que juegan en otras instancias de la dirección del partido. Feijóo advirtió de que Vox no conseguirá representación parlamentaria en Galicia, como tampoco la tiene en la actualidad, y que los votos que vayan a este partido pueden conseguir que «yo no sea el presidente de la Xunta». El candidato gallego también se distanció de Ciudadanos, el partido coaligado al PP vasco para la próxima cita electoral. De ellos, dijo que «cambian de opinión demasiadas veces y fueron el germen de la moción de censura contra Mariano Rajoy».

Feijóo sí evito echar leña en la crisis entre el PP vasco y el nacional. Aunque a nadie se le escapa que las elecciones del 5 de abril serán un examen para la alianza con Cs impuesta por Madrid en el País Vasco y para su apuesta personal por concurrir en solitario y decidir con autonomía la estrategia y la campaña electoral en Galicia. Feijóo sólo precisó ayer que «lamentaba profundamente la marcha de la política de Alfonso Alonso». La crisis del PP vasco se lee internamente en clave del pulso de Casado y Feijóo. Y en ese pulso, una nueva mayoría absoluta de los populares gallegos sería una victoria de Feijóo y un toque de atención para la estrategia de Génova.