Sánchez ata el aval a las cuentas

«Fórmulas imaginativas». El Gobierno mantiene viva la negociación con reuniones mensuales de la mesa para garantizarse la aprobación de los Presupuestos y promete «más democracia» para Cataluña

«Sit and Talk» («Siéntate y habla») es el lema que el Tsunami Democràtic ha cacareado en todas sus movilizaciones, incluso las más violentas tras conocerse la sentencia del juicio del «procés». El Gobierno de Pedro Sánchez desactivó ayer esta exigencia con la mesa de diálogo «entre gobiernos» y dejó al separatismo sin el argumento de que el Estado da la espalda a sus demandas. Que la foto en Moncloa se produjera y vaya a repetirse mensualmente supone en sí mismo el principal rédito que ambas partes obtienen de una cita, de la que ninguna de ellas esperaba resultados en el corto plazo. El clima «fue muy bueno» y se «superaron la expectativas de una primera reunión», según el Ejecutivo central.

Se mantiene vivo el vínculo, lo que les permite ganar tiempo a todos los interlocutores. Cada uno a su manera y bajo sus necesidades, pero sin levantarse de la mesa. El Gobierno coge oxígeno y ata la aprobación hoy del techo de gasto y la senda de estabilidad como paso previo para conseguir el aval a los Presupuestos Generales del Estado, conceptuados como una suerte de salvoconducto para sobrevivir hasta 2023. En Moncloa consideran que las cuentas son imprescindibles, aunque solo sea de manera «instrumental», para dar cauce a los acuerdos que se puedan cerrar en estas reuniones. El independentismo, por su parte, gana tiempo de cara a una convocatoria electoral que todavía se dilatará en el tiempo y a la que ERC tiene que concurrir, como cartel, con los frutos que dé la negociación con el Estado.

Ambas partes acordaron dar periodicidad a sus encuentros: una vez al mes con una delegación más descafeinada en la que no estarán ni presidentes ni vicepresidentes y cada seis meses con la plana mayor, presidida por Sánchez y Torra. Se producirán alternativamente en las sedes de los gobiernos en Madrid y Barcelona. Lo plasmaron en un comunicado conjunto en el que también se muestra su disposición a llegar a acuerdos, siempre dentro de la «seguridad jurídica», y para los que el Gobierno se compromete a buscar «fórmulas imaginativas» que «trasciendan las respuestas tradicionales» a las exigencias de Cataluña. Fuentes gubernamentales aseguran que este esfuerzo de imaginación obedecería a la «capacidad de dotarles de más democracia», un eufemismo para referirse a dar más autogobierno o recuperar algunos aspectos del Estatut que tumbó el Constitucional, pero que con esas «etiquetas» son rechazados de entrada por la parte catalana.

El objetivo era que la reunión se produjera y que lo hiciera en un clima de normalidad. Durante más de tres horas ambas delegaciones estuvieron reunidas y lo amplio del cónclave se anticipaba por la parte soberanista antes, incluso, de su inicio. La predisposición era positiva. “Lo importante es que se celebre. Es casi un milagro viniendo de dónde venimos”, aseguraban a este diario desde la parte socialista. Sin orden del día prefijado, el Gobierno central intentó avanzar en aquellos aspectos cuyo abordaje era más factible por la proximidad de los postulados, unas cuestiones sectoriales que la Generalitat emplazó a tratar en la comisión bilateral que se pondrá en marcha de manera inminente. Sin embargo, el Gobierno asegura que cuestiones como la inversión o la financiación seguirán en la mesa de diálogo.

Desde la parte soberanista se volvió a insistir en la necesidad de un referéndum de autodeterminación y la amnistía de los presos del «procés», dos aspectos que cuentan con el rechazo frontal del Ejecutivo como así se volvió a poner de relieve. «En esto no vamos a ceder», aseguran en Moncloa, después de que Torra dijera que estas cuestiones habían quedado sin respuesta. «Ellos saben lo que pensamos, pero han expuesto sus ideas», aseguran fuentes de la reunión, que consideran que el discurso ambiguo que se exhibe públicamente por el president obedece a un interés electoral.

JxCat tiene la intención de alargar la legislatura para tener margen suficiente para reordenar todo su espacio político y preparar una lista electoral de garantías –algunos sectores apuestan abiertamente por el 4 de octubre+. Con la aprobación de los presupuestos prevista para el 18 de marzo y los meses de julio y agosto prácticamente inhabilitados para las urnas, los neoconvergentes se pueden acoger a la mesa de negociación como coartada para conseguir alejar las elecciones: en este sentido, Torra acudía con la intención de fijar un horizonte de negociación –un calendario de trabajo– que dé tiempo al partido de Puigdemont. Sin embargo, se vio a un presidente de la Generalitat que asumió las tesis más prágmaticas de ERC, aunque advirtió de que en las próximas citas tiene la intención de negociar la autodeterminación y la amnistía.