La guerra Calvo-Montero ante el 8-M: “Es la niña de Igualdad”

Reúnen de urgencia y por sorpresa al comité de crisis que arbitra la coalición, tras los ataques y polémicas de esta semana y se comprometen en el futuro a mantener el «respeto muto» y un «diálogo constante»

Otra semana «horribilis» para Moncloa. El Gobierno vive en una convulsión constante desde que llegara al poder hace menos de dos meses, pero esta vez, la convulsión es interna. Los ataques no proceden de la oposición, sino de su socio de coalición y, en esta ocasión, el mutismo que acompañaba a otras polémicas, como el «Delcygate» o el nombramiento de Dolores Delgado como Fiscal General del Estado, ha saltado por los aires. Desde el sector socialista no se oculta el malestar y se asegura que «se han cruzado algunos límites», en alusión a los ataques públicos lanzados contra el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, a quien se ha acusado de «machista frustrado» o de querer arreglar como un «machote» la ley del «solo sí es sí» de Igualdad. Estas fuentes aseguran que el anteproyecto del ministerio de Irene Montero era una «chapuza» y que la intervención a tiempo de Justicia y de la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, no solo facilitó que saliera en la fecha prevista –antes de la celebración del 8 de marzo– sino que, además, evitó que lo hiciera con errores de bulto. «Mejor corregirla en Moncloa a que nos la corrijan en los tribunales», aseguran, advirtiendo de que tradicionalmente la derecha ha recurrido sistemáticamente cualquier ley de corte social presentada por las fuerzas progresistas.

En cualquier caso, otras fuentes consultadas por LA RAZÓN relativizan el impacto interno de la crisis y, aunque reconocen que ha puesto de manifiesto «que la coordinación es mejorable» no creen que vaya a pasar factura en el medio plazo. «Ambos partidos se necesitan para mantenerse en el poder, sencillamente no les interesa romper», aseguran. Para limar las discrepancias, Moncloa reunió ayer de urgencia y por sorpresa la comisión de seguimiento de la coalición. Tras el cónclave, que estaba previsto para la próxima semana, se hizo hincapié en que en el futuro se consolidará una «nueva cultura de coalición» basada en el «respeto mutuo», el «trabajo conjunto» y el «diálogo constante» como la mejor forma de «fortalecer» el Gobierno y la «colaboración» entre ambos partidos. La intervención de los líderes de PSOE y Unidas Podemos ha resultado providencial en la crisis. La relación que se han cultivado, así como la «lealtad» que han forjado han sido claves para evitar que la situación se complicara todavía más.

Aunque cuando se firmó la coalición ya se advertía de que los problemas en materia de comunicación y coordinación serían uno de los frentes que habría que cubrir con especial atención, no se esperaba que las costuras se tensioran tan pronto. «Van por libre», se quejaban desde el PSOE cuando Moncloa tuvo que salir con un comunicado a desautorizar a la ministra de Trabajo, la morada Yolanda Díaz, por haber publicado una guía de actuación en el ámbito laboral ante el coronavirus. «Es Sanidad quien marca la pauta», puntualizaron desde la Secretaría de Estado de Comunicación primero y desde todos los ministerios socialistas después. Los incumplimientos del protocolo de convivencia que firmaron PSOE y Podemos se acumulan, hasta seis de los 20 puntos del acuerdo se han transgredido en cuestiones que atañen a la unidad de acción parlamentaria o la discreción debida, con un juego sucio de filtraciones cruzadas en las que se buscaba perjudicar al socio de coalición.

Desde Podemos se pone el foco de manera unívoca en Carmen Calvo y se señala a la vicepresidenta primera como la «única» en el Gobierno que trató de «torpedear» que la ley de Libertad Sexual estuviera lista el 8-M. Desde el sector socialista, en cambio, se defiende que si está aprobada ya es por su intervención. Las reticencias respecto a Calvo vienen de atrás, de la propia negociación de la coalición que se llevo a cabo en julio y septiembre con escaso éxito. Entonces, la cartera de Igualdad también estuvo sobre la mesa y, desde Podemos se acusó al PSOE de no querer el acuerdo. Prueba de ello es que tras el 10-N cuando se registró un pacto en apenas 24 horas, Calvo no estaba al frente de las negociaciones. Ahora, los morados deslizan que la vicepresidenta «ha quedado debilitada ante Sánchez», pero lo cierto es que es uno de los pilares sobre los que el presidente sustenta su trabajo al frente del Ejecutivo. Aseguran, además, que Calvo va a por Irene Montero porque no entiende que la cartera haya recaído en ella y que la llama «la niña de Igualdad».

Marcar perfil propio

Los socialistas creen que tras permanecer impasibles ante trágalas como el nombramiento de Dolores Delgado como Fiscal General; el mantenimiento de Tezanos al frente del CIS; el estallido del «Delcygate» o avenirse a aplaudir al Rey; la facción morada del Ejecutivo ha querido alzar la voz para «marcar perfil propio» y no quedar engullida por la coalición. Por su parte, desde Podemos aseguran que han peleado la ley del solo «sí es sí» porque Sánchez aseguró en enero en Consejo de Ministros que iría antes del 8 de marzo y que ésta se cerró en el retiro que todo el Gobierno compartió en Quintos de Mora a principios de febrero.

En todo caso, desde ambas patas de la coalición se asegura que el futuro de la alianza no está comprometido por estas semanas de tiranteces. Las discrepancias de fondo se ubican en cuestiones como la ley educativa, en lo relativo al mantenimiento de las subvenciones a los centros que segregan por sexo; en el caso de José Couso, tras recurrir el Gobierno la condena al Estado por la muerte del cámara de Telecinco o la comisión de investigación en el Congreso al Rey emérito Juan Carlos I. Podemos también se ha subido al carro y ha presentado su propia iniciativa en este sentido, aunque aseguran que se advirtió con anterioridad al PSOE, que considera que no hay caso porque era inviolable.